Curiosidades de la historia de Guía de Gran Canaria

La Rama de Las Marías de Guía de Gran Canaria una fiesta bulliciosa

La celebración, nacida como promesa tras una plaga de langosta en 1811, destaca por su algarabía y el protagonismo del ruido como elemento central de la tradición.

Sergio Aguiar Castellano Jueves, 17 de Septiembre de 2026 Tiempo de lectura:

De pronto llegaban los papagüevos con su bailoteo incesante, y con ellos Miguel el Gitano, que aporreaba la caja de guerra, […] A los frenéticos sones de la caja de guerra se unían el mugido de los bucios y el griterío de los concurrentes; un griterío en el que impresionaban las invocaciones devotamente apasionadas de muchas mujeres campesinas que, a su manera, a lo mejor se sentían oficiantes de un rito sagrado […]”

Manuel González Sosa(1921-2011) poeta guiense

 

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Dibujo alegórico de La Rama de Las Marías de Guía obra de Eugenio Aguiar

 

Si por algo se ha caracterizado históricamente la fiesta de la Rama de Las Marías de Guía es por ser, ante todo, una fiesta donde el regocijo, la alegría intensa y el júbilo se manifiesta de manera estentórea. Ya lo vemos en la descripción que hace el poeta guiense Manuel González Sosa en sus recuerdos de la Rama allá por los años 30 del siglo XX.

 

No hay que olvidar que en el origen mismo de la causa de esta fiesta votiva, una invasión de cigarra, el ruido es un arma que el pueblo utiliza para espantarla junto al humo, pero con poca eficacia.

 

En otras descripciones de la Rama de las Marías se observa como se destaca la diversión bulliciosa, la algarabía y la jarana, pues no hay que olvidar que los campesinos celebraban una promesa por el bien recibido, la aniquilación de la plaga de cigarra por la intercesión de la Virgen de Guía.

 

El médico Domingo Déniz Greck (1808-1877), cuyas inquietudes e interés por la Historia hace que, desde que regresa a Canarias al concluir sus estudios en la universidad francesa de Montpellier, comience a recopilar datos sobre la historia de las Islas Canarias, que concluirá en el año 1854 cuando termina su obra Resumen Histórico-Descriptivo de las Islas Canarias, manuscrito que se encuentra en el Museo Canario y que pertenece al Fondo Documental José Miguel Alzola González1. El capítulo VI de esta obra lleva por título «Calamidades Públicas», dedicando un apartado a la langosta, en el que después de hacer una introducción del origen y consecuencias de las plagas, cita las más grandes y destructoras desde el año 1586. En las del siglo XIX señala de la siguiente manera la Rama de Guía de Gran Canaria:

 

«En 1811 arribó a todas las Islas una inmensa plaga de langosta. Volaba sobre ellas en espesos nublados que interceptaban los rayos del sol. Su voracidad fue espantosa y exterminó los campos. En esta ocasión, los vecinos de la Villa de Guía en la Gran Canaria, ofrecieron a su patrona N. S. de Guía celebrarla anualmente, por la total extinción de esta plaga asoladora. Desde entonces viene la fiesta de los Ramos, que tiene lugar en uno de los domingos del mes de setiembre, en el que las gentes bajan de los campos llenas de alborozo armadas de ramas de árboles, y reuniéndose a la entrada del pueblo salen luego para la plaza, y entran con bullicioso júbilo en la Iglesia Parroquial, ostentando su alegre y lozana ofrende, cuyo acto acaba de solemnizar con una función religiosa»2.

 

Otro guiense, el historiador Néstor Álamo (1906-1994) en uno de su artículos publicado en 1929 decía al respecto:

 

“La víspera, a eso de las ocho de la mañana, las campanas y los voladores-a millares- anunciaban a la ciudad que la gente de los campos llevando la ofrenda anual de “la rama” había apuntado por la cuesta de Caraballo. La Señora (Virgen de Guía), ataviada con sus galas mejores acudía con toda solemnidad a esperar a sus hijos a la plazoleta de San Roque. Y era de ver el desbordamiento del cariño -cariño fervoroso, inalterable- los vivas, los silbos, los gritos de emoción mal contenidos que se escapaban de todos los pechos. Hombre y mujeres, portadores del ramaje de montes y laderas agitaban en alto la ofrenda, al son de las cajas de guerra, de los caracoles, de los cuernos de caza. Aún se venía todos los años un viejo pastor octogenario, de capote y “nagüetas” cuyo “huijijii”, de despedida a la Virgen, ponía una emoción cierta en nuestras gargantas. Una vez recibidos sus hijos, la imagen emprendía el regreso al templo por la calle de Enmedio, siempre entre el ruido de los caracoles y de las cajas de guerra, y de la algarabía de los danzarines que ramas en alto trazaban pasos arbitrarios ante el trono […]»3.

 

Por tanto en los orígenes más remotos de la fiesta están presentes el bullicio, el regocijo, la alegría intensa y el júbilo que se manifiesta de manera estentórea.

 

Con el transcurrir del tiempo, a partir de los años 90 del siglo pasado, se fue incrementando la participación de cajas de guerra y bombos, metáfora y alegoría de aquellos que se utilizaron para hacer ruido y espantar la cigarra en 1811. Consolidándose desde entonces la presencia de estos instrumentos de percusión en la bajada de la Rama.

 

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Instrumentos de percusión en la fiesta de la Rama de Guía (Foto infonortedigital)

 

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Instrumentos de percusión en la fiesta de la Rama de Guía (Foto infonortedigital)

 

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Dibujo alegórico de La Rama de Las Marías de Guía obra de Eugenio Aguiar

 

Sergio Aguiar Castellano.

Archivero y Cronista Oficial de Guía de Gran Canaria.

 

1 Datos aportados por José Miguel Alzola González.

2 El resaltado es nuestro.

3 Diario de Las Palmas, 20 septiembre 1929.

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