Ceuta nos interpela a todos
Escribo estas líneas desde Gáldar, desde la otra orilla española y frontera en el Océano Atlántico, consciente de que lo que sucede en Ceuta no es un asunto ajeno a Canarias. Lo que ocurre allí es, sin duda alguna, una cuestión de Estado que nos interpela como país. Hay ciudades que son termómetro de un país. Ceuta, estos días, supongo que será fiebre de 40 grados.
Si alguien que aterrizara hoy, 24 de agosto de 2026, en Ceuta sin haber leído nada, vería dos ciudades distintas. En el centro, terrazas bastante ambientadas, policías en cada esquina, una calma cosmética. A tres kilómetros, en la playa del Trampolín, en Loma Colmenar, en las puertas del CETI, la otra Ceuta: 2.500 personas según el Ministerio del Interior, entre 3.000 y 6.000 según el presidente ceutí, durmiendo en campamentos montados por el Ejército de Tierra.
Los datos oficiales a día de hoy, 24 de agosto de 2026, son elocuentes. El 30 y 31 de julio Ceuta vivió la mayor presión migratoria de su historia reciente. El Ministerio del Interior cifró en 72.000 las entradas producidas en apenas 48 horas, con un retorno inmediato de la inmensa mayoría. Hoy, según las mismas fuentes oficiales, permanecerían en la ciudad alrededor de 2.500 personas; sin embargo, la Ciudad Autónoma y las entidades que trabajan sobre el terreno elevan esa cifra a una horquilla de entre 3.000 y 6.000 personas. Sea cual sea la cifra exacta, la tragedia humana es incuestionable, con decenas de vidas perdidas en el intento de alcanzar nuestras costas.
Desde entonces, la respuesta del Estado se ha articulado, a mi juicio, en dos planos.
En el plano de la seguridad, el dispositivo fronterizo ha sido reforzado con 900 agentes de la Policía Nacional y 700 efectivos de la Guardia Civil, 500 más que los existentes durante los días críticos. Además, en coordinación con las autoridades marroquíes, que dicho sea de paso, incrementaron su presencia en Fnideq y en la carretera de acceso desde Tánger, se ha desplegado una barrera flotante de 500 metros en el espigón del Tarajal. Una infraestructura que, con una altura de 30 a 70 centímetros sobre el agua, permite adecuar la actuación en frontera a lo establecido por el Tribunal Supremo en materia de rechazo fronterizo. Gracias a este dispositivo se han contenido nuevos intentos masivos detectados tras llamamientos en redes sociales, que el Centro Nacional de Inteligencia calificó como creíbles.
En el plano humanitario, el esfuerzo es ingente. El Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI), con capacidad para 512 personas, alberga hoy a más de 700. Para descongestionar esta situación, el Gobierno de España, a través del Ministerio de Inclusión, ha activado 1.800 plazas temporales en Loma Margarita, El Embolsamiento y otros espacios cedidos por Defensa, con la gestión de entidades acreditadas como Accem.
Asimismo, la playa del Trampolín, que durante días acogió a miles de personas, ha sido liberada dos veces; a día de hoy, se estima que han vuelto a acampar aproximadamente unos 500 migrantes que han vuelto a levantar campamentos improvisados con mantas y telas tras los desalojos; y que ahora mismo, parece ser, que muchos de ellos, se niegan a abandonar la playa, al considerar que es el único punto visible de presión para conseguir una de las plazas de los centros de acogida provisionales. No obstante, aunque persisten los asentamientos, la Policía Nacional destruyó las estructuras más sólidas hechas con maderas, ramas y cartones; si bien, el flujo de retorno a la playa sigue alimentándose debido probablemente a que los campamentos de Loma Margarita y Loma Colmenar ya presentan problemas de ocupación y algún tipo de deficiencia en algunas zonas.
Y no puedo dejar de referirme, con especial preocupación, a los menores. Ceuta tutelaba 180 menores antes de esta crisis. Hoy tutela cerca de un millar. Son niños y niñas, muchas de ellas de entre 11 y 14 años, que han requerido la habilitación urgente de dos colegios, el Príncipe Felipe y el Reina Sofía. Como canario, que tiene conocimiento de lo que supone la tutela de menores migrantes, sé que ningún territorio puede asumir solo semejante carga. La solidaridad interterritorial no es una opción, es una obligación constitucional.
En este contexto, quiero poner en valor el papel de la Corona. El pasado 7 de agosto, S.M. el Rey Felipe VI recibió en audiencia en el Palacio de Marivent al Presidente de Ceuta, ni que decir tiene, que fue un gesto de Estado. El Rey, que sigue con preocupación los acontecimientos, transmitió su apoyo y su compromiso de visitar Ceuta, una visita que, de producirse, sería, si no me falla la memoria, la primera desde su proclamación en 2014, siendo Ceuta y Melilla los únicos territorios aún no visitados.
No obstante, no está de más saber que no corresponde a la Corona la gestión operativa; en tanto que, es competencia del Gobierno refrendada por las Cortes. A la Corona, le corresponde algo tan importante como: representar la continuidad, la unidad y el apoyo del Estado a todos sus ciudadanos, vivan donde vivan. La visita de Su Majestad a Ceuta, se hará cuando se den las condiciones y con la necesaria coordinación diplomática con Marruecos; llegado ese momento, entiendo de que sería el mejor símbolo de que Ceuta no está sola.
A día de hoy, podemos decir que Ceuta ha recuperado una normalidad aparente. Los 19 ferrys diarios entre Algeciras y Ceuta funcionan con normalidad, con travesías de entre 60 y 90 minutos. Pero la normalidad plena solo llegará con una frontera segura, una acogida digna y un respaldo institucional unánime y sin fisuras.
Ceuta es España. Y es frontera sur de Europa. Como canario y como español, desde Gáldar, quiero trasladar toda mi solidaridad y apoyo al pueblo de Ceuta, a sus servidores públicos y a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y a las ONG que allí trabajan sin descanso. Es momento de altura de miras.
Juan Reyes González





























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