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Hay "algo" muy falso en el reciente artículo de Antonio Morales sobre la historia de la central hidroeléctrica de CHIRA-SORIA en el barranco de Arguineguín. No ha sido capaz de construir un relato de consenso democrático ni de abrir un debate con la ciudadanía.
Morales pretende presentar la destrucción del barranco de Arguineguín, como una de esas grandes obras que provocaron rechazo y que, con el paso del tiempo, termina siendo reconocidas como imprescindibles.
Trata de convertir la oposición en una de incomprensión ante el progreso y dejar que sea el futuro quien lo absuelva.
![[Img #24253]](https://infonortedigital.com/upload/images/12_2024/1451_juliocuencasanabria.jpg)
El problema no es que exista oposición a Chira-Soria.
Nunca ha existido un debate público sobre el modelo energético que Chira-Soria representa, sobre sus alternativas, sus costes ambientales y económicos, quién asume los riesgos y quién obtiene los beneficios que serán para el oligopolio energético a costa del bolsillo y empobrecimiento de la ciudadanía. Antonio Morales ejecuta un proyecto y un modelo de transición energética decidido jurídicamente por José Manuel Soria en 2013 y ejecutado por él a partir de 2015, es la PRIMERA decisión una vez toma posesión por mandato de las empresas energéticas, para eso ha sido puesto en la presidencia del Cabildo, sabedores de que podía neutralizar la posible oposición ecologista en nombre de la "ecoisla ", vamos es un "genio".
No es un debate entre quienes quieren energía renovable y quienes se oponen a ella. El debate es qué transición energética queremos.
CHIRA-SORIA NO ES EL DESTINO INEVITABLE.
Nadie niega la necesidad de disponer de sistemas capaces de gestionar la intermitencia de las energías renovables.
Pero reconocer esa necesidad no significa aceptar que una determinada infraestructura se convierta en una verdad revelada.
Existen problemas técnicos reales en el sistema eléctrico — la rigidez de la generación convencional— es necesario abrir el debate sobre el conjunto del sistema.
¿Almacenamiento hidráulico?
¿Gestión inteligente de la demanda?
¿Autoconsumo distribuido?
¿Comunidades energéticas?
¿Hidrógeno en determinados usos?
¿Una combinación de todas ellas?
La transición energética del siglo XXI no puede reducirse a construir grandes infraestructuras y después pedir a la sociedad que confíe en que son imprescindibles.
Primero, debe existir una estrategia, NO LA HAY, SOLO OCURRENCIAS DE MORALES que favorecen al oligopolio energético.
En Canarias y en particular Gran Canaria se ha hecho al revés: PRIMERO SE DECIDEN LAS GRANDES OBRAS y después se construye el relato que la convierte en inevitable.
Aquí aparece algo que el relato de Morales intenta desplazar y ocultar.
El barranco de Arguineguín no es una abstracción. Es territorio, paisaje, biodiversidad, memoria y patrimonio natural y cultural. Su TRANSFORMACIÓN e INDUSTRIALIZACIÓN no puede ser presentada como el precio inevitable del progreso.
Una sociedad democrática tiene derecho a preguntar si ese sacrificio es realmente imprescindible, esa era la gran pregunta que se le exigió públicamente en una carta abierta encabezada por Julio Cuenca y Antonio González Viéitez en marzo de 2019, si existen alternativas menos destructivas y si los beneficios obtenidos justifican los costes territoriales.
Y la sociedad canaria tiene derecho, sobre todo, a participar antes de que las decisiones sean irreversibles.
No se puede reclamar posteriormente que «el tiempo dará la razón» cuando el territorio que está en juego ya ha sido transformado.
El tiempo no puede convertirse en una coartada para evitar la rendición de cuentas democráticas.
Hay una pregunta incómoda que cualquier defensa del «interés general» debería responder con claridad:
¿Quién asume los costes y quién obtiene los beneficios?
No basta con hablar de interés general. Hay que explicar el modelo económico y concesional, la distribución de riesgos, las responsabilidades ante problemas geotécnicos y ambientales y el régimen de explotación de la infraestructura.
Si la Administración termina asumiendo una parte sustancial de los riesgos mientras una empresa privada explota la infraestructura y obtiene ingresos de la actividad energética, resulta legítimo preguntar si estamos ante una infraestructura pública al servicio del interés general o ante un modelo en el que los beneficios se privatizan y los costes se socializan.
Esa discusión no aparece en el relato triunfalista de Morales.
CHIRA-SORIA NO ES «EL FUTURO »
Otro artificio consiste en presentar Chira-Soria como si representara el futuro frente a quienes cuestionan la obra, situándolos, implícitamente, en el pasado.
Ocurre exactamente lo contrario.
El futuro energético es más distribuido que centralizado; más democrático que oligopólico; más basado en el autoconsumo y las comunidades energéticas que en gigantescas instalaciones concentradas.
Gran Canaria podría avanzar hacia una enorme red de generación distribuida mediante la utilización prioritaria de cubiertas, aparcamientos, polígonos industriales, edificios públicos y superficies ya transformadas.
Miles de instalaciones solares pueden producir energía allí donde se consume.
Una red inteligente gestiona producción, almacenamiento, consumo y demanda.
Las baterías desempeñan un papel creciente.
No existen soluciones perfectas.
Necesitamos una combinación tecnológica y territorialmente inteligente, no una nueva religión energética que Morales y sus "asesores" desde el ITC, EL GOBCAN y algunos "dirigentes" de ben Magec están imponiendo.
El agua tampoco es un recurso infinito
La defensa de Chira-Soria tampoco puede ignorar la relación entre energía y agua.
Bombear agua hasta los embalses requiere mucha energía. Si además intervienen procesos de desalación para garantizar volúmenes de agua, aparecen nuevos consumos energéticos y pérdidas asociadas.
No es serio presentar el bombeo hidráulico como «almacenamiento limpio».
Toda tecnología tiene una huella material, energética y territorial.
El debate consiste en comparar esas huellas con las de las alternativas disponibles.
El VERDADERO DEBATE ES DEMOCRÁTICO
La cuestión fundamental no es si debemos tener renovables, si necesitamos almacenamiento.
Quién decide, con qué planificación, con qué información, con qué alternativas y en beneficio de quién.
Existe una diferencia enorme entre una transición energética concebida como una política pública y una transición energética concebida como una sucesión de grandes proyectos entregados al mercado al oligopolio energético.
Ese es el camino que lidera Morales.
El primer modelo busca democratizar la energía.
El segundo convertir los recursos naturales comunes —el sol, el viento, el agua y el territorio— en nuevos espacios de acumulación privada para el oligopolio energético.
No estamos obligados a escoger entre «progreso» y «oposición al progreso». Esa es una falsa dicotomía.
Defender las energías renovables y, al mismo tiempo, cuestionamos infraestructuras que se presentan como renovables.
Defender la descarbonización y rechazar la destrucción innecesaria de territorios.
Apostamos por la transición energética sin convertir Canarias en territorio de sacrificio.
OTRA TRANSICIÓN ES POSIBLE
Canarias y Gran Canaria necesitan una estrategia energética que ponga en el centro el ahorro, la eficiencia, la generación distribuida, el autoconsumo, las comunidades energéticas, el almacenamiento diversificado, las redes inteligentes y la utilización prioritaria de superficies ya transformadas.
Una estrategia que reduzca la dependencia de los combustibles fósiles, pero que también reduzca la dependencia de los oligopolios energéticos.
Una estrategia que considere la energía como un servicio público esencial y no como una mercancía.
Una estrategia sometida a planificación, evaluación ambiental, transparencia y participación ciudadana.
El debate nunca puede ser sustituido por un relato histórico destinado a demostrar que quienes se oponen estaban equivocados.
La historia no concede certificados de infalibilidad a los gobernantes.
Y tampoco convierte automáticamente una gran obra en una buena obra.
Antonio Morales pretende que la magnitud de la obra, su antigüedad o la existencia de precedentes históricos hagan innecesario discutir sus alternativas y sus consecuencias.
CHIRA-SORIA NO ES EL FUTURO.
Por eso debe poder ser discutida.
El verdadero debate no es entre pasado y futuro. Es entre dos maneras de imaginar el futuro energético:
Un futuro centralizado, concentrado y dependiente de grandes operadores; o un futuro distribuido, eficiente, democrático, público y cooperativo.
Quién tendrá razón dentro de treinta años.
Todo es mucho más sencillo y mucho más democrático: ¿tenemos hoy derecho a decidir qué territorio queremos dejar a quienes vivirán aquí dentro de treinta años?
Esa es la conversación y el debate que debemos mantener.
En algún de la pachamama.
Pedro Hernández - Julio Cuenca.
Salvar Chira-Soria barranco de Arguineguín. SOS Gran Canaria.
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