Aznar en Ceuta y el cambio de discurso de vivas: de la lealtad al aprovechamiento

Juan Reyes González

[Img #5587]A las 12:45 de ayer, jueves, José María Aznar firmó en el Libro de Honor de Ceuta. Veintiséis años después de su única visita, en campaña electoral, como presidente del Gobierno, en enero de 2000. Ha entrado, según recoge la prensa local, "entre aplausos y vítores" de un grupo de vecinos.

 

No es un dato menor. Anteanoche, Ceuta vivió su noche más tensa en 27 días: de 12 a 5 de la madrugada hubo que usar gases lacrimógenos para impedir que algunos vecinos desmantelaran el campamento del Trampolín y se produjo una emboscada a una patrulla militar con 12 detenidos. Y es que se han detectado grupos organizados de personas encapuchadas con barras que hacen pensar que no quieren la vuelta a la normalidad; en tanto que, agreden a inmigrantes y también a ceutíes que reparten comida. Y pienso yo, que si en ese contexto se aplaude a un expresidente dice mucho del grado de desesperación de una parte de la ciudad. No obstante, la visita a nivel general ha tenido una acogida fría y muy dividida, como todo, ahora mismo; pero eso sí, no ha habido recibimiento multitudinario ni rechazo organizado a Aznar en la calle.

 

Aznar no fue como expresidente del Gobierno. Fue como presidente de FAES, su fundación privada (Fundación que se define como laboratorio de ideas del Partido Popular). Y su mensaje ha sido el de FAES desde el 31 de julio: "En Ceuta se ha violado la integridad territorial de España", "quien asalta nuestra frontera no puede permanecer en territorio nacional", "la soberanía nacional no tiene vacaciones", "solo cabe la firmeza, la debilidad es siempre provocadora".

 

Es nada más y nada menos que el discurso de 2002. El de Perejil. Y conecta con una Ceuta que se siente abandonada, con una vecina de 66 años diciéndole llorando a la ministra de Defensa Margarita Robles, "me siento abandonada, tengo miedo".

 

Pero el hecho político más relevante de hoy no es Aznar. Es el cambio de discurso del presidente ceutí, Vivas.

 

Vivas ha sido durante 25 años el dique de contención institucional más leal que ha tenido el Estado en Ceuta. Presidente desde 2001, ha contenido siempre la indignación ceutí, para no romper con Moncloa, gobierne quien gobierne. Durante las dos primeras semanas de esta crisis, 72.000 entradas en 48 horas, parece ser, que más de 5.000 personas aún en la ciudad, 1.000 menores tutelados con más de cien niñas de 11 a 14 años en dos colegios, su discurso fue de lealtad: pedir mando único, pedir Ejército, pero sin señalar. Ese discurso se rompió recientemente.

 

Vivas dijo recientemente, dos cosas nuevas. Primero, que las 1.800 plazas temporales que el mando único que dirige Ángel Víctor Torres quiere habilitar en Loma Margarita serán temporales, intentando calmar a su calle; y segundo, y más importante, aplaudió explícitamente las manifestaciones vecinales que cada día son más tensas, hasta el punto de que ya se han producido agresiones a periodistas. Dijo textualmente: "Creo que la sociedad ceutí está legitimada, hace bien en manifestarse". Esto es un giro radical para quien siempre pidió calma.

 

Y no es un giro espontáneo. Sospecho que es un giro obligado. No se debe excusar a Vivas por ese cambio de discurso. Podría ser comprensible humanamente, porque lleva 25 años sosteniendo una ciudad del tamaño del Retiro; pero, para nada es justificable institucionalmente.

 

Si Vivas ha pasado en 48 horas de decir "estamos trabajando juntos con el Gobierno" a aplaudir manifestaciones que acaban con cargas policiales, no es porque Ceuta haya cambiado en 48 horas. Probablemente, será porque desde su partido le habrán “tirado de las orejas”.

 

Me hace pensar que Génova necesita que Ceuta sea la prueba del "abandono" del Gobierno. Feijóo fue el 7 de agosto y pidió el confinamiento de la población sin datos que lo amparasen. FAES habló de "actitud claudicante". Si Vivas mantiene el perfil de lealtad institucional, el relato nacional del PP se cae. Por eso creo yo, que Aznar anunció su visita 24 años después.

 

Ahora, sí hay sintonía. Aznar dice "solo cabe la firmeza", Vivas dice "la gente hace bien en manifestarse", Feijóo pide elecciones anticipadas por Ceuta. Todo en 24 horas.

 

El problema es que esa sintonía con su partido le rompe la sintonía con la ciudad que tiene que gobernar. Porque la Ceuta real, la de los 9.000 policías y militares yendo de un lado a otro cada hora para que no estalle, no necesita firmeza retórica. Necesita desescalada; necesita que no haya más noches como la de anteanoche. Y la firmeza retórica, como decía ayer El País con acierto, ni es gasolina ni es cerilla, pero aleja el extintor.

 

Ceuta no se salvará con gestos de trinchera. Se salvará si entendemos que las autonomías también son Estado y deben acoger, como sabemos bien en Canarias; que sin Marruecos no hay solución en la frontera, y que un presidente de Ceuta no puede ser el único cortafuegos del Estado.
 

Pero lo diré con claridad: si convertimos a Ceuta en un escenario para ajustar cuentas entre Madrid y Génova, no estaremos ayudando a Ceuta. Estaremos ayudando a nuestros partidos. Y Ceuta no necesita que la ayuden nuestros partidos. Necesita que la ayude, sin duda alguna, el Estado.

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