
Recuerdo que en mi casa el llamado Movimiento Nacional nunca fue motivo de tertulia.
Sin embargo, cuando se destronaba al régimen franquista de su pedestal, regado con copas combinadas de scotch-whisky, se hablaba tan bajo que se convertía en un susurro apenas audible: una norma aceptada en aquella España del general Franco, que había convertido la nación, como se denominaba entonces, en un cuartel militar, donde la obediencia constituía un grado y la corrupción campaba a sus anchas. Y recuerdo que una vez, a finales de los sesenta, mientras recibíamos la visita de un amigo y familiar de mi padre en la casa que estrenábamos, pudimos comprobar que en algún momento aquel personaje de dos pisos lloraba como un niño chico: el aroma, y tal vez todo el perfume desprendido, adquiría el tono cierto del blanco y negro. Se hablaba tan bajo y con tan buena disposición que los oídos de aquellos tristes seres que gobernaban y censuraban, y escuchaban, la realidad, poseían, al mismo tiempo, un halo de misterio y crueldad.
Al final, miedo entre las cuatro paredes. Sí.
Juan FERRERA GIL



























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.23