![[Img #37008]](https://infonortedigital.com/upload/images/02_2026/9821_7977_6081_guayarmina.jpg)
Ay, la hemeroteca. Ese cementerio de coherencias donde algunos políticos terminan encontrándose con la persona que fueron antes de conseguir un despacho, una dedicación exclusiva y un lugar reservado en la fotografía institucional.
Uno puede borrar publicaciones de las redes sociales, cambiar de partido, descubrir vocaciones repentinas y hasta reconstruir su biografía con el entusiasmo de quien reforma una vivienda antigua, pero siempre queda alguna frase mal enterrada que regresa para recordar que antes de abrazar el poder hubo un tiempo en que se opinaba sobre él.
El 9 de enero de 2014, el entonces director de un medio local publicó un artículo titulado La que mucho abarca y poco aprieta. La pieza atacaba a la alcaldesa de Agaete porque compatibilizaba la Alcaldía con la Consejería de Transportes del Cabildo de Gran Canaria. Aquello le parecía excesivo, irresponsable y casi incompatible con una gestión decente. Dos cargos concentrados en una misma persona constituían, según aquella doctrina, una prueba evidente de que a la dirigente le venían grandes ambas responsabilidades.
El articulista no se anduvo con delicadezas. Le reprochó que hubiese perjudicado a los vecinos de Piso Firme con una modificación del servicio de guaguas, aseguró que había tenido que recular por la presión vecinal y la intervención del alcalde de Gáldar, y la acusó de intentar disfrazar la rectificación mediante un comunicado institucional. Le parecía intolerable que una Administración creara un problema y después presentara su solución como un maravilloso avance. Aquello era, a su juicio, “jugar a la política del descaro”.
Lo escribió alguien que, por entonces, todavía contemplaba el Ayuntamiento desde fuera. Faltaba algo más de un año para que descubriera que su verdadera vocación no consistía únicamente en analizar la política local, sino en incorporarse al mismo gobierno al que dedicaba sus elogios.
La independencia periodística tomó asiento en la candidatura municipal y el severo vigilante del poder terminó convertido en una de sus piezas principales. Debió de ser una evolución natural, como cuando el crítico gastronómico prueba tantas veces el menú que finalmente acaba entrando en la cocina y cobrando del restaurante.
La hemeroteca se vuelve particularmente maliciosa cuando comparamos aquella indignación con la situación actual. La alcaldesa de Agaete acumulaba una alcaldía y una consejería insular, circunstancia que al articulista le parecía suficiente para aplicarle el refrán.
El actual alcalde de Gáldar, en cambio, puede ser simultáneamente alcalde, vicepresidente segundo del Cabildo de Gran Canaria y consejero de Presidencia y Movilidad Sostenible sin que el antiguo cazador de incompatibilidades experimente la menor inquietud.
Donde antes veía dos cargos insoportables, ahora contempla tres responsabilidades perfectamente compatibles. Donde antes denunciaba falta de atención, ahora encuentra liderazgo institucional. Donde antes observaba ambición política, ahora descubre entrega a los ciudadanos.
El problema nunca fue que alguien abarcara demasiado, sino que los cargos estuvieran ocupados por una persona que no pertenecía a su círculo político.
Puede que el refrán también disponga de carné. Quizá “quien mucho abarca, poco aprieta” solo sea aplicable a determinadas siglas, municipios y dirigentes, mientras que en Gáldar exista una versión especial según la cual quien mucho abarca posee una capacidad de trabajo prodigiosa.
La alcaldesa de Agaete no podía atender adecuadamente dos responsabilidades, pero el alcalde galdense puede dirigir un municipio, ocupar una vicepresidencia insular y gestionar una consejería del Cabildo sin despeinarse. Debe de ser una cualidad exclusiva que se adquiere con las mayorías absolutas y se perfecciona posando para las fotografías.
La contradicción alcanza dimensiones artísticas cuando observamos que el autor de aquella crítica tampoco se ha quedado precisamente escaso de responsabilidades. En la actualidad ocupa la primera tenencia de Alcaldía y reúne Presidencia, Cultura, Fiestas, portavocía municipal y dirección política local. La lista es tan extensa que parece menos una distribución de áreas que un inventario de posesiones.
Sin embargo, ya no se habla de acumular, abarcar ni apretar. Ahora se emplean palabras mucho más elegantes, como coordinación, transversalidad, confianza y capacidad de gestión.
Así funciona el milagro del lenguaje institucional. Cuando una adversaria reúne dos cargos, los acumula; cuando los reúnen los nuestros, asumen responsabilidades. Cuando una adversaria rectifica, recula; cuando rectifica el gobierno propio, escucha a los vecinos.
