No hay fiesta sin grupos, pero en la Romería de El Pino parecen olvidarlo

Moisés Rodríguez Gutiérrez

[Img #40837]Hay cosas que empiezan a resultar difíciles de entender cuando se habla de la Romería de El Pino. Es una de las grandes citas de la cultura popular de Gran Canaria, una celebración que representa nuestras tradiciones, nuestra música y nuestra identidad. Sin embargo, detrás de esa imagen de fiesta existe una realidad que lleva demasiado tiempo sin resolverse y que afecta directamente a una parte imprescindible de la romería: los grupos y, especialmente, las condiciones en las que se organiza su llegada y recogida.

 

Conviene recordar algo que parece olvidarse con demasiada facilidad: no hay fiesta sin grupos. Las agrupaciones ponen la música, los cantadores, los bailadores, los instrumentos y buena parte de la esencia de una romería que no tendría el mismo significado sin su presencia. Su participación se realiza, por norma general, de manera desinteresada y gratuita, aportando sus componentes, músicos, instrumentos, ensayos y todo el trabajo que existe detrás de una actuación. Acuden por compromiso con la tradición y por amor a nuestra cultura popular.

 

Precisamente por eso cuesta comprender cómo se les está tratando.

 

Uno de los principales problemas está en los puntos establecidos para la llegada y recogida. Las guaguas dejan a los componentes en lugares alejados del recorrido y, terminada la romería, toca volver a recorrer largas distancias hasta los vehículos. Puede parecer una cuestión meramente logística, pero después de horas de desplazamiento y participación se convierte en una dificultad importante, especialmente porque muchos componentes son personas mayores, hombres y mujeres que llevan décadas manteniendo vivas nuestras tradiciones.

 

Lo más preocupante es que esta situación no es nueva. Desde hace años se trasladan las dificultades y se plantean soluciones. La Federación de Agrupaciones Folclóricas de Gran Canaria ha intentado que esta problemática sea escuchada, pero las promesas se suceden mientras las soluciones no llegan. Lo que debería haberse corregido hace tiempo continúa sin resolverse.

 

Existen ayuntamientos que sí conocen las necesidades de sus agrupaciones y buscan fórmulas para facilitar su participación. Por eso cuesta entender que en una cita de la importancia de El Pino no pueda existir la misma sensibilidad.

 

El Cabildo de Gran Canaria y el Ayuntamiento de Teror tienen que asumir que las agrupaciones no son un elemento decorativo ni un número más dentro de un programa. Son parte fundamental de la romería y de la tradición que se pretende preservar.

 

También debería hacerse una reflexión sobre el futuro. Los grupos han acudido durante años por compromiso con la tradición, pero ningún compromiso es infinito cuando las dificultades se acumulan y las soluciones nunca llegan. Puede llegar un momento en el que una agrupación decida no volver, especialmente cuando entre sus componentes hay personas mayores para las que estas condiciones suponen un esfuerzo añadido.

 

Cuando eso ocurra, no será justo culpar a los grupos. No será falta de compromiso con El Pino, sino el resultado de años de promesas y problemas sin resolver.

 

Acercar los puntos de llegada y recogida, reducir las distancias y facilitar los desplazamientos de las personas mayores no parece una exigencia desproporcionada. Son medidas básicas para una organización que tenga en cuenta también a quienes hacen posible la romería.

 

Además, hay algo que ya no debería servir como respuesta automática: la excusa del plan de seguridad ya no cuela. La seguridad es una prioridad y nadie cuestiona que una celebración de esta magnitud necesite restricciones y planificación. Precisamente por eso resulta difícil aceptar que pueda utilizarse año tras año para justificar unas condiciones que afectan directamente a los grupos. Si el problema está identificado y se aborda dentro de la organización, lo que corresponde es buscar una solución.

 

Desde la Federación de Agrupaciones Folclóricas de Gran Canaria se ha insistido en ello. Ha habido conversaciones, propuestas y promesas, pero demasiadas veces todo termina en saco roto.

 

El Pino es una cita legendaria y merece una organización a la altura de lo que representa. No basta con hablar de cultura, tradición e identidad cuando llega septiembre. También hay que cuidar a quienes mantienen esa cultura durante todo el año.

 

Aquí ya no valen más promesas.

 

El Cabildo de Gran Canaria y el Ayuntamiento de Teror tienen que sentarse con la Federación y con los propios grupos, escuchar sus demandas y poner soluciones concretas sobre la mesa para la próxima Romería. Hay que revisar los puntos de llegada y recogida, acercarlos todo lo posible al recorrido y garantizar unas condiciones dignas de participación.

 

No se puede esperar a que un grupo decida no volver para entonces preguntarse qué ha pasado. La solución tiene que llegar antes.

 

Porque no hay fiesta sin grupos, y si de verdad queremos que El Pino siga siendo una cita legendaria, no podemos seguir poniendo obstáculos precisamente a quienes hacen posible que lo siga siendo.

 

Los grupos llevan años cumpliendo con su parte. Ahora les toca a las instituciones cumplir con la suya.

 

Moisés Rodríguez Gutiérrez

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