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Debe de existir algún lugar secreto en Gáldar donde se están reuniendo los futuros candidatos y candidatas a la Alcaldía, elaborando programas extraordinarios, formando equipos solventes, recorriendo el municipio y diseñando esa alternativa política que dentro de unos meses nos presentarán como fruto de un intensísimo trabajo. Tiene que existir, porque en la calle, desde luego, cuesta bastante encontrarla.
Estamos a poco más de medio año de unas elecciones municipales y seguimos sin saber con claridad quién quiere disputarle la Alcaldía al actual gobierno, qué partidos terminarán presentándose, quién encabezará cada candidatura, qué personas integrarán las planchas electorales y, detalle quizá demasiado exigente para nuestra política municipal, qué pretenden hacer con Gáldar si los vecinos deciden entregarles su confianza.
No hay que preocuparse demasiado. Seguramente todo aparecerá a su debido tiempo, probablemente cuando florezcan las pancartas, lleguen las fotografías con camisa remangada y algunos descubran repentinamente que llevan toda la vida profundamente preocupados por los problemas del municipio. La cercanía de unas elecciones produce vocaciones políticas con una eficacia que debería ser estudiada.
La política municipal tiene una curiosa relación con el calendario. Durante cuatro años hay tiempo para observar, meditar y contemplar tranquilamente el paisaje, pero cuando las urnas aparecen en el horizonte comienza una extraordinaria epidemia de vocaciones de servicio público. Personas que llevaban meses discretamente desaparecidas empiezan a descubrir aceras, parques, comercios, asociaciones, instalaciones municipales y vecinos. Incluso puede producirse el milagro de escuchar propuestas. Mayo obra prodigios que ni la medicina moderna consigue explicar.
Conviene recordar, por si alguien todavía no se ha enterado, que la campaña electoral oficial dura quince días, pero una alternativa política no se fabrica en quince días salvo que el objetivo sea confeccionar un folleto. Gobernar un municipio exige algo más de elaboración, especialmente cuando enfrente hay una maquinaria política perfectamente asentada y una mayoría municipal abrumadora. Pretender combatir eso esperando tranquilamente a febrero, marzo o abril tiene aproximadamente la misma lógica que empezar a entrenar para una maratón cuando ya se escucha el disparo de salida.
Y aquí está precisamente lo sorprendente. Quien aspire seriamente a gobernar Gáldar debería estar ya explicando qué municipio propone. No basta con decir que las cosas podrían hacerse mejor, porque eso cabe estupendamente en una publicación de Facebook. Sería interesante conocer qué política de vivienda se propone, cómo se pretende mejorar la movilidad, qué oportunidades se ofrecerán a los jóvenes, cómo se responderá al envejecimiento de la población, qué modelo económico se plantea, qué futuro se imagina para los servicios públicos, cómo se mejorarán los espacios comunes o de qué manera se conseguirá que la acción municipal llegue de verdad a todo el territorio.
Pero quizá estemos pidiendo demasiado. Primero habrá que localizar a los candidatos.
También sería agradable conocer las planchas electorales antes de que aparezcan como quien presenta la alineación de un equipo cinco minutos antes del partido. Una candidatura municipal no es solamente la persona que sonríe desde el cartel. Detrás hay veinte nombres más que pueden terminar gestionando áreas fundamentales del Ayuntamiento, tomando decisiones sobre millones de euros y condicionando durante cuatro años la vida de todo un municipio. Saber quiénes son, qué experiencia tienen, qué representan y por qué quieren estar ahí no debería considerarse una extravagancia democrática.
Sin embargo, aquí seguimos esperando. ¿Qué partidos concurrirán finalmente? ¿Quién repetirá? ¿Quién desaparecerá? ¿Quién encabezará cada lista? ¿Habrá candidaturas nuevas? ¿Habrá independientes? ¿Existen realmente equipos trabajando o todavía estamos en esa entrañable fase de llamadas telefónicas, cafés discretos y búsquedas desesperadas para descubrir quién acepta completar los últimos puestos de una plancha?
