Uno de los problemas planteados por la curiosidad del hombre era su propio origen. Satisfecha en parte esta pregunta, se preguntaron por su cultura y en definitiva, por el estudio de la casa. El Génesis dice que Dios creó a «Adán a imagen suya», y se nos dice además, que los creó hombre y mujer. Dios hizo al hombre y a la mujer de tal manera que pudieran mantenerse uno en compañía del otro, que pudieran comunicarse entre sí y también con Él, cuando Él «paseaba por el jardín al fresco del día».
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La Capilla Sixtina, el Vaticano [Roma]. Episodio del Génesis: la creación de Adán, de Miguel Ángel Buonarroti, de hacia 1515
El creador [Dios], había plantado [Él mismo] este jardín «con toda clase de árboles hermosos a la vista y sabrosos al paladar». El edén no era una selva virgen, un huerto pensado para «vestir y mantener» al hombre; era una disposición ordenada de las plantas en piezas y bancales, que entre las hileras de árboles y los macizos de flores seguramente habría lugares para pasear, para sentarse y charlar. Quizás los árboles eran lo bastante diversos para satisfacer el deseo humano de variedad, o en todo caso el deseo adamita; y tal vez la fermentación del mosto no era una de las habilidades de Adán. Pero si en el jardín se tomaba algo parecido al vino, esto implicaría jarras y vasos, y éstos, a su vez, alacenas y aparadores, y por tanto habitaciones, despensas y todo eso: en suma, una «casa».
Un huerto sin una casa es como «un carro sin caballo»1.
La casa ha pasado inevitablemente por una evolución histórica, desde la población troglodita donde el carácter de la población era nómada [paleolítico], a las primeras viviendas [neolítico], fruto del sedentarismo, caracterizada por el empleo de materiales pobres. Asumiendo la revolución urbana la importancia de la arquitectura religiosa y palaciega, y de la arquitectura burguesa.
¿Pero qué entendemos por arquitectura urbana y rural? Todos los especialistas coinciden en afirmar que la arquitectura civil privada es la que tiene por objeto el albergue de la familia. La vivienda es un elemento absolutamente necesario, siendo la obra que mejor refleja no solo la manera de ser de los pueblos, sino las relaciones entre unos y otros. En definitiva, la historia de la casa va íntimamente ligada con la historia de los pueblos.
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Casco urbano de Agaete. Núcleo histórico que debería ser declarado Bien de Interés Cultural su mejor protección
Obsérvese el juego de volúmenes, la orientación y la adaptación al medio
Fotografía de Antonio J. Cruz y Saavedra, 1992
Tanto la casa señorial como la popular, están en función de la actividad agrícola [establos, gañanías, alpendres, lagares, graneros, etc.]. La casa es un fenómeno estrictamente humano que a la vez, refleja y modela de alguna manera el carácter de sus habitantes; siendo la casa o vivienda popular siempre de carácter uni familiar.
La pregunta es ¿Cuáles son los aspectos formales y medio ambientales que inciden en la vivienda? La casa rural, la casa aislada, es la única que mantiene una íntima relación con la geografía local. Tan íntima es su compenetración con el paisaje que se diría que es «la casa como un producto de la vegetación natural». Estándares que propició el doble aislamiento: insular y el derivado entonces por la incomunicación interior. Utilizándose principalmente los terrenos pedregosos para el asentamiento de los edificios.
El clima influye tanto en la forma, como en el número de huecos abiertos en la fachada, en la elección de los materiales, el tipo de cubierta, la altura, el aislamiento de los muros [refrigeración], la orientación [el viento, la lluvia y la salubridad], y la situación. Las viviendas de una misma zona suelen tener caracteres comunes, materiales idénticos, e igual disposición. Sin embargo, es frecuente encontrar viviendas próximas que en nada se parecen y otras alejadas con grandes semejanzas. Ejerciendo el factor económico sobre ella un efecto importante, dando lugar a lo se ha denominado «arquitectura culta».
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Hacienda casa de Las Longueras, Agaete. Ejemplo de arquitectura culta en el medio rural, con
inclusión de elementos decorativos adicionales «neogóticos»
Fotografía de Teodoro Mendoza Jiménez, 2020
¿Quiénes son los que construyeron estas viviendas? Un arquitecto persa dijo: «dad a un albañil ladrillos y argamasa y decidle que cubra un espacio y deje que entre la luz: los resultados son asombrosos. El albañil, con sus restringidas posibilidades, encuentra innumerables recursos para la variedad y la armonía.
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Casa en la calle San Germán, Agaete. Arquitectura de campo, ejemplo de «arquitectura sin arquitectos»
Véase que los materiales fueron seleccionados in situ. Constituye un grupo de casas de idénticas características
Fotografía de Antonio J. Cruz y Saavedra, 1979
Las viviendas populares proyéctalas y construyelas el que la va a habitar. De generación en generación se transmitió siempre a través de los siglos, el arte de construir la propia vivienda, a considerar de dónde viene el viento, dónde se pone la cocina, hacia dónde se orienta… La arquitectura era una profesión que se transmitía de padres a hijos, los llamados «arquitectos anónimos». La casa rural, ha sido de libre construcción y en ella se ha manifestado de modo más abierto la tradición arquitectónica de quienes la han construido y habitado.
