
Si hay una tradición festiva en Gáldar, esa es, sin lugar a dudas, la de los Papagüevos de San Isidro. Muchos pensarán qué tienen que ver estos gigantes y cabezudos con la tradición, pues mucho, muchísimo. Por ello, en este artículo quiero acercarme a esta manifestación festiva, conocer sus orígenes, recordar cómo ha evolucionado y, sobre todo, poner en valor a quienes han conseguido que siga saliendo a la calle.
La inclusión de esta manifestación en Gáldar, según apunta el cronista oficial Juan Sebastián López García, tiene una primera referencia en las fiestas de Santiago, que sitúa en 1848. En aquella referencia aparece una amplia comitiva de manifestaciones festivas, pero hay una que llama especialmente la atención: las “danzas y zambras de los gigantes”. Un dato que permite comprobar que la presencia de estas figuras en las celebraciones galdenses no es algo reciente, sino que cuenta con una historia que se remonta muchos años atrás.
Siguiendo la línea de investigación del mencionado cronista, hay que resaltar también el aumento de los Papagüevos en las manifestaciones festivas de Gáldar, especialmente durante las últimas décadas del siglo XX. Otro dato resulta especialmente interesante para situar la celebración y conocer su evolución hasta nuestros días. Dentro del programa de las fiestas patronales de Gáldar de 1946, el 23 de julio, a las 19:00 horas, estaba prevista desde San Isidro la salida de la rama acompañada de Gigantes y Cabezudos, que recorrería parte de los barrios y la ciudad.
Los Papagüevos han estado históricamente muy vinculados al barrio de San Isidro y, especialmente, a sus fiestas patronales en honor a San Isidro Labrador, una celebración que se remonta al siglo XVII. Su presencia llegó a tener una gran relevancia dentro de los festejos, hasta el punto de que antiguamente los Papagüevos de San Isidro recorrían más de un kilómetro y llegaban hasta la Plaza de Santiago. Aquellos largos recorridos dieron lugar a la expresión popular, utilizada en tono jocoso, de “correr los Papagüevos” en lugar de “bailar los Papagüevos”.
La víspera de San Isidro, el 14 de mayo, constituía la principal salida de la comparsa, aunque las figuras también participaban en otros momentos de las fiestas, acompañando desfiles y celebraciones. Con el paso de los años, esta tradición terminó convirtiéndose en uno de los elementos más característicos de las fiestas de San Isidro y en una de esas manifestaciones de la cultura popular que, generación tras generación, han conseguido mantenerse en la memoria del barrio.
Según comenta Carlos Díaz, esta tradición llegó a Canarias de la mano de los españoles, ha sido muy bien acogida y es muy querida por muchos pueblos de las islas. Gran Canaria es la isla donde más se pueden encontrar estos amigos de gran estatura y llamativa cabeza, danzando por sus peculiares y propias fiestas.
Las fiestas de San Isidro Labrador presentan muchas cosas que las diferencian, desde los huevos duros, pasando por la feria de ganado, la romería-ofrenda que abre el periplo de romerías en la comarca norte de Gran Canaria y, por supuesto, los Papagüevos.
Originalmente, los pasacalles de los Papagüevos servían como anunciadores de la llegada del día grande de las fiestas en honor a San Isidro, la víspera del 14 de mayo. Los mediáticos Papagüevos recorrían muchos puntos de la geografía galdense, como Marmolejo, Majadilla, el casco de Gáldar, la subida de La Montaña, Barrial, El Roque y San Isidro.
A pesar de la falta de instrumentos musicales tradicionales, durante el recorrido sonaban tambores, calderos, bardes y latas, generando la ilusión de ver pasar a los grandes protagonistas: los Papagüevos. Esta forma de acompañarlos, que durante un tiempo había quedado prácticamente olvidada, se recuperó hace algunos años y hoy, en la víspera de San Isidro, entre la asociación vecinal y El Roque, vuelve a escucharse aquel sonido de antaño. Una vez en El Roque, las charangas ponen música al resto del recorrido.
Los Papagüevos de San Isidro también han cambiado con el paso del tiempo. Las primeras figuras se elaboraban con materiales más sencillos y aquellas cabezas originales ya no se conservan, aunque su recuerdo continúa presente entre quienes conocieron a personajes como el Papagüevo de la Pelota, la Vieja o los Zorros, figuras que forman parte de la memoria festiva del barrio.
Durante una época fueron cinco los que se encargaron de recorrer las calles: Blancanieves, la Reina, el Príncipe, el Enanito con gafas y el Enanito con barba torcida. A estos cinco había que sumar otros dos, el Flaco y el Gordo, que durante algunos años permanecieron apartados y sin salir a bailar porque se encontraban estropeados.
Del Gordo, además, puedo dar fe de que hace honor a su nombre. No sé si será por la forma que tiene o por los materiales con los que está hecho, pero lo cierto es que pesa lo suyo. Cuando digo que pesa, es que pesa de verdad. Quienes alguna vez hayan tenido que cargarlo sabrán perfectamente de qué estoy hablando.
Con el paso de los años se fueron recuperando estas figuras y los Papagüevos volvieron a ganar presencia en las fiestas. Las distintas restauraciones también han permitido mejorar su estado de conservación y devolverles parte del protagonismo que habían tenido en otros tiempos. Sin buscarlo ni pretenderlo, han terminado convirtiéndose en unos personajes especialmente queridos, capaces de despertar recuerdos entre quienes los conocieron de pequeños y de sorprender a quienes los descubren ahora.
Su popularidad ha ido incluso más allá de San Isidro. Los Papagüevos han participado en pasacalles, desfiles y encuentros en San Lorenzo, Guanarteme, Las Palmas de Gran Canaria, el casco de Gáldar, Hoya de Pineda, Barrial, Sardina de Gáldar, La Enconada, Triana y Vegueta en la capital grancanaria, Agüimes y, recientemente, en las fiestas mayores de Gran Canaria en Teror, en honor a la Virgen del Pino. Con cada salida han llevado consigo algo más que unas figuras: han llevado el nombre de San Isidro, haciendo que una tradición nacida en el barrio sea hoy conocida también fuera de sus calles.
Otra de las curiosidades que presentan los Papagüevos de San Isidro es que cada figura tiene su propio cargador, una persona que, más allá de encargarse de hacerla bailar, también vela por su conservación y por que se encuentre en buen estado. Actualmente son Joel Mederos, con el Flaco; Leo Almeida, con el Enano Morado; Javier Jiménez, con el Gordo; David Armas, con La Bruja; Alejandro Moreno, con La Princesa; Daniel Ruiz, con La Reina, Juan Pedro, con El Enano Amarillo y Carlos Díaz, con El Príncipe.
No hablamos solamente de personas que se meten debajo de una estructura para hacerla bailar. Detrás de cada Papagüevo existe una responsabilidad que muchas veces no vemos. Hay que conocerlo, cuidarlo, saber cómo moverlo y estar pendiente de que se encuentre en las mejores condiciones. Es un trabajo físico, pero también requiere dedicación y cariño por aquello que se está representando.
En el norte de Gran Canaria hay algunas manifestaciones de Papagüevos, como en Guía, Agaete, Marmolejo e incluso en Gáldar, con los de Antonio Padrón. Ninguno se parece a los demás, cada uno tiene su propia alegoría y su línea particular. Si ampliamos la mirada al resto de la isla, encontramos diferentes representaciones, pero las figuras de San Isidro presentan unas características propias que las diferencian y que forman parte de la personalidad de esta fiesta.
Hoy vemos a estos gigantes y cabezudos danzar en las diferentes fiestas y quizás pocos puedan imaginar que estamos ante una tradición que ha sobrevivido al paso de los años y a la evolución de la sociedad. Ellos siguen siendo uno de los números más llamativos de las fiestas, roban sonrisas y consiguen empatizar con niños y adultos, aunque también se llevan algún que otro llanto de los más pequeños. Siempre están ahí, divirtiendo y siendo, sin quererlo ni pretenderlo, uno de los números festivos que más ha perdurado en el tiempo.
Que esto siga siendo así se debe, en buena medida, a un grupo de personas que han querido salvaguardar esta tradición, pero no para exponerla en un museo ni convertirla en una pieza de recuerdo, sino para sacarla a la calle, disfrutarla y hacer disfrutar a todas las personas que acuden a los actos. Nosotros los vemos ahí, muchas veces sin darle la importancia que realmente tienen, sin valorar el enorme trabajo físico que hay detrás de cada pasacalle, ni el ingenio, la paciencia y la maestría que hacen falta para mantenerlos y restaurarlos cuando el paso del tiempo también deja sus huellas en ellos.
Hoy toca reconocer la importancia de los Papagüevos de San Isidro, por ser una manifestación histórica, por haber sobrevivido al paso de los años y por seguir siendo alegría de la fiesta y uno de sus números más llamativos, pero también toca reconocer a quienes hacen posible que sigan saliendo a la calle.
Joel, Daniel, Leo, David, Javier, Alejandro, Juan Pedro y Carlos son actualmente los mantenedores de esta tradición y quizás ellos mismos no sean conscientes de la importancia que tiene su labor. Cada vez que se colocan uno de estos gigantes sobre los hombros y comienzan a bailar están haciendo mucho más que animar una fiesta: están manteniendo viva una parte de nuestra memoria colectiva.
Desde aquí animo a que se decidan a dar el paso y crear esa asociación cultural que tanta falta le hace a los Papagüevos de San Isidro, una herramienta que permita organizar, proteger y garantizar el futuro de esta tradición, además de facilitar que puedan formar parte del circuito cultural del Ayuntamiento de Gáldar. Porque esto también es cultura y merece ser reconocida como tal.
También creo que ha llegado el momento de dejar constancia física de esta historia. Por eso sería bonito que el Ayuntamiento de Gáldar y la Asociación de Vecinos «El Labrador» de San Isidro estudiaran la posibilidad de realizar un mural o instalar un monolito en algún lugar de San Isidro o El Roque que atestigüe y reconozca esta tradición. Un pequeño homenaje que recuerde a quienes estuvieron antes, a quienes hoy siguen poniéndose estos gigantes sobre los hombros y a quienes tendrán la responsabilidad de hacerlo mañana.
Porque los Papagüevos de San Isidro no son simplemente unos muñecos que salen a bailar durante las fiestas. Son parte de nuestra historia, de nuestra identidad festiva y de una tradición que ha conseguido llegar hasta nuestros días. En una sociedad donde tantas cosas desaparecen con demasiada facilidad, esto merece ser cuidado, reconocido y, sobre todo, seguir saliendo a la calle.
Bibliografía
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López García, Juan Sebastián. Programa de las Fiestas de San Isidro 2026. San Isidro, Gáldar y los Papagüevos. Ventana Folclórica.
-
Díaz Alonso, C. (2025). Los Papagüevos, tradición e identidad del barrio galdense de San Isidro. Gáldar.
Moisés Rodríguez Gutiérrez





























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