Imagen: Daniel MeliánHay imágenes que no necesitan demasiadas explicaciones porque encuentran la manera de hablar por sí solas. Esta fotografía de la Playa de El Agujero es una de ellas. El mar, el cielo y las nubes parecen haberse puesto de acuerdo para borrar por un instante la distancia que existe entre ellos.
Sobre el horizonte, las nubes avanzan lentamente bajo un cielo abierto. Debajo, el océano recoge sus formas y las devuelve transformadas por el movimiento de las olas. El agua se convierte en un enorme espejo donde el cielo parece reconocerse, aunque nunca consiga conservar demasiado tiempo aquello que refleja.
De ahí nace la pregunta: ¿quién refleja a quién?
A primera vista parece sencillo. Son las nubes las que se reflejan sobre el mar. Basta detenerse unos segundos para comprobar que la respuesta no resulta tan evidente. El cielo se contempla en el océano y el océano, convertido en espejo, parece devolverle una parte de sí mismo.
Las olas rompen sobre las piedras de la Playa de El Agujero y hacen que ese reflejo cambie constantemente. Una nube aparece sobre el agua, se alarga, se rompe con una nueva ola y vuelve a desaparecer. Nada permanece igual. La fotografía consigue detener un instante, pero el paisaje continúa moviéndose delante de ella.
Quizá ahí esté la verdadera belleza de esta escena. En ese diálogo silencioso entre lo que está arriba y lo que permanece abajo. En unas nubes que recorren libremente el cielo y en un mar que, durante unos instantes, consigue atraparlas sobre su superficie.
Las piedras permanecen firmes mientras el agua va y viene. Las nubes siguen su camino. El mar cambia con cada ola. Todo parece tener un movimiento diferente y, sin embargo, durante ese instante capturado por la cámara, todo encaja.
La Playa de El Agujero se convierte así en un lugar donde resulta difícil saber dónde termina el cielo y dónde comienza el mar. El horizonte pierde protagonismo y el reflejo hace el resto. Arriba y abajo parecen formar parte de una misma imagen.
Quizá la fotografía no pretenda responder a la pregunta. Quizá simplemente quiera dejarla ahí, suspendida sobre el agua: ¿quién refleja a quién?
Las nubes se miran en el mar. El mar devuelve su imagen. La luz une ambos mundos y las olas se encargan de recordar que nada permanece para siempre.
Al final, queda solo contemplar la escena. Tal vez las nubes se reflejen en el mar. Tal vez sea el mar quien nos enseñe a mirar el cielo de otra manera.
Porque hay paisajes que no necesitan respuestas. Solo necesitan que alguien se detenga frente a ellos y mire un poco más.
Moisés Rodríguez Gutiérrez
Foto: Daniel Melián




























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