
Comenzó a trabajar como aprendiz de carpintero con tan solo 14 años y deja atrás una profesión que, según asegura, cuenta cada vez con menos especialistas.
Después de 51 años dedicado a la carpintería, Juan Cabrera Cruz acaba de alcanzar la jubilación a los 65 años. Comenzó a los 14, cuando decidió dejar los estudios para aprender un oficio que terminaría convirtiéndose en su profesión y en el sustento de su familia durante más de cinco décadas. Ahora, con el trabajo y el reloj pasando a un segundo plano, afronta una nueva etapa en la que espera disfrutar del tiempo libre y, sobre todo, de los suyos.
Juan desarrolló prácticamente toda su vida laboral en dos empresas, Mendoza Vega y Mateos Gil, de las que guarda un recuerdo de agradecimiento por el trato recibido y por haberle permitido sacar adelante a su familia.
Durante más de medio siglo ha sido testigo de la evolución de la carpintería y también del progresivo retroceso de un oficio que considera fundamental. Cada vez quedan menos carpinteros y también menos carpinterías, señala. En su opinión, existe una diferencia importante entre el carpintero tradicional y el actual trabajo de montaje. Hoy hay muchos montadores, pero carpinteros, tal y como indica la palabra y todo lo que implica el oficio, quedan muy pocos.
Para Juan, aprender carpintería no consiste únicamente en saber manejar herramientas y trabajar la madera. Las matemáticas forman parte esencial del oficio. Sumar, restar, dividir y realizar diferentes cálculos son tareas habituales para conseguir que cada pieza encaje y que el resultado final sea el esperado.
Su experiencia también le ha permitido comprobar cómo ha cambiado la relación de los jóvenes con los oficios tradicionales. Considera que muchos no se sienten atraídos por estas profesiones y recuerda que algunos comienzan a trabajar en ellas, pero terminan abandonándolas después de unos meses.
Carpinteros, electricistas, fontaneros y otros profesionales especializados son oficios que durante años tuvieron una gran importancia y que hoy cuentan con menos personas dispuestas a continuar con ellos. Es una pena, porque cualquier joven podría tener un buen empleo y ganar un sueldo para sus gastos personales o familiares.
Los recuerdos de Juan también están ligados a la propia transformación de la zona. Recuerda que antiguamente en esta misma calle o carretera había numerosas carpinterías, donde el ruido de las herramientas y el trabajo de la madera formaban parte del paisaje cotidiano.
Ahora solo quedan dos, reflejando así el cambio experimentado por un sector en el que las pequeñas empresas y los profesionales especializados han ido desapareciendo.
La transformación también ha llegado a las herramientas. Juan recuerda una época en la que había menos maquinaria y gran parte del trabajo se realizaba manualmente. La madera llegaba en grandes piezas y, en muchas ocasiones, había que cargarla, cortarla y trabajarla a mano, lo que exigía un importante esfuerzo físico.
Cinco décadas de trabajo tampoco pasan inadvertidas para el cuerpo. Como ocurre con muchas profesiones de carácter físico, la carpintería deja sus consecuencias. Juan señala especialmente los pies, las rodillas y la espalda como algunas de las partes más castigadas después de tantos años de actividad. Las manos tampoco están exentas de riesgos, especialmente por el uso de maquinaria.
A pesar de todo, no parece arrepentirse de haber elegido aquel camino cuando apenas tenía 14 años. Es más, cuando se le plantea qué haría si volviera a tener 30 años, responde con claridad, montaría su propia empresa.
Considera que en la actualidad existe una importante demanda de profesionales cualificados y que encontrar un buen carpintero no resulta sencillo. Hoy, para buscar un carpintero, se los rifan porque no se encuentran.
Ahora comienza para Juan una etapa muy diferente. Después de 51 años de madrugones, herramientas, madera, máquinas y jornadas de trabajo, llega el momento de disfrutar de aquello que durante tantos años tuvo que dejar en un segundo plano.
La jubilación le permitirá disponer de algo que durante su vida laboral estuvo siempre condicionado por el horario. Tiempo para descansar, para estar con la familia y para disfrutar de cada día sin mirar constantemente el reloj.
Desde estas líneas le damos las gracias por compartir su experiencia y sus recuerdos y le deseamos que disfrute de una jubilación merecida después de 51 años manteniendo vivo un oficio que forma parte de la historia de muchas familias y de muchos lugares.
Un vídeo de Antonio Valencia






























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