Cada verano, a finales de agosto, desde 1966, se celebra al norte de Kensington el Carnaval de Notting Hill, un evento anual que tiene lugar en Londres, dirigido por miembros de la comunidad afrocaribeña británica. Atrae a casi dos millones de personas todos los años, erigiéndose en uno de los festivales callejeros más grandes del mundo y en un acontecimiento significativo de la cultura afrobritánica.
Son tres días de carnavales. En el primero hay concursos de Steel Bands, que son músicos con tambores metálicos. El segundo es el desfile de los niños, que suele ser agradable y muy divertido, y el tercero es el día de los adultos, que este año 2026 fue el treinta y uno de agosto.
En 2006 la sociedad de Gran Bretaña votó a favor de incluir dicho carnaval entre los iconos simbólicos de la nación pues su celebración supone en esas fechas veraniegas un gran incentivo para salir a la calle y llenarlas de colorido, ya sea verde, rojo, azul, amarillo, rosa…, con algún que otro culo al aire:
Aparte de la alegría que se percibe claramente, como vemos en la foto anterior, se puede también notar una cierta añoranza en algunas caras, como le ocurre a la hermosa joven que aparece en esta imagen,
… pero no creo que le dure mucho porque está inserta en un ambiente variopinto donde prima la alegría, el buen humor, las plumas, sombreros, zarcillos, cristales, collares, cintas, cascos, pelucas, pulseras…,
… todo muy colorido, entre actuaciones musicales en directo y numerosos puestos de comida, bebida y talleres de música y baile.
El famoso desfile de adultos del Carnaval de Notting Hill es el día más importante de la fiesta, que resulta ser festivo en Inglaterra, País de Gales e Irlanda del Norte y que este año cayó en lunes. Un lunes estival, cosa que me parece más apropiado que celebrar los carnavales en pleno invierno.
![[Img #43574]](https://infonortedigital.com/upload/images/09_2026/5452_whatsapp-image-2026-09-20-at-110142-6.jpeg)
Recuerdo que aquí, en nuestros carnavales, uno se disfrazaba con cuatro trapos. Sin ir más lejos una noche de invierno de 1990, o 91, no sé exactamente, con un frío que pelaba, me puse un traje de una amiga, una peluca, me pinté la cara como Dios me encaminó, una expresión muy usada incluso actualmente, y me fui a Las Palmas con algunos amigos. Creo que a lo largo de la noche tres personas me dijeron: ¡Qué fea eres!
Después de esos encuentros me tropecé con un conocido de mi pueblo, el cual me miró fijamente y luego me dijo, como quien no quiere la cosa, que con aquella pinta me parecía a mi abuela. Entonces yo, que no había bebido nada en toda la noche, salvo tónica, me pedí un ron seco, y luego, despertando unas buenas carcajadas entre mis amistades, recité una copla, en tono punto cubano, que empieza diciendo: ¡Ahora sí que estamos bien!
Ya por entonces había estado una vez en el Carnaval de Notting Hill y en ese momento, que en Las Palmas se levantó un chirote de tres mil demonios, me hubiera gustado estar allí, en Kensington, por cómo se lo montan, cómo se disfrazan, la vistosidad que se ve en las calles, la gama de colores que uno presencia en los desfiles y, sobre todo, porque aquella noche de hace casi cuarenta años era una noche invernal, estaba lloviendo y hacía un pelete de padre y señor mío. No como en el carnaval que había vivido en Londres, donde se disfrutaba de un tiempo veraniego y la gente podía ir con poca ropa y bastante descocada.
Texto: Quico Espino
Fotos: François Hamel.
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