
A veces he tenido la sensación de que alguien se ha muerto, o eso creía, hasta que descubro que el equivocado era yo.
Me pasó el otro día en la Romería de Arucas. Me encontré con un señor al que creía que nos había dejado tiempo atrás. Entonces reaccioné y le dije aquello de “me alegra verte”, expresado con profunda sinceridad. Y les aseguro que la franqueza no la perdí. Por supuesto que al interesado no le dije nada, no iba a ser que metiera la pata de nuevo. En cualquier caso, no lo he visto más y ahora mismo me pregunto si acaso aquel encuentro fortuito fue un sueño. O, tal vez, una ensoñación. Nunca me había alegrado tanto por haber cometido aquel grave error, más que nada porque no me considero un dios caprichoso y engreído. Así que me marché del lugar con una extraña sensación. Ya me había pasado con el padre de un conocido, que lo di por muerto cuando, en realidad, pisaba las calles de la ciudad como siempre. Y mantenía sus amistades y saludos intactos. De lo cual deduje que el equivocado, una vez más, era yo. Y me llevé una alegría inmensa. Comparable a la sensación de caminar por primera vez, que me agarraba de los calzones para mantener el equilibrio.
Sí, de estabilización se trataba.
Juan FERRERA GIL






























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.144