Dibujo original de Eugenio Aguiar y cedido a Infonortedigital para su publicación en la edición de 2026Hay ruidos que interrumpen el tiempo y hay sonidos que lo devuelven a su sitio. El ensordecedor retumbar de los bucios y el batir de los tambores y las cajas de guerra cruzando las calles de Santa María de Guía no pertenecen a la categoría de la simple fiesta urbana; son, en esencia, una grieta en la prisa contemporánea. Nos devuelven a 1811, al miedo tangible de una comarca que vio arruinarse sus campos bajo la sombra de la langosta y que, con la promesa a la Virgen en Montaña de Vergara, solo encontró refugio en la fe y en la promesa.
Celebrar Las Marías en este 2026 sigue siendo un ejercicio de resistencia cultural. En un archipiélago donde muchas expresiones populares han derivado hacia el espectáculo despersonalizado o el consumo rápido, Guía de Gran Canaria mantiene firme la columna vertebral de su memoria. El manto verde de la Virgen no es solo una pieza litúrgica; es el símbolo de una alianza colectiva entre el campesino de las medianías y su tierra, un compromiso que la Mayordomía ha sabido custodiar de generación en generación sin desvirtuar su esencia.
La Bajada de la Rama desde Vergara conserva ese sabor puro que pocos festejos logran retener. Cortar el poleo, el pino y el eucalipto, y bajar bailándolos hacia el templo no responde a una coreografía impostada, sino al orgullo de saberse herederos de una promesa que ya cumple más de dos siglos. Cuando la caracola marina, el bucio, suena en la plaza, no se celebra solo una fecha en el calendario: se homenajea el sudor de quienes nos precedieron y la solidaridad de un pueblo que aprendió a compartir sus frutos cuando las cosas venían mal dadas.
Mantener intacta la dignidad de Las Marías —desde la exigencia en el vestir el traje tradicional hasta el respeto por el sentido religioso y comunitario de la ofrenda— no es nostalgia ni inmovilismo. Es, sencillamente, autoestima comarcal. Mientras el Norte y Guía de Gran Canaria sigan reuniéndose cada septiembre al compás del tambor, los bucios... y las ramas, la historia de Vergara, la promesa de todo un pueblo, seguirá estando a salvo del olvido.





























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