Porque luego llegan las listas y ocurren cosas maravillosas. De pronto aparecen personas que jamás habían mostrado especial interés por la política municipal convertidas en apasionadas defensoras del futuro de Gáldar. Se presentan equipos “renovados”, palabra extraordinariamente útil porque sirve tanto para incorporar gente nueva como para cambiar de silla a la de siempre, y se anuncian proyectos “ilusionantes”, otra expresión magnífica que permite no explicar absolutamente nada mientras suena estupendamente.
Después llegará el programa electoral, ese género literario fantástico que cada cuatro años promete transformar el municipio antes de acabar convertido en un documento que duerme plácidamente hasta las siguientes elecciones. Habrá fotografías caminando por calles que algunos candidatos descubrirán ese mismo día, reuniones con colectivos, visitas a negocios, vídeos mirando al horizonte y declaraciones solemnes sobre la necesidad de escuchar a la ciudadanía. Todo perfectamente preparado para parecer espontáneo.
El problema es que Gáldar no necesita figurantes electorales ni candidaturas fabricadas para cubrir expediente. Necesita alternativas políticas capaces de explicar por qué quieren gobernar y, especialmente, qué harían si alguna vez consiguieran hacerlo.
Quien aspire a la Alcaldía debería estar ya diciendo qué conservaría de la gestión actual, qué cambiaría y qué eliminaría. Debería explicar prioridades, comprometer plazos, hablar de presupuestos y reconocer también aquello que el Ayuntamiento no puede hacer. Debería presentar un proyecto suficientemente serio como para que cualquier vecino pueda comparar modelos y no limitarse a escoger entre fotografías, siglas y simpatías personales.
Y, sobre todo, quien quiera gobernar debería hacer política ahora. Porque resulta bastante difícil convencer a alguien de que se está preparado para dirigir un Ayuntamiento cuando durante buena parte del mandato apenas se ha conseguido demostrar que se estaba allí.
Una mayoría absoluta no se combate lamentándose de que existe. Se combate construyendo una alternativa capaz de disputarle espacio político, y cuanto más poderosa sea esa mayoría, más temprano debería comenzar ese trabajo. Si alguien cree que puede enfrentarse a una estructura municipal consolidada apareciendo unos meses antes de las elecciones con una fotografía nueva, un lema ingenioso y veintiún nombres colocados como buenamente se pueda, adelante. La democracia también protege el derecho a presentarse para hacer turismo electoral.
Mientras tanto, los galdenses seguimos sin conocer con suficiente claridad quiénes quieren gobernarnos a partir de 2027 y, especialmente, para qué quieren hacerlo. Porque querer ser alcalde o alcaldesa es relativamente sencillo. Lo verdaderamente complicado empieza cuando hay que explicar qué se piensa hacer después de conseguir la Alcaldía.
Todavía hay tiempo, aunque cada vez menos. Sería conveniente que quienes tengan aspiraciones abandonen pronto el escondite, desempolven los proyectos, encuentren las propuestas y recuerden que los problemas de Gáldar existen durante los cuatro años del mandato y no solamente cuando llega el momento de pedir el voto.
Porque llegará la primavera y entonces, como ocurre religiosamente cada cuatro años, aparecerán candidatos por todas partes. Nos contarán que llevan muchísimo tiempo trabajando, que han mantenido incontables reuniones, que conocen perfectamente los problemas de Gáldar y que representan una alternativa seria, preparada, renovada, ilusionante y, si queda espacio en el cartel, también cercana.
Y habrá que creerlos, naturalmente.
Al fin y al cabo, si algo caracteriza a determinadas oposiciones municipales es su extraordinaria capacidad para trabajar durante años sin que nadie consiga darse cuenta.
Guayarmina Guanarteme
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