
Agüimes vuelve cada año a encontrarse con una parte de su pasado a través de la Subida del Millo, una celebración que recupera aquella antigua relación entre el campo, el molino y el alimento que durante generaciones estuvo presente en las casas canarias. Las calles del casco histórico se convierten durante unas horas en aquel camino que hacían las familias para llevar el millo hasta los molinos y convertirlo después en gofio.
La historia de esta celebración está ligada a la importancia que tuvo el cultivo del millo en la agricultura de Agüimes. Antes de convertirse en una fiesta, llevar el millo al molino era una tarea más dentro de la vida de las familias. Detrás de aquellas piñas había meses de trabajo en el campo, desde la siembra hasta la recogida, y después quedaba todavía el camino hasta el molino. El objetivo era claro: transformar aquel grano en gofio, uno de los alimentos que mejor representa la alimentación tradicional de Canarias.
Con el paso del tiempo, aquella realidad fue desapareciendo y el trabajo agrícola dejó de formar parte de la vida cotidiana de buena parte de la población. La Subida del Millo recupera esa memoria y la convierte en una celebración que mantiene vivos algunos de aquellos gestos y costumbres.
La jornada comienza en la plaza del Rosario, donde se preparan las piñas de millo antes de emprender el recorrido hacia los molinos de Lolita y Ananías. La participación de vecinos, grupos y visitantes, muchos de ellos vestidos con indumentaria tradicional, aporta a la celebración una imagen muy vinculada al mundo rural de Gran Canaria. El camino se hace acompañado de música y parrandas, porque también alrededor de las tareas del campo existía una forma de compartir, cantar y hacer comunidad.
Al llegar a los molinos aparecen otros de los elementos que caracterizan esta jornada. La descamisada y el desgrane del millo, el asadero de piñas, el cochafisco y los juegos tradicionales ayudan a recrear una parte de aquellas antiguas faenas. No son simplemente actividades colocadas dentro de un programa festivo. Cada una tiene relación con el aprovechamiento del millo y con una manera de vivir en la que se intentaba sacar el máximo partido a lo que ofrecía la tierra.
El cochafisco tiene también ese componente de memoria gastronómica. El millo tostado, acompañado de otros productos de nuestra cocina tradicional, nos lleva a una época en la que muchas de estas elaboraciones formaban parte de la alimentación habitual y no de una jornada destinada a recuperar costumbres del pasado.
La Subida del Millo tiene además continuidad en otra de las grandes celebraciones de las fiestas del Rosario: la Traída del Gofio y el Agua. Primero se lleva el millo hasta el molino y después llega el momento de recuperar el gofio. Es un recorrido que permite entender mejor el sentido de ambas fiestas, porque detrás de ellas existe una misma historia: la del campo que alimentaba a las familias y la de los molinos que transformaban sus cosechas.
El folclore ocupa en todo este recorrido un lugar natural. Las parrandas, los cantos, los instrumentos y la vestimenta tradicional no aparecen como un simple adorno, sino formando parte de una recreación que intenta recuperar el ambiente de una sociedad donde la música estaba presente también fuera de los escenarios.
La Subida del Millo alcanza ya más de veinte ediciones y se ha convertido en una de esas citas que identifican las fiestas del Rosario. Su valor está precisamente en que permite que distintas generaciones se encuentren alrededor de una misma tradición. Los mayores pueden reconocer parte de aquel mundo que conocieron y los más jóvenes acercarse a unas tareas que hoy les resultan lejanas.
Conservar una tradición no consiste únicamente en repetirla cada año. También consiste en explicar de dónde viene, qué significaba y quiénes fueron los que la hicieron posible. De poco serviría llevar el millo hasta el molino si olvidáramos la historia de quienes antes tuvieron que sembrarlo, recogerlo y cargarlo por aquellos caminos.
Por eso la Subida del Millo sigue teniendo sentido. Mientras las piñas vuelvan a caminar hacia los molinos, mientras las parrandas acompañen el recorrido y mientras el olor del millo asado vuelva a formar parte de las fiestas, Agüimes seguirá recordando que antes de ser tradición, aquello fue vida.
Quizá esa sea la mejor manera de mantenerla viva: no limitarse a representar el pasado, sino recordar por qué nuestros mayores lo vivieron.
Bibliografía
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Ayuntamiento de Agüimes. Información y documentación sobre la Subida del Millo y las Fiestas del Rosario de Agüimes.
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Ayuntamiento de Agüimes. Programación de las Fiestas del Rosario y actividades tradicionales vinculadas a la celebración.
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Gobierno de Canarias. Wiki de contenidos educativos: Fiestas del Rosario de Agüimes.
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BienMeSabe. Documentación y artículos sobre la Subida del Millo de Agüimes y las tradiciones agrícolas de Gran Canaria.
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Fuentes de tradición oral y memoria popular de Agüimes, relacionadas con las antiguas labores agrícolas, los molinos, el millo y la elaboración del gofio.






























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