De cuando el ser humano cacarea, rebuzna, tira pal risco...
![[Img #43777]](https://infonortedigital.com/upload/images/09_2026/1487_perro.jpg)
No podrá usted negarme, estimado lector, que si a las 4h–9’–25,32” se ojea un concreto titular, uno puede desestabilizarse sensitivamente. Así me sucedió el pasado sábado cuando leí la portada de Diario de Avisos: “Canarias, capital mundial de los papagayos”.
Consecuentemente, todo se revoluciona a pesar de la inicial relajación físico-mental tras la prostática micción, deyección, evacuación o deposición del líquido urinario (la vulgar y espumosa meada, el infantil pipí / pis): el impacto emocional acaso afloje verguillas y tornillos de variadas prótesis y desestabilice los ritmos cardíacos, tan acompasados e incluso provocativamente relajientos al inicio, ¡ditoseadiós!
Impresionado, continué la lectura: “El IX Congreso Internacional sobre Papagayos en Tenerife ha reunido a ochocientos especialistas [¡ños!] de 57 países”. Lo cual me plantea: dada la estrechísima identificación fónica entre el animalito y otro llamado ser humano, ¿hay tantos individuos semejantes a tal ave como para que en la Isla se internacionalice la locución “Hablar como un papagayo”? Pero hay más: la convención cuenta con directos apoyos de organismos regionales canarios, rigurosa gradación ascendente: Ayuntamiento del Puerto de la Cruz (Tenerife), Cabildo Insular tinerfeño, Gobierno de Canarias.
Es decir, se considera importante para los intereses isleños a pesar de la casual coincidencia con las prevísperas electorales y, por ende, los sempiternos rostros de quienes siguen haciendo de la política (minúscula) su muy acomodada forma de vida, profesionalización actual que no exige -a la manera de la mar septiembrera- rebosos de razonamientos, prudencia, formación… Más: ni tan siquiera flexible desarrollo intelectual.
(Por cierto: las políticas educativas las definen los gobiernos. ¿A quiénes ponen al frente del Ministerio y las autonómicas consejerías de Educación? Nadie desde el poder se sorprende, por ejemplo, de que los jóvenes de hoy se atraganten con algo menos de cuatrocientas palabras de lectura, no precisamente las impresas en algún libro del Arcipreste de Hita -siglo XIV- o las escritas alrededor del año 1200, Poema de Mio Çid [De los sos oios tan fuertemientre llorando...] ¿Alguien asume el fracaso?)
Y fue minutos después de la primera lectura cuando descubrí mi error, ¡horror! Así, descifré unas líneas inicialmente borrosas que justifican y explican el Congreso Internacional… efectivamente sobre papagayos - papagayos: lo organiza un zoológico privado. Pero es tal su parecido físico y genético con guacamayos, loros, cacatúas, periquitos y cotorras que, incluso, pertenecen a la misma familia (psitaciformes). Además el español, nuestro idioma, los considera sinónimos o afines.
Y como cito a Tenerife, por razones personales (incluyo la garbanzada, costilla y piña, el vino nuevo norteño…) Nivaria me tira, jala por mí genética y sentimentalmente (hay por aquella geografía un barrio lagunero…). Y en su capital resido cuando me desplazo a la isla. No es de extrañar, pues, que conozca algunos rincones chicharreros como el Parque de La Granja, inteligente visión y ecologista obra de quienes tienen las ideas muy claras para beneficio de los ciudadanos: amplios espacios arbolados y cespeados, juegos infantiles, actividades deportivas… Así, por los testimonios arriba expuestos, lo visito con frecuencia.
Y allí las cotorras -como especie animal alada y ‘papagayo pequeño’ en académica definición diccionarial- deambulan a sus anchas, se hicieron dueñas de espacios aéreos y espesuras. Y chillan, gritan; y emiten sonidos interminables, “repetitivos, estridentes y bulliciosos” para comunicarse. De cuando en cuando muestran su regulación estomacal a través de defecaciones, evacuaciones o deposiciones (popularmente cagadas, cagaleras o correntías) también sobre humanos, ¡malaleche!
Tales animales del Congreso tinerfeño (sinónimos y afines incluidos) son capaces de imitar la voz humana. Y los hispanohablantes recurrimos a su condición de “habladores” para nominar, metafóricamente, a ciertos humanos muy interesados en destacar defectos o desajustes ajenos. En tal campo se encuentran personas charlatanas, habladoras, parlanchinas, lenguas serpentinas, viperinas o venenosas (en Gáldar y alrededores, “entremetías, lengüinas“) contra las cuales recibimos sugerencias de amigos, vecinos y sanitarios: “¡Cudiao con lo que hablas delante de Antoñita la de Miguelito el del cafetín, es una cotorra!”; “Pedrito es como los loros: ¡todiiiito lo repite en la barbería!”.
Lo cual, lector, me retrotrae al aula y devuelve a la memoria una figura no exclusivamente literaria llamada animalización, es decir, atribuye características animales a personas (nuestro “Pedrito” anterior, más loro que barbero). Permítame, pues, recuperar otro ejemplo, el de la cabra relacionada con personas algo dislocadillas ante ciertos comportamientos sociales -puritanos, eso sí-, quizás desarretadillas, ¡cosas de la iuventus-tis! Y es que, aparte de su condición natural de mamífero rumiante, la cabra oferta otras variantes como recurso en nuestra lengua. Así, se puede estar como una cabra cuando las neuronas no funcionan bien. O se le puede “cargar la cabra” (Bolivia, Chile...) a alguien aunque sea inocente. E incluso algunos adelantan la “pata de cabra” cuando entregan cierta cantidad a cuenta de algo.
Pero en Canarias también se usa la voz para, preferentemente, referirse a algunas jóvenas 'alocadas o casquivanas' (“¡Juventud, divino tesoro!”) que, como bien dice la canción popular, desenfrenan sus exterioridades (¡viva la libertad!): Yo tuve una cabra rusia, / me salió cascabelera. / Mal rayo parta a su madre / y a quien a mí me la vendiera. ¿Influencia latinomericana? Los doctores Corrales – Corbella (Tesoro léxico canario-americano) la documentan en Chile, Costa Rica, El Salvador y Puerto Rico, bien por significado próximo o relacionado. Y ya se sabe: “La cabra jala pal risco, / nunca pa la carretera”, tal se oye en Gran Canaria (“Cabraloca”).
Y la palabra marinera cabozo [kabóso] no está registrada en el Diccionario RAE, pero sí en el Básico de canarismos. Y el Tesoro léxico... la sitúa en la República Dominicana y Canarias (Lanzarote, Fuerteventura, La Palma) con significado de 'persona tonta, idiota’. Y están quienes no hablan, pero sí rebuznan; o quien les dice a tres compañeras en la guagua “Con esta calufa estoy como un toro”, y sonríe maliciosamente; otros son hormiguitas, muy previsores; a concretas edades juveniles algunos tarzanes se comportan como gallos quíqueres; ciertos empresarios son tiburones; tras una barriguita llena parecemos peces tamboriles… Y ya en plan filosófico, la sabia locución de Plauto: “El hombres es el lobo para el hombre”.
(Por cierto: dada la ubicación de las dos universidades canarias en el listado mundial de las mil mejores, ¿alguna vez el alumnado tomará pacíficamente las calles en defensa de sus y nuestros intereses? Los rectores “denuncian que [la financiación] se aleja del objetivo del 1% del PIB regional que marca la Ley Orgánica del Sistema Universitario para 2030”, ULL. Ochocientos especialistas en aves podrían traducirles al lenguaje sencillo tanto vacío cacareo y frívolas papagayadas provenientes de sectores poco o nada interesados en la calidad universitaria… oficial.)
Nicolás Guerra Aguiar
Miembro honorario de la Academia Canaria de la Lengua.
































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