
Lo recuerdo. Lo recuerdo muy bien. Mis palabras fueron inocentes; pero la burla, aunque inocente, llevaba consigo una huella de maldad y otra de ignorancia. No obstante, algo aprendí de aquello. Aprendí a mantener la boca sellada.
Y ahora que callo, la necesidad de decir se ha vuelto grito; un grito encarcelado en mi garganta. Un grito que ha ido creciendo con el paso del tiempo. ¡Hace tanto que no hablo! Hay amigos que me preguntan el porqué de mi silencio cuando antes no cesaba de hablar. Miro y nada digo. Se me humedecen los ojos. Piensan que una pena o melancolía me han conducido al silencio. Y no es así: padezco un carcinoma epidermoide de glotis.
Lucas Mellado































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