Gáldar: auditorio de la Cantera de Santiago: ¿preparado para su tercera campaña electoral?

Guayarmina Guanarteme

[Img #37008]Hay proyectos que se construyen con hormigón, acero y dinero público, y después están esos otros prodigios de la ingeniería política que se levantan exclusivamente con programas electorales. El Auditorio de la Cantera de Santiago pertenece, por ahora, a esta segunda categoría. No tiene escenario, tampoco butacas ni programación cultural, pero posee algo mucho más resistente al paso del tiempo: una extraordinaria capacidad para sobrevivir de elección en elección sin que la realidad tenga la descortesía de estropear una buena promesa.
 
La historia reciente comienza en 2019, cuando el actual grupo que gobierna el Ayuntamiento de Gáldar incluyó entre sus compromisos electorales la intención de «plantear la construcción de un auditorio en la antigua cantera de la Calle Santiago y Lomo IV». La propuesta tenía todos los ingredientes necesarios para resultar atractiva: recuperar un espacio singular, dotarlo de uso cultural y sumar al municipio una infraestructura diferente en un enclave con enormes posibilidades. Había cantera, había idea y había programa electoral. Solo faltaba ese pequeño detalle que suele complicar extraordinariamente las grandes promesas: convertirlas en realidad.
 
La legislatura 2019-2023 fue avanzando y el auditorio demostró una resistencia admirable a cualquier intento de materialización. Pasaron los años, los presupuestos, los anuncios, las fiestas, los proyectos y las correspondientes fotografías institucionales, mientras la cantera permanecía ajena a las prisas del calendario electoral. Aquello que en campaña había merecido un lugar entre las propuestas municipales fue envejeciendo con extraordinaria discreción, hasta que llegaron nuevamente las elecciones y ocurrió uno de esos pequeños milagros que permiten reconciliarse con la política: el auditorio seguía vivo.
 
En 2023 regresó al programa electoral, aunque había aprendido mucho durante sus primeros cuatro años de existencia sobre el papel. Ya no se trataba simplemente de «plantear» su construcción, porque aquello habría resultado demasiado parecido a reconocer que estábamos exactamente en el mismo punto. La nueva formulación fue bastante más sofisticada: «Continuaremos realizando las gestiones para poder llevar a cabo la construcción del auditorio ubicado en la antigua cantera de la Calle Santiago y Lomo IV».
 
La frase es magnífica y debería estudiarse en las facultades de Ciencias Políticas como ejemplo de cómo conseguir que una promesa avance gramaticalmente sin necesidad de desplazarse físicamente un solo centímetro. En 2019 se iba a plantear y en 2023 se iban a continuar realizando las gestiones para poder llevarla a cabo. El auditorio no había avanzado demasiado sobre el terreno, pero lingüísticamente había experimentado una transformación espectacular.
 
Ese «continuaremos», además, tiene una belleza especial, porque implica necesariamente que existió algo que continuar. Por eso sería interesante conocer qué gestiones concretas se realizaron durante aquellos cuatro primeros años y cuáles se han desarrollado durante la legislatura actual. Después de siete años no parece ninguna extravagancia preguntar si existe un proyecto, en qué situación administrativa se encuentra, qué financiación requiere, qué organismos están implicados, cuáles son los obstáculos que impiden ejecutarlo y qué horizonte temporal maneja el Ayuntamiento. Las gestiones tienen la incómoda costumbre de dejar expedientes, informes, solicitudes, reuniones, acuerdos o documentos detrás, de manera que explicar su recorrido debería resultar bastante sencillo.
 
Mientras llegan esas explicaciones, el calendario ha alcanzado 2026 y la Cantera de Santiago continúa demostrando una extraordinaria fidelidad a su estado original. El auditorio prometido en 2019 y nuevamente incorporado al programa de 2023 sigue sin convertirse en ese espacio cultural anunciado. Eso sí, como infraestructura imaginaria presenta unas prestaciones formidables: no consume electricidad, no requiere mantenimiento, no necesita personal, jamás presenta problemas de aforo y probablemente sea el único auditorio de Canarias cuya programación puede suspenderse durante siete años sin que nadie tenga que devolver el importe de una entrada.
 
La situación resulta especialmente llamativa en un municipio donde la comunicación institucional ha alcanzado niveles de precisión extraordinarios y prácticamente cualquier actuación pública encuentra rápidamente un hueco para su correspondiente anuncio. Gáldar vive rodeada de proyectos, presentaciones, visitas y fotografías capaces de convertir la administración cotidiana en una sucesión permanente de acontecimientos. Se anuncia lo que comienza, se fotografía lo que continúa y se celebra lo que termina, mientras determinados compromisos electorales parecen disfrutar de una existencia mucho más tranquila, alejados de los focos que tan bien iluminan otras actuaciones.
 
Precisamente por eso conviene regresar de vez en cuando a los programas electorales. Tienen la mala costumbre de conservar por escrito aquello que durante una campaña parecía urgente, necesario, ilusionante y perfectamente posible. Después llega el tiempo, ese desagradable enemigo de la propaganda, y permite comparar lo prometido con lo ejecutado. En el caso de la Cantera de Santiago, la comparación resulta particularmente sencilla porque tenemos dos elecciones municipales consecutivas y un mismo auditorio viajando cómodamente entre ambas.
 
En 2019 había que plantearlo y en 2023 había que continuar las gestiones. Ahora estamos en 2026 y empieza a surgir inevitablemente una pregunta que tiene bastante más fundamento que malicia: ¿estará preparándose el Auditorio de la Cantera de Santiago para afrontar su tercera campaña electoral consecutiva?
 
Porque 2027 se acerca y habrá que redactar un nuevo programa. Será entonces cuando descubramos el siguiente capítulo de esta apasionante evolución semántica. Después de «plantearemos» y «continuaremos realizando las gestiones para poder llevar a cabo», las posibilidades son prácticamente infinitas. Podría anunciarse que se seguirá impulsando la futura materialización del proyecto, que se avanzará en la búsqueda de fórmulas para su ejecución o que se trabajará en la definición de las actuaciones necesarias para hacer posible su desarrollo. Cualquiera serviría perfectamente para conceder otros cuatro años de esperanza a una infraestructura que, a falta de escenario, ya dispone de una magnífica colección de verbos.
 
Tampoco sería extraño que apareciera acompañada de una bonita recreación digital. Un escenario perfectamente iluminado, cientos de personas sentadas, vegetación estratégicamente colocada y un cielo azul imposible completarían la imagen de futuro. Las recreaciones tienen una ventaja extraordinaria sobre las obras: nunca sufren retrasos, no aparecen sobrecostes, jamás necesitan modificaciones. Con una buena perspectiva y un titular suficientemente entusiasta, hasta podría parecer que el auditorio está a punto de abrir sus puertas.
 
Pero antes de llegar a esa hipotética tercera campaña sería bastante saludable resolver algunas cuestiones menos fotogénicas. ¿Qué ocurrió con el compromiso de 2019? ¿Qué significaban exactamente las gestiones que se aseguraba que continuarían en 2023? ¿Qué se ha hecho desde entonces? ¿Existe actualmente un proyecto real para la Cantera de Santiago o seguimos hablando fundamentalmente de una aspiración política? ¿Hay financiación prevista y calendario de ejecución o volveremos a encontrarnos la misma propuesta convenientemente renovada cuando toque pedir nuevamente el voto?
 
Preguntar todo esto no supone cuestionar que un proyecto pueda sufrir dificultades. Las administraciones públicas tienen procedimientos complejos, existen problemas de financiación, competencias compartidas, informes técnicos y obstáculos que pueden retrasar durante años una actuación. Precisamente por eso existe la obligación política de explicarlo. Si el auditorio no se ha podido construir, habrá razones; si continúa siendo una prioridad, deberá existir algún camino para ejecutarlo; y si ha dejado de serlo, quizá corresponda reconocerlo antes que volver a rescatarlo cuando regresen las urnas.
 
Porque una promesa incumplida puede tener una explicación, dos programas electorales consecutivos requieren ya algunas respuestas y una eventual tercera aparición empezaría a parecerse peligrosamente a una tradición.
Quizá dentro de unos meses descubramos que esta vez sí existen avances capaces de convertir tantos años de palabras en una actuación tangible. Sería una excelente noticia para Gáldar y, especialmente, para quienes llevan desde 2019 leyendo sobre el futuro auditorio. Pero si en 2027 vuelve a aparecer entre grandes titulares aquello que ya se presentó en 2019 y volvió a prometerse mediante «gestiones» en 2023, al menos habrá que reconocerle al proyecto una virtud indiscutible: pocas infraestructuras municipales pueden presumir de haber tenido una carrera electoral tan larga sin haber tenido todavía una sola butaca.
 
A este ritmo, el día que finalmente se construya el Auditorio de la Cantera de Santiago quizá lo verdaderamente novedoso no sea inaugurarlo.
 
Será dejar de prometerlo.
 
Guayarmina Guanarteme
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