A principios de agosto, las imágenes de unas palmeras canarias emparedadas en hormigón en Vallehermoso, La Gomera, dieron la vuelta a las redes sociales y situaron en el centro del debate un modelo muy made in Canarias de intervención en el paisaje: uno que no integra la naturaleza, sino que insiste en luchar contra ella. Desafortunadamente, este modelo no es nuevo, ya que desde hace tiempo, preferimos el hormigón a lo verde.


























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