Canarias recibe 28 bebés en agosto de madres que renuncian a ellos

Moisés Rodríguez Gutiérrez

[Img #40837]Me quedé muy perplejo cuando leí el titular. Lo primero que pensé fue: ¿esto es posible? ¿28 bebés recién nacidos entregados en guarda en Canarias después de que sus madres renunciaran a hacerse cargo de ellos? Tuve que volver a leerlo porque una cifra así no puede dejarte indiferente, sobre todo cuando detrás de ella hay bebés que acaban de llegar al mundo y que ya empiezan su vida de una manera que ninguno de nosotros desearía para un niño.

 

Hay noticias que leemos, comentamos durante unos minutos y seguimos con nuestra vida. Otras deberían hacernos parar un momento y pensar. Esta es una de ellas, porque más allá de la cifra hay 28 historias diferentes, 28 situaciones que seguramente no tienen nada que ver unas con otras y, sobre todo, 28 vidas que desde sus primeros días tendrán que recorrer un camino diferente al que todos imaginamos cuando pensamos en el nacimiento de un niño.

 

Lo fácil sería quedarse con el dato y preguntarse cómo una madre puede renunciar a su propio hijo, pero creo que la pregunta debería ser otra: ¿qué ha tenido que pasar para que una mujer llegue al momento de dar a luz y sienta que no puede hacerse cargo de su propio bebé? Puede haber pobreza, falta de recursos, problemas de vivienda, ausencia de una familia que ayude, violencia, soledad o muchas otras circunstancias que desde fuera nunca llegaremos a conocer. Cada historia será diferente y no podemos meterlas todas en el mismo saco, pero también creo que sería importante conocer cuáles son los motivos reales que hay detrás de estas renuncias, no por mera curiosidad, sino para saber dónde puede estar el problema y qué podemos hacer para evitar que vuelva a suceder.

 

Puede que entre esos casos también exista pura irresponsabilidad, decisiones tomadas sin pensar en las consecuencias o situaciones en las que no haya detrás una gran historia de vulnerabilidad, también puede ocurrir y no creo que debamos tener miedo a decirlo. Comprender una situación no significa justificarlo todo, pero juzgar a alguien sin conocer lo que ha vivido tampoco parece justo.

 

Lo que sí está claro es que esos bebés no tienen ninguna culpa. Ellos no han elegido nada de lo que está pasando a su alrededor y ahora comienza para ellos otro camino, uno que tendrán que recorrer mientras los adultos decidimos cuál es la mejor solución para cada caso. Algunos podrán terminar formando parte de una familia adoptiva, pero hasta llegar ahí puede quedar un camino más o menos largo y, mientras tanto, necesitan algo tan básico como unos brazos que los cuiden, alguien que los proteja y un entorno estable donde crecer.

 

Aquí es donde me surge otra pregunta: ¿qué será de esos niños dentro de unos meses, dentro de un año, dentro de cinco? Porque lo que para un adulto puede ser un expediente, un trámite o un procedimiento administrativo, para un bebé es su vida. Son sus primeros días, sus primeros meses, el momento en el que necesita sentirse seguro, querido y protegido.

 

Que en pleno siglo XXI siga pasando esto deja claro que algo está fallando. No podemos esperar a que el problema llegue al hospital para empezar a actuar. Hay que intentar llegar antes, conocer las situaciones complicadas durante el embarazo y poner ayuda sobre la mesa cuando todavía estamos a tiempo de hacer algo.

 

Canarias debería tener un sistema de acompañamiento mucho más cercano para las mujeres embarazadas que atraviesan situaciones difíciles, que permita detectar esos problemas antes del parto y ofrecer alternativas reales. No se trata de obligar a nadie a ser madre, sino de que ninguna mujer tenga que tomar una decisión tan importante porque siente que no tiene otra salida.

 

Después, cuando la renuncia ya se ha producido, también hay que actuar rápido. Estos niños no pueden convertirse en un número más dentro de un expediente mientras los adultos decidimos qué hacer con sus vidas. Cada día cuenta cuando hablamos de un bebé y esos primeros meses no vuelven.

 

Por eso, cuando volvamos a encontrarnos con una noticia como esta, estaría bien recordar que no estamos hablando solamente de una cifra. Estamos hablando de vidas que acaban de empezar, de historias que todavía están por escribir y de niños que no han elegido las circunstancias en las que han nacido.

 

A las madres habrá que escucharlas, ayudarlas y, cuando corresponda, exigirles responsabilidad. A esos niños solo podemos pedirles una cosa: nada. Ellos ya han hecho bastante con llegar al mundo, ahora nos toca a los adultos hacer nuestra parte, llegar antes cuando todavía se puede ayudar y no llegar tarde cuando ya solo queda buscar una solución.

 

Moisés Rodríguez Gutiérrez

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