
Leo un libro que trata con justa medida el valor de lo cotidiano o lo real maravilloso: Víctor FERNÁNDEZ, No te olvides de escribir, La familia García Lorca en sus cartas, Akal Biografías, Madrid, 2026.
Y decimos lo de cotidiano porque además de mantener su estimación, quiere decir que todas las vidas se parecen unas a otras. De ahí que lo del día a día tenga una extraordinaria mirada y fuerza y que, gracias a investigadores como Víctor Fernández, nos acercan a realidades nuevas y diversas y que siempre son las mismas: todo ello hecho con cabeza bien amueblada y una disposición efectiva, afectiva y siempre educada, que tiene y siente respeto por el que las usa, en este caso, Federico García Lorca. O sea que el libro que he leído todas las mañanas no solo tiene la evaluación de lo cercano, sino que, además, no solo ha venido para situarnos en una aventura habitual: es un mundo tan raro y extraño que incide directamente en el lector, dejándolo mal herido porque se sabe casi toda la historia trágica que rodeó al poeta. Así las palabras escritas en su momento adquieren un coste extraordinario: el de la sinceridad mejor entendida y el pensar que nunca serán publicadas: así fueron escritas y consideradas.
Las cartas vienen a ser el reflejo de lo natural, escritas en un tiempo distinto y distante: cuando adquirían las relaciones epistolares su verdadero aprecio. Y se establecía un diálogo en la distancia que no solo mantenía el contacto de Federico con su familia, sino que también servía para unir en la separación y recibir noticias directas del entramado familiar. Y personal. Es decir, una vida normal y corriente que los odios de la guerra alteran sobremanera y no solo terminan por cambiar las cosas de sitio, sino que la naturalidad misma se trastoca en un intento de mantenerse viva y derecha. De cualquier manera, es una inmensa suerte el conocer esta publicación de Víctor Fernández pues su trabajo serio y riguroso, donde se atreve a mantener las cuestiones precisas, es un ejemplo claro de concordia y progreso. Y eso es mucho decir en los tiempos de ahora, donde todo parece sonar distinto.
Durante la etapa en su residencia de Estudiantes de Madrid, Lorca deja bien claro su postura, y así lo demuestra en las cartas enviadas a su familia. No solo admiraba a su madre, sino que su padre también se hace realidad a través de ellas. Y Lorca parece tenerlo claro. Por eso nunca desmerece ni nos deja de sorprender, a pesar de todo. De lo que se intuye que estas palabras personales no solo han venido para dejar con claridad un testimonio vital, sino que, además, sitúan las cosas y las circunstancias en su debido lugar. Y habla de una vida sencilla y corriente. Y eso es mucho pedir en las actuales circunstancias. Siempre Lorca nos ha devuelto la mirada, sobre todo, en las cartas de New York, mucho más extensas. Y esta es una excelente y única ocasión de corresponderle. Por eso Víctor Fernández, con esta magnífica edición, es capaz de dar un paso más.
Y consigue que lo que fue sencillamente unas cartas personales y auténticas trasciendan mucho más allá y nos muestren una vida real, llana, llena y humilde. Como la de cualquier persona. Y eso es mucho decir. Y pedir. Por eso nos repetimos tanto.
Juan FERRERA GIL




























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