Cuando la alcaldía pesa menos que el voto: el gesto de Domingo Mendoza Tacoronte, en Gáldar

Juan Reyes González

[Img #5587]En política se suele elegir el sillón. En Gáldar, Domingo Mendoza eligió, en su momento, el voto. Renunció a la alcaldía para que gobernara quien ganó.

 

En política local hay decisiones que se explican con números y otras que solo se explican con principios. La que tomó Domingo Mendoza Tacoronte, con su Formación Política en Gáldar, pertenece a las segundas.

 

Tras las elecciones municipales de 1999, la aritmética le sonreía. La lista más votada había sido la del PSOE liderada por Demetrio Suárez, pero no tenía mayoría suficiente. Frente a eso, tres Formaciones Políticas, le pusieron sobre la mesa a Mendoza lo que cualquier político local sueña: un pacto de mandato a cuatro, que le entregaba la alcaldía de Gáldar.

 

Domingo tenía en ese momento, el poder. Lo podía firmar, y dijo que no. Prefirió facilitar el gobierno del PSOE; la Formación Política, que los vecinos habían colocado en primer lugar, aunque eso supusiera para su Partido, entrar sin alcaldía.

 

Y ese, “no”, no me cabe la menor duda, valía más que mil discursos sobre regeneración.

 

Un pacto a cuatro, es un cheque en blanco. Te da la vara de mando, te da áreas, te da cuatro años de gestión. Y además te permite gobernar, "a pesar" del ganador. Es la vieja política de los despachos: la suma da, así que se gobierna.

 

Pero Mendoza, a pesar de que miró esa oferta, eligió otra suma: la del respeto al voto.

 

Renunciar a la alcaldía no es un gesto menor, en un municipio como Gáldar. Es renunciar al símbolo máximo, a la foto, a la capacidad de marcar agenda desde el minuto uno. Es aceptar ser socio menor para que el mayor gobierne.

 

En tiempos de frentismo y de bloques, eso se parece mucho a altura de miras.

Este acuerdo, fue muy relevante para Gáldar, porque, nuestro municipio, no necesitaba para nada, un gobierno de equilibrios precarios. Necesitaba estabilidad para gestionar servicios, inversiones y el día a día de más de 22 000 vecinos.

 

Un gobierno de cuatro partidos distintos, unidos solo por quitarle la alcaldía al PSOE, habría nacido en aquellos momentos, débil. Con vetos cruzados, con agendas distintas, con la sensación de que el gobierno no respondía a lo que había salido de las urnas.

 

Al apoyar al PSOE, Mendoza optó por darle coherencia al resultado electoral. Y pensó: "los vecinos votaron mayoritariamente al PSOE, pues que gobierne el PSOE"; y mi partido entrará para aportar, no para condicionar.

 

Eso da gobernabilidad. Y en lo local, la gobernabilidad se traduce en calles asfaltadas, en ayudas que llegan, en proyectos que no se paran cada seis meses.

 

Sin embargo, el coste político para su partido fue evidente: dejó pasar la alcaldía. En política eso se paga. Sus socios de la otra orilla, me imagino que lo llamarían ingenuo y no me cabe la menor duda, de que los suyos le preguntarían si no era el momento.

 

Pero el beneficio institucional fue mayor: Gáldar evitó un gobierno de pinza. El PSOE gobernó con la legitimidad del voto y con el apoyo de un partido que conocía bien el municipio.

 

Para mí, Mendoza con su decisión, envió dos mensajes. Uno, al exterior: "Aquí se respeta al que ganó"; y otro al interior de su Partido: "Podemos ser decisivos sin necesidad de la alcaldía".

 

Esta fue una lección que sobrepasó los límites geográficos de Gáldar. Estábamos acostumbrados a que la política se midiera en sillones; es decir, quien más sillones suma, gana.

 

Y lo de Mendoza fue una excepción que debería ser norma: a veces el mejor servicio que puedes hacerle a tu municipio es no ocupar el sillón principal, para que lo ocupe quien los ciudadanos eligieron primero.

 

No fue una traición porque no había pacto firmado. Fue una renuncia. Y renunciar al poder cuando lo tienes a un folio de distancia es el ejercicio de responsabilidad más difícil que existe.

 

Pudo ser alcalde. Prefirió que Gáldar tuviera un gobierno estable y alineado con el voto. En los cuatro años de mandato se vio, a mi juicio, que esa decisión fue rentable para el pueblo. Pero desde el primer momento ya fue rentable, sin lugar a dudas, para la democracia local; porque demostró que en Gáldar la alcaldía podía esperar; pero el respeto al voto, de ninguna manera.

 

Juan Reyes González
 

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