
Hay lugares de Canarias donde la naturaleza parece haber decidido guardar algunas de sus historias más antiguas. El Hierro es uno de ellos. Entre sus riscos, barrancos, zonas de vegetación y paisajes volcánicos sobrevive un animal que durante muchos años estuvo a punto de desaparecer y que hoy continúa siendo uno de los mayores símbolos del patrimonio natural de la isla: el lagarto gigante de El Hierro.
Su nombre científico es Gallotia simonyi y es una especie endémica de El Hierro, es decir, no vive de forma natural en ningún otro lugar del mundo. Esta condición ya lo convierte en un animal especial, pero además posee unas características que lo diferencian de los lagartos que estamos acostumbrados a encontrar en otras islas del Archipiélago. Es un animal de aspecto robusto, con una cabeza grande, patas fuertes y una larga cola, que puede alcanzar alrededor de sesenta centímetros de longitud total.
Su cuerpo presenta tonalidades que van desde los grises y pardos hasta colores más oscuros, una apariencia que le permite confundirse con facilidad entre las piedras y la vegetación de los lugares donde habita. Su alimentación es principalmente vegetal y consume hojas, flores y frutos, aunque también puede aprovechar pequeños animales y otros recursos que encuentra en su entorno. Se trata de un animal perfectamente adaptado a las condiciones de El Hierro y a un paisaje en el que los espacios rocosos tienen un papel fundamental.
Pero si algo hace especial al lagarto gigante no es solamente su tamaño o su aspecto. Lo verdaderamente importante es la historia que hay detrás de su supervivencia.
Mucho antes de que los seres humanos llegaran a Canarias, estos grandes lagartos ya formaban parte de la fauna de El Hierro y ocupaban una extensión mucho mayor de la que ocupan actualmente. Con el paso del tiempo, la transformación del territorio y la presencia de especies introducidas fueron modificando las condiciones de vida de estos animales. Los gatos y las ratas se convirtieron en algunos de sus principales enemigos y, poco a poco, las poblaciones fueron disminuyendo.
La situación llegó a ser tan crítica que durante años se llegó a pensar que el lagarto gigante de El Hierro había desaparecido. La especie parecía haberse perdido para siempre, como ha ocurrido con otras especies que no consiguieron sobrevivir a los cambios sufridos por las islas. Sin embargo, la historia todavía tenía un capítulo por escribir.
En la década de los setenta fue localizada una pequeña población en los riscos de Tibataje. En aquel territorio escarpado, difícil de alcanzar y alejado de buena parte de la actividad humana, habían conseguido sobrevivir algunos ejemplares. El descubrimiento supuso una auténtica oportunidad para evitar que la especie desapareciera definitivamente y permitió poner en marcha un largo proceso de investigación y conservación.
Desde entonces se han desarrollado diferentes programas destinados a garantizar su supervivencia. La reproducción en cautividad se convirtió en una herramienta fundamental para aumentar el número de ejemplares y, con el tiempo, también se pusieron en marcha programas de reintroducción en distintos puntos de la isla. El objetivo no era simplemente criar más lagartos, sino conseguir que pudieran volver a vivir en libertad en espacios donde habían desaparecido y que esas poblaciones fueran capaces de mantenerse por sí mismas.
El camino no ha sido sencillo. El lagarto gigante continúa catalogado como especie en peligro de extinción y todavía existen amenazas que obligan a mantener una vigilancia constante. La protección de su hábitat, el control de los depredadores introducidos y el seguimiento de las poblaciones forman parte de un trabajo que lleva décadas desarrollándose y que todavía está lejos de haber terminado.
En 2026 se ha dado un nuevo impulso a esta tarea con la presentación de un nuevo Plan de Recuperación del Lagarto Gigante de El Hierro. El programa contempla diferentes actuaciones destinadas a mejorar la situación de la especie, reforzar las poblaciones existentes, continuar con los programas de reproducción y favorecer la recuperación de nuevos núcleos en lugares adecuados. La inversión prevista se acerca a los dos millones de euros, reflejando la importancia que tiene para la isla y para Canarias la conservación de este animal.
El Centro de Recuperación del Lagarto Gigante desempeña un papel fundamental dentro de esta estrategia. Allí se mantiene una población destinada a los programas de reproducción y conservación, permitiendo disponer de ejemplares para continuar con las actuaciones previstas. En mayo de 2026 el centro contaba con más de sesenta ejemplares adultos y 93 crías, una cifra que demuestra el trabajo que se viene realizando y que permite mantener viva la esperanza de que la especie pueda seguir aumentando su presencia en libertad.
El objetivo final, sin embargo, no puede ser que el lagarto gigante dependa para siempre de un centro de recuperación. La verdadera recuperación llegará cuando existan poblaciones suficientemente numerosas y estables capaces de desarrollarse en su propio medio natural. Para conseguirlo será necesario seguir protegiendo los lugares donde vive, controlar las amenazas y mantener durante los próximos años los programas de conservación.
La historia del lagarto gigante de El Hierro también debería servir para recordar que el patrimonio de Canarias no está únicamente formado por aquello que hemos construido o por las tradiciones que hemos heredado. Nuestra identidad también está en la naturaleza que nos rodea y en las especies que evolucionaron en estas islas durante miles de años.
Canarias cuenta con una biodiversidad extraordinaria y muchas de sus especies son exclusivas del Archipiélago. Algunas solamente viven en una isla concreta y forman parte de una historia natural que no existe en ningún otro lugar del planeta. El lagarto gigante es uno de esos casos y su desaparición supondría perder para siempre una pieza de esa historia.
Por eso resulta importante que el lagarto gigante deje de ser un desconocido para muchos canarios. No se trata solamente de saber que existe una especie protegida en El Hierro. Se trata de conocer cómo es ese animal, saber que puede alcanzar un tamaño considerable, entender dónde vive, conocer la difícil historia que ha tenido que superar y comprender el esfuerzo que se está realizando para que no vuelva a estar al borde de la desaparición.
Después de haber sido considerado prácticamente desaparecido, aquel pequeño grupo que sobrevivió entre los riscos de Tibataje permitió que la historia continuara. Desde entonces han pasado décadas de trabajo, investigación y esfuerzo para recuperar una especie que forma parte de la naturaleza propia de la isla.
El lagarto gigante de El Hierro es hoy mucho más que un animal que necesita protección. Es una muestra de la riqueza natural de Canarias, un testigo de cómo eran nuestras islas antes de muchos de los cambios que conocemos actualmente y una especie que solamente podremos conservar si somos capaces de darle el mismo valor que damos al resto de nuestro patrimonio.
Porque conocer nuestras islas también significa conocer aquello que vive en ellas. Y proteger Canarias no consiste solamente en conservar sus paisajes, sus pueblos, sus fiestas o sus tradiciones. También significa cuidar a quienes llevan miles de años formando parte de esta tierra.
Entre los riscos de El Hierro, el lagarto gigante continúa escribiendo su propia historia. Una historia que estuvo a punto de terminar, pero que todavía tiene la oportunidad de seguir adelante.
Moisés Rodríguez Gutiérrez






























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