
Las luces de mi ciudad son como las de cualquier pueblo o villa que nos rodea. Sin embargo, el hecho de conocerlas le añade un grado de familiaridad que no apreciamos en otros sitios. Me imagino que lo mismo les pasa a ustedes, desconocidos lectores, con sus respectivos lugares.
Y las luces no solo iluminan el Mueso Gourié, sino que encienden las miradas más allá de lo que estamos dispuestos a enseñar. Por eso decimos lo que decimos: las luces de mi ciudad son otra cosa y alumbran espacios conocidos. Sentarse en plena Plaza de Arucas no es solo un hecho más, sino un símbolo que habla de personajes ya idos y que entronca con la historia local, la que de verdad se produce cada día y en cada momento.
Por eso las luces de mi ciudad son como son: iluminadoras que describen un modo de entender y pensar el territorio que habitamos.
Juan FERRERA GIL





























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