La llamada que puede llegar años después
Inscribirse como donante de médula puede parecer un gesto lejano, hasta que aparece una compatibilidad y ese nombre guardado en un registro se convierte en una oportunidad de vida.
Hay decisiones que ocupan unos minutos y pueden conservar su importancia durante muchos años. Inscribirse como posible donante de médula ósea es una de ellas.
Este 4 de septiembre, Día Mundial contra la Leucemia, Canarias vuelve a recordar la necesidad de ampliar y rejuvenecer su registro de donantes. Las islas cuentan con 16.480 personas registradas y España cerró 2025 con 520.850.
Durante el pasado año, la Fundación Canaria Alejandro Da Silva colaboró en la incorporación de 921 nuevos donantes en Canarias, según los datos divulgados con motivo de esta jornada.
Las cifras permiten conocer la dimensión del registro, pero no explican completamente lo que significa esperar una donación compatible.
Detrás de cada número existe una historia. Una familia que recibe un diagnóstico que no esperaba. Un niño que deja temporalmente el colegio. Una madre que aprende términos médicos que nunca quiso conocer. Un paciente que intenta mantener la esperanza mientras los profesionales buscan en distintos países a una persona compatible.
La enfermedad modifica la vida de quien recibe el diagnóstico y también la de quienes lo rodean. Cambian los horarios, las prioridades, las conversaciones y la manera de mirar el futuro. Las familias comienzan a vivir entre pruebas, consultas, tratamientos y resultados.
En medio de esa incertidumbre puede aparecer la posibilidad de un trasplante. Entonces cobra importancia una persona desconocida que, meses o años antes, decidió inscribirse en un registro.
Quien se registra posiblemente nunca reciba una llamada. La compatibilidad entre dos personas es poco frecuente. Precisamente por eso se necesita un número amplio y diverso de donantes.
No se trata de acumular cifras para presentar buenos resultados una vez al año. Se trata de aumentar las posibilidades reales de quienes esperan.
Los organismos especializados insisten especialmente en la incorporación de donantes jóvenes. No obstante, cualquier persona interesada debe informarse mediante los canales sanitarios oficiales para comprobar los requisitos y conocer correctamente el procedimiento.
Todavía existen muchos miedos y creencias equivocadas alrededor de la donación de médula. Algunas personas imaginan intervenciones extremadamente dolorosas o consecuencias permanentes porque conservan referencias antiguas o incompletas.
La información sanitaria rigurosa es la mejor forma de combatir esos temores. Inscribirse debe ser una decisión consciente, libre y responsable. La solidaridad no consiste en ocultar el proceso, sino en explicarlo con claridad para que cada persona pueda decidir.
También es importante comprender que formar parte del registro representa un compromiso. Cuando aparece una compatibilidad, al otro lado puede existir una persona cuya oportunidad depende de que el donante mantenga su decisión. Por eso no debe hacerse impulsivamente ni como un gesto simbólico para una fotografía.
La solidaridad suele representarse mediante acciones extraordinarias, pero casi siempre se construye de una manera más discreta. Alguien dona sangre sin saber quién la recibirá. Otra persona firma el documento necesario para ser donante de órganos. Alguien entra en el registro de médula sin conocer al paciente al que quizá pueda ayudar.
No existe una fotografía conjunta. Puede que nunca haya un agradecimiento personal. Existe algo más profundo: la decisión de ayudar a una persona desconocida simplemente porque su vida importa.
En Canarias debemos reconocer el trabajo realizado durante décadas por la Fundación Canaria Alejandro Da Silva. Su origen se encuentra en la experiencia de una familia cuyo hijo fue diagnosticado de leucemia cuando tenía siete años.
De aquella situación dolorosa nació una entidad que continúa acompañando a pacientes, sensibilizando a la población e impulsando la captación de donantes.
Eso también merece ser contado. Algunas personas consiguen transformar su sufrimiento en una red de ayuda para los demás. No porque el dolor desaparezca, sino porque deciden que ninguna familia debería recorrer el mismo camino completamente sola.
Las asociaciones cumplen una labor que en muchas ocasiones no se ve. Informan, acompañan, escuchan, ayudan con desplazamientos, orientan a las familias y ofrecen un espacio donde no es necesario explicar desde el principio todo lo que se está viviendo.
El apoyo emocional es fundamental. La atención médica se dirige a la enfermedad, pero la persona necesita también sentirse escuchada y acompañada. Sus familiares pueden experimentar miedo, agotamiento, culpa e incertidumbre. Cuidarlos también forma parte de una respuesta humana.
El Día Mundial contra la Leucemia sirve para dar visibilidad, pero la necesidad permanece cuando terminan los actos y desaparecen las publicaciones de las redes sociales.
Hoy podemos compartir una campaña, colocar un lazo o expresar nuestro apoyo. Todo ayuda. Pero también podemos dar un paso más: informarnos y preguntarnos si cumplimos las condiciones para formar parte del registro.
Los medios de comunicación tenemos igualmente una responsabilidad. Debemos contar estas historias sin explotar el dolor, ofrecer información verificada y recordar que detrás de cada campaña existen personas reales.
Quizá quien se inscriba hoy nunca reciba una llamada. Quizá la reciba dentro de varios años, cuando apenas recuerde el día en el que tomó aquella decisión.
Y quizá, al otro lado, una familia esté esperando precisamente esa compatibilidad.
No conoceremos su nombre, su rostro ni todo lo que ha tenido que superar. Será suficiente con saber que alguien ha podido continuar escribiendo su historia.
En ocasiones, la esperanza puede comenzar con un nombre guardado silenciosamente dentro de un registro.
Vidal Bolaños Betancort






























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