Acaso envueltos en un remolino... Y una cuestión lingüística

Nicolás Guerra Aguiar

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1. ¿Responsabilidad pública o militante? Hay en nuestra realidad política canaria, estimado lector, alguna novedad muy nueva que mis limitadísimas células grises no han conseguido descifrar (¡tampoco es tan difícil... dado su propietario!, juraíto). Puede deberse -y seguramente es así- a mi torpeza comprensiva, limitación intelectual con que Natura me definió para la vida (bastante jeringona, por cierto, la tal decisión: una puñeta, un desarreto).

 

Cabe una segunda hipótesis: que desde la perspectiva práctica, desideologizada por algunos partidos políticos, no les interesen a sus componentes rigurosos planteamientos estéticos. Se acuerdan laxitudes, relajamientos o miradas para otro lado (“Te digo que no vale / meter el sueño azul bajo las sábanas”. Agustín Millares). Y los practican como oposición a todo aquello que signifique impedimento para la llegada de la organización al poder. Y en casos personales para mantenerse en él (cuatrienio tras cuatrienio...) mientras actúan con muy llamativas contradicciones extrañas al orden natural de las cosas.

 

Así, por ejemplo, un caso muy concreto: el Gobierno de Canarias aprueba su asistencia a una muy importante reunión con el Consejo de Política Fiscal y Financiera celebrada días atrás. Tema central: el reparto de unos cuantos millones entre las comunidades autónomas. La delegación canaria asiste y, oh sorpresa, podrá salir beneficiada: nuestra tierra pasaría de los seiscientos millones actuales a mil trescientos treinta y siete para sus arcas. Tal es así que CANARIAS7 (Sara Toj, 5 / 9) intitula la noticia de forma atractiva y prometedora: “Canarias da el sí a una financiación que blinda sus singularidades y la saca de la ola del Estado”.

 

Y como desde mi rebatible punto de vista se trata de temas relacionados con política fiscal y financiera, obviamente corresponde a la Consejería de Hacienda la asistencia. Consejería de Hacienda, dicho sea con satisfacción, dirigida por la señora Asián, doña Matilde, del PP, socio de CoATIción Canaria (CC) en las tareas de gobierno. (Su currículo como licenciada en Ciencias Económicas y Empresariales, ex *portavoza adjunta del Área Económica en el Congreso, ex viceconsejera de Economía y Asuntos Económicos con la Unión Europea del Gobierno de Canarias… es amplísimo.)

 

No obstante, fue sustituida por la señora Barreto, doña Nieves Lady (CC), consejera de Presidencia, Administraciones Públicas, Justicia y Seguridad. Casi nada conozco de ella, mis fuentes de información se retrasaron. Pero, sin duda alguna, dadas su formación universitaria (licenciada en Derecho) y experiencia pública anterior (alcaldesa, consejera, presidenta del Cabildo palmero...), concluyo que son indiscutibles sus conocimientos políticos.

 

Aun así, me llama la atención tan radical sustitución pues se trata de dos responsabilidades diferentes (insisto: la primera titular lo es de Hacienda; la segunda, de Presidencia…) y militan en distintos partidos políticos: nacional– nacionalista, respectivamente. Pero hay más: la ausencia de la señora Asián coincide (¿casualidad, el acaso, el sino o destino?) con la orden dictada desde las entrañas del PP nacional y la señora Ayuso: debe boicotearse la reunión. Ante lo cual, claro, cabe preguntarse: ¿forzaron a nuestra señora a tal mutis por el foro o, simplemente, cualquier humana enfermedad, malejón o atisbo recomendó su sustitución? (Como ciudadano me interesa.)

 

Si acaso (quizás, tal vez, por casualidad) fue lo primero, entraríamos en una hipotética contradicción: como titular de Hacienda debía asistir; como militante del PP su presencia no hubiera sido bien vista en la estrategia nacional pepera… Y uno, ante tal disyuntiva, recuerda el refranero popular, sabio y riguroso: “Ni tanto ni tan calvo”; “No se puede estar en misa y repicando”…

 

Así, ¿no actuó como consejera del Gobierno canario… pero sí como militante del PP a pesar de que la conveniencia de asistir al Consejo de Política Fiscal no fue discutida y aprobada en cualquier cafetería ante un buchito cafetil de cinco minutos? ¿Qué alegó o alegaron para no estar presente... o para mantenerla ausente? ¿Su presencia podría, acaso, echar por tierra las furibundas críticas peperas al Gobierno si una señora consejera suya lograba tal extraordinario éxito para Canarias? ¿O acaso algún lector de Jean Paul Sartre le planteó como símbolo el título El ser y la nada (ensayo), es decir, “seguir siendo” o desaparecer políticamente?

 

2. ¿”Vicio del lenguaje” según el dictamen *realacadémico? A las 4h-14´- 36,54” del lunes anoté en la agenda la siguiente secuencia lingüística recién oída a un periodista en la radio: “Escúchalos, que luego los puedes hablar” (“los” son dos grandes actores de cine). Y lo hice tan en la del alba ante la posibilidad de olvidarla, cosas de la edad, dicen. (Tiempo ha que dejé de tomar las pastillas recomendadas para mantener la memoria, pues tras seis meses de riguroso acatamiento descubrí su inoperatividad: llamé a mi mujer desde la farmacia, pues no recordaba el nombre comercial de las mismas.)

 

Ahora compro muérdago para guisar, ramitas que en el bosque recolecta Panorámix, druida de la irreductible aldea gala resistente a los embates de las legiones romanas: fortalece el organismo físico y mental de sus paisanos. (Dice Javier Hernández, apreciado exalumno, que surte efecto ¡incluso en Edadepiédrix!, el más antiguo del poblado. Me suena a coñona burla, intencionada maledicencia, puñetero sentido del humor a costa de quienes ya peinamos casi ocho decenios.)

 

Me llamó la atención en el texto oral arriba transcrito la presencia del segundo “los” por más que, aparentemente, parece normal, pues concuerda (masculino plural) con el primer “-los” (“escúchalos”, ‘a ellos’). Y aunque aquel pronombre puede señalar a varones – hembras en otras construcciones (“Atiéndelos a todos, los necesitamos”), ¿debió utilizar el periodista la forma “les” en vez de “los”? ¿Es válida, desde el punto de vista académico, la construcción “que luego los puedes hablar”? ¿Se trata del normativamente rechazado loísmo, incorrecto para los puristas?

 

Loísmo, por cierto, muy presente en zonas peninsulares (centro norte) pero inusual en Canarias, Andalucía y América (doctor Morera Pérez, catedrático de la ULL), donde usaríamos “les” (“escúchales”). ¿Y por qué “les” y no “los” si sabemos que señala a dos actores varones? Es decir, como partimos de la concordancia de género y número (masculino plural), sospecho que sí responde a una legítima presencia marcada desde el inicio: “Escúchalos” (“los” = ‘a ellos’). Por tanto, la cuestión está servida: ¿como en Canarias, Andalucía y América (“les puedes hablar”) o a la manera (“los puedes hablar)” de zonas castellanas donde miles y miles de usuarios construyen como el periodista de la radio?

 

Si la lingüística normativa “ha llenado el mundo del lenguaje de dañinos dogmas y prejuicios” (profesor Morera Pérez); si los usuarios son los propietarios de la lengua y muchas variantes proliferan en zonas distintas de la geografía hispanohablante, ¿cuál es el veredicto, estimado lector?

 

Nicolás Guerra Aguiar

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