Cuando otro partido envía comunicados, intenta engañar a la ciudadanía; cuando lo hace el Ayuntamiento de Gáldar, informa con transparencia. Y cuando alguien ajeno aparece constantemente en las fotografías, busca protagonismo, mientras que si aparece uno de los elegidos simplemente acompaña, supervisa, impulsa, visita, conoce, comprueba, presenta y celebra.
En aquel artículo de 2014 se denunciaba que una institución quisiera “transformar la realidad a golpe de comunicados”.
Resulta difícil imaginar una frase que haya envejecido con mayor precisión. El Ayuntamiento de Gáldar ha convertido ese método en una disciplina propia. La realidad municipal ya no necesita ser extraordinaria; basta con que pueda fotografiarse desde un ángulo favorable y acompañarse de un titular suficientemente entusiasta.
Se instalan seis farolas y la propaganda parece anunciar el final definitivo de las tinieblas. Se inauguran unas escaleras y solo falta cortar la cinta con la solemnidad de una infraestructura ferroviaria. Se mantiene una reunión y la nota de prensa la presenta como un paso decisivo para transformar el municipio. Se promete durante años un auditorio que no llega y cada nueva campaña permite “continuar realizando las gestiones”. La obra puede esperar, pero el comunicado siempre cumple los plazos.
Aquello que en 2014 era manipulación informativa se ha convertido en el combustible cotidiano de la maquinaria municipal. La nota de prensa no explica la realidad, sino que la maquilla, la ilumina, le coloca purpurina y la sitúa entre dos cargos públicos con las manos cuidadosamente entrelazadas. Después llega la fotografía, siempre indispensable, porque en Gáldar parece que nada existe hasta que los responsables municipales posan delante.
El antiguo articulista también afirmaba que acumular cargos significaba acumular responsabilidades ante los ciudadanos. Esa frase merece ser reproducida en una placa y colocada en el despacho que hoy ocupa. Serviría para recordar que cuantas más áreas controla una persona, más explicaciones debería ofrecer por los retrasos, las carencias y las promesas incumplidas. No resulta coherente aparecer en todas las fotografías cuando llegan los aplausos y disolverse dentro del grupo de gobierno cuando aparecen las preguntas.
La acumulación de poder tiene otra ventaja maravillosa: permite que casi todo pase por las mismas manos y que, al mismo tiempo, nadie parezca responsable de nada. Si una actuación sale bien, encontramos inmediatamente al alcalde y a su principal colaborador explicando el éxito. Si se retrasa, aparece una sucesión de trámites, administraciones, informes, dificultades técnicas y circunstancias sobrevenidas. El mérito siempre tiene rostro; la responsabilidad, en cambio, suele presentarse como una fuerza abstracta de la naturaleza.
No existe inconveniente legal en que un alcalde sea también consejero y vicepresidente del Cabildo. Tampoco es necesariamente censurable que un concejal gestione varias áreas. Lo obsceno es haber utilizado esa misma circunstancia para desacreditar personalmente a una adversaria y guardar después un silencio reverencial cuando los cargos comenzaron a repartirse entre los amigos. Si aquello era malo en 2014, corresponde explicar por qué ahora es admirable. Y si ahora resulta perfectamente legítimo, habrá que reconocer que aquella crítica no nació de la preocupación institucional, sino de la conveniencia política.
Pero reconocerlo exigiría algo que no suele abundar en las inmediaciones del poder: memoria y coherencia. Resulta más cómodo actuar como si el artículo nunca hubiera existido, confiar en que nadie lo encuentre y continuar impartiendo lecciones desde el otro lado del mostrador. El inconveniente es que la hemeroteca no recibe subvenciones, no necesita invitaciones para los actos institucionales y tampoco sale favorecida en las fotografías. Conserva las palabras sin preguntar si todavía resultan convenientes.
Ay, la hemeroteca. En 2014, una alcaldesa y consejera abarcaba demasiado y no apretaba lo suficiente. En 2026, un alcalde, vicepresidente y consejero insular representa una extraordinaria concentración de talento. Y quien escribió aquella crítica acumula hoy tantos cargos y competencias que necesitaría varias tarjetas de visita para imprimirlos todos sin reducir el tamaño de la letra.
Quizá el refrán estuviera incompleto.
Quien mucho abarca, poco aprieta, salvo que sea de los nuestros. En ese caso, quien mucho abarca coordina; quien mucho manda lidera; quien mucho aparece comunica; y quien mucho cambia de criterio evoluciona. Después se redacta una nota de prensa, se convoca al fotógrafo y se presenta la incoherencia como otro logro histórico del municipio.
Guayarmina Guanarteme
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