![[Img #37008]](https://infonortedigital.com/upload/images/02_2026/9821_7977_6081_guayarmina.jpg)
Hay políticos que gobiernan un Ayuntamiento y hay políticos que, después de demasiados años gobernándolo, empiezan a comportarse como si el Ayuntamiento fuera una prolongación natural de sí mismos. El despacho parece suyo, el balcón parece suyo, la institución parece suya y, por lo visto, hasta la azotea termina convertida en escenario disponible para las necesidades políticas del momento.
Eso es precisamente lo preocupante de lo ocurrido en Gáldar. El alcalde aparece desde la azotea del Ayuntamiento para hablar no de Gáldar, ni de una gestión municipal, ni de un servicio público, sino de Primero Canarias —PRICA, para entendernos— y de la expansión política de su organización en Santa Lucía de Tirajana. El partido necesitaba anunciarse y alguien debió pensar que nada representaba mejor esa nueva aventura política que hacerlo con el patrimonio institucional de todos sirviendo de decorado.
Ahí está el verdadero problema, porque cuando se lleva demasiado tiempo confundiendo mayoría absoluta con propiedad absoluta las fronteras empiezan a borrarse. Una cosa es ser alcalde y otra muy distinta comportarse como si el Ayuntamiento viniera incorporado al cargo. Las llaves de la Alcaldía se entregan temporalmente y, por muchos años que uno lleve guardándolas en el bolsillo, en ninguna toma de posesión viene incluida la escritura de propiedad del edificio.
PRICA se presenta como una organización que nace desde los municipios y presume de extender su proyecto por Gran Canaria. Está en su derecho. Lo curioso es que para vender semejante expansión haya que subirse precisamente a la azotea de una institución pública. Con tanta organización, tanta estructura, tanta asamblea y tanta proclamación municipalista, sorprende que no aparezca una sede, un local, una pared o una esquina del partido desde la que anunciar sus propios actos. Al final tendremos que actualizar el inventario municipal e incluir, junto a las oficinas administrativas y el salón de plenos, un plató de propaganda de PRICA con vistas privilegiadas a Gáldar.
Lo verdaderamente grave no es la altura desde la que se graba, sino la naturalidad con la que parece haberse difuminado la frontera entre el alcalde y el dirigente de partido. Cuando habla institucionalmente representa a toda la ciudadanía, incluida la que jamás lo ha votado y la que nunca votaría a Primero Canarias. Cuando promociona PRICA representa exclusivamente a su organización política. La diferencia debería resultar elemental, pero después de tantos años de poder quizá hasta lo elemental necesite un manual de instrucciones.
Por eso convendría conocer quién autorizó la utilización de ese espacio para una grabación partidista, en qué condiciones se realizó y si intervino algún medio o recurso municipal. También sería interesante saber si ese mismo derecho está disponible para las demás organizaciones políticas, porque si mañana cualquier partido desea subir a la azotea del Ayuntamiento para anunciar desde allí una reunión, una candidatura o la apertura de una agrupación en otro municipio, habrá que suponer que encontrará exactamente las mismas facilidades. Si el espacio público puede utilizarse para propaganda partidista, debería poder hacerse en igualdad de condiciones; y si no puede utilizarse, entonces alguien tendrá que explicar por qué el partido del alcalde parece haber encontrado una puerta que los demás ni siquiera sabían que existía.
Mientras tanto, la oposición podría abandonar durante unos minutos su extraordinaria interpretación colectiva del mobiliario municipal y preguntar qué está ocurriendo. Para permanecer sentados contemplando cómo se mezclan institución, cargo y propaganda no hacen falta tantos representantes públicos; unas cuantas macetas bien colocadas en el salón de plenos ocuparían aproximadamente el mismo espacio, exigirían menos explicaciones y, con un poco de suerte, hasta mejorarían la decoración.
Lo más divertido es que todo esto se envuelva después en el celofán de la renovación y la nueva política municipalista. La renovación debe de haber cambiado mucho de significado, porque ahora consiste en dirigentes con décadas de recorrido institucional presentándose como novedad mientras conservan las mismas maneras de relacionarse con el poder. Se cambia el nombre, se estrena logotipo, se multiplican las presentaciones y se habla de ilusión, futuro y cercanía, pero las llaves de los edificios públicos siguen resultando extraordinariamente útiles para fabricar la escenografía.
Primero Canarias tiene todo el derecho a crecer, organizarse, presentar candidaturas y recorrer Gran Canaria buscando apoyos. Precisamente por eso debería comportarse como lo que es: un partido político. Que utilice sus espacios, sus recursos y sus medios para promocionarse, porque el Ayuntamiento de Gáldar no es una extensión inmobiliaria de PRICA ni una sucursal audiovisual que pueda incorporarse al despliegue territorial de la organización cada vez que haga falta un fondo bonito para un vídeo.
Gáldar pertenece a sus vecinos y vecinas, también a quienes no votan al alcalde, a quienes discrepan de él y a quienes consideran que Primero Canarias no representa absolutamente nada de lo que desean políticamente. El Ayuntamiento es precisamente la expresión institucional de esa pluralidad y por eso resulta tan importante no confundirlo con la organización que circunstancialmente gobierna dentro. Ganar elecciones concede la responsabilidad de administrar la institución durante un periodo determinado; no concede derechos de propiedad simbólica sobre sus paredes, sus balcones, sus salones ni sus azoteas.
El alcalde está de paso, aunque tantos años de mayorías puedan hacer que esa idea resulte difícil de recordar. El Ayuntamiento estaba antes y seguirá después. Sus paredes no tienen carné, la piedra de su fachada no pertenece a ningún partido y desde su azotea se contempla un municipio que tampoco forma parte del patrimonio político de nadie. Esa debería ser una obviedad, pero las obviedades empiezan a ser necesarias cuando el poder permanece tanto tiempo en las mismas manos que algunos terminan confundiendo costumbre con derecho adquirido.
PRICA puede continuar recorriendo Canarias, presentando agrupaciones y vendiendo toda la renovación política que considere conveniente, pero quizá antes de impartir lecciones de municipalismo por otras localidades debería recordar una bastante sencilla en la propia casa: el Ayuntamiento es la casa de todos precisamente porque nunca puede convertirse en la casa política de quien lo gobierna.
Porque ese es finalmente el problema que deja esta escena. No que un alcalde haya subido a una azotea, sino que después de tantos años en el poder pueda llegar a parecer perfectamente normal utilizar la azotea del Ayuntamiento como escenario de la propaganda de su partido. Y cuando esa confusión empieza a contemplarse con naturalidad, ya no estamos hablando solamente de un vídeo desafortunado, sino de una manera de entender el poder en la que la institución corre el riesgo de convertirse poco a poco en parte del paisaje personal del gobernante.
Quizá por eso la imagen resulte tan apropiada: un alcalde en lo alto del Ayuntamiento hablando de la expansión de su partido mientras Gáldar queda debajo. No hace falta añadirle demasiada metáfora. Después de tantos años subiendo peldaños, el verdadero peligro no es llegar a la azotea, sino acostumbrarse tanto a contemplar el municipio desde arriba que uno termine olvidando que está pisando un edificio que jamás ha sido suyo.
Guayarmina Guanarteme
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