Antiguamente resultaba muy raro encontrar en los pueblos un obrero especializado; todos los vecinos eran en grado elemental y empírico, «oficiales de todo». En términos constructivos, implica que todo el mundo es capaz de construir su propia vivienda y que normalmente lo hace. Son llamados también «constructores sin escuela», ya que la familia posee todos los conocimientos técnicos disponibles. Vitruvio, en la antigüedad clásica, critica negativamente a aquellos que la ejercen sin conocimientos precisos, mientras que alababa a los padres de familia, que conocedores de su saber hacían de arquitectos.
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Casa en la calle Princesa Guayarmina, Agaete. Ejemplo de vivienda rural dentro del casco urbano
Fotografía de Antonio J. Cruz y Saavedra, 1979
¿De qué forma influyen los gustos y las modas en este tipo de construcciones? Los gustos, las modas y las costumbres de cada generación, hacen que la casa carezca de una permanencia absoluta: el clima y los materiales es lo que permanece invariable, varía las costumbres ciudadanas de cada siglo. Sin embargo, las casas de campo se mantienen invariables en su casi totalidad. En la arquitectura popular, las soluciones constructivas se perpetúan durante muchas generaciones, siendo el proceso de evolución lentísimo . El campesino sigue participando en el proceso del diseño, no es solo un consumidor. Muchos inmigrantes traen consigo su arquitectura e insisten en su uso, aunque, frecuentemente, no sea adecuadas a la nueva área en que viven, teniendo que hacer finalmente adaptaciones al microclima.
¿Cómo sabemos la antigüedad de las casas? ¿Existe un estilo característico para diferenciarlas? De las escasas modificaciones a través del tiempo, hace que el estudio de su cronología tengan escaso valor. Las construcciones y reparos sucesivos hacen que sean reconocibles buen número de las casas viejas que aún se conservan. La auténtica casa popular lo mismo puede ser de un siglo antes que de un siglo después. Estos edificios son anónimos, ya que son el producto del grupo antes que del individuo. No se puede hablar de estilos aunque hayan algunos elementos decorativos adicionales. En el lenguaje de la arquitectura popular es evidente la ausencia de estilos, no así en la arquitectura urbana o culta.
¿Qué entendemos por casa rural? La casa típica es la terrera, de una sola planta, de mampostería. La arquitectura popular surge como una respuesta a las necesidades y posibilidades de los usuarios y a las exigencias derivadas de la tradición religiosa y cultural de la zona geográfica en que se produce, con predomino del sentido utilitario-funcionalismo. La arquitectura popular raramente introduce innovaciones gratuitas = «es la arquitectura del sentido común». Por consiguiente, la casa rural nace a impulsos de unas necesidades vivas.
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Casa en El Maipez, Agaete. Casa terrera con cuarto de labranza. Con utilización de los materiales constructivos de lugar
Fotografía de Antonio J. Cruz y Saavedra, 1979
La casa rural se ha alzado sin las trabas de reglamentaciones ni planos, y sin sujeción a las exigencias de manos profesionales, es los que llamamos hoy auto construcción, pero sin la conjunción cultura-paisaje de aquellas, ni formas ni estilo. La vivienda rústica se levanta con materiales brutos o apenas trabajados; casi como los ofrece la naturaleza y el entorno. La casa terrera suele presentar en el campo la fachada muy apaisada y extendida. En la casa rural, el aislamiento y la dispersión, es motivado en gran parte por la división de la propiedad. Constituye, en definitiva, un fiel reflejo de la auténtica vida campesina ajena de los conceptos de comodidad.
En cuanto a las características de la casa urbana o culta, esta está sujeta a prohibiciones y normas constructivas; ya que la ciudad se halla más abierta a las presiones extrañas y menos relacionadas con la naturaleza. Sumisión a las ordenanzas, de acuerdo con un plano y según las técnicas con trabajadores de oficio. La casa urbana se construye, por lo general, con materiales elaborados y transformados; a veces, transportados desde lejos. Siendo la casa urbana más estrecha, aunque en compensación esta tiene mucho más fondo que aquella (Ver CRUZ Y SAAVEDRA, 1982; CRUZ Y SAAVEDRA, 2011).
![[Img #42966]](https://infonortedigital.com/upload/images/08_2026/7671_antonio7.jpg)
Calle Juan de León y Castillo, Agaete. Vivienda urbana, ejemplo de arquitectura culta en el casco histórico
Fotografía de Antonio J. Cruz y Saavedra, 1979
Puedes visualizar el trabajo íntegro en formato libro digital pinchando sobre la siguiente imagen.
Antonio J. Cruz y Saavedra
Cronista Oficial de Agaete «in pectore»
1. RAPOPORT, 1982; RUDFKY, 1973; FEDUCHI, 1978; FLORES, 1973; MERCADAL, 1981; PÉREZ VIDAL, 1967; ALEMÁN DE ARMAS, 1976; MARTÍN RODRÍGUEZ, 1978; CRUZ Y SAAVEDRA