El queso del norte no necesita folclore sino futuro

Vidal Bolaños Betancort

[Img #38239]Los quesos del norte de Gran Canaria agotaron en FROMAGO los doscientos kilos enviados a la feria. La noticia confirma algo que quienes viven en nuestros municipios conocen bien: existe un producto de enorme calidad, capaz de competir y atraer consumidores fuera de las islas. Pero venderlo todo durante cuatro días no debe servir únicamente para celebrar. Debe ayudarnos a pensar cómo asegurar el futuro de quienes lo hacen posible.

 

Detrás de cada pieza hay ganado, madrugadas, alimentación, controles sanitarios, transporte y una elaboración que exige experiencia. El consumidor contempla el resultado final, pero raras veces conoce la cadena de esfuerzos y costes. Cuando suben los piensos, la energía o el combustible, el margen del productor se reduce. El reconocimiento no puede quedarse en una medalla si la explotación apenas consigue mantenerse.

 

El queso forma parte de la cultura del territorio, pero convertirlo solo en folclore es peligroso. Una tradición permanece viva cuando permite vivir dignamente. Necesitamos facilitar el relevo generacional, el acceso a suelo y agua, la modernización de las instalaciones y una comercialización que pague un precio justo. De lo contrario, conservaremos fotografías de pastores mientras desaparecen los rebaños.

 

La presencia en ferias nacionales abre mercados, aunque debe ir acompañada de continuidad. Es necesario fortalecer marcas colectivas, mejorar la venta directa y utilizar la tecnología para conectar pequeñas queserías con consumidores, restauración y comercio especializado. Digitalizar no significa perder autenticidad. Puede evitar intermediaciones abusivas y contar con transparencia la historia del producto.

 

La administración también debe simplificar procedimientos sin rebajar las garantías sanitarias. Una pequeña explotación no dispone de la estructura de una gran industria. Cumplir la norma tiene que ser posible mediante asesoramiento, oficinas cercanas y trámites comprensibles. La burocracia mal diseñada puede terminar expulsando precisamente a quienes preservan el paisaje y la economía rural.

 

Quienes compramos tenemos parte de responsabilidad. Elegir producto local no es un gesto decorativo para una feria gastronómica. Es una decisión económica que mantiene empleo, paisaje y conocimiento. Eso exige igualmente que se explique por qué un queso artesanal tiene un precio diferente al de una producción masiva.

 

Agotar doscientos kilos es una excelente noticia. El verdadero éxito llegará cuando ningún productor tenga que abandonar por falta de rentabilidad y cuando un joven pueda contemplar la ganadería y la elaboración quesera como un proyecto de vida viable. El queso del norte ya ha demostrado su calidad. Ahora corresponde construir alrededor de ella un futuro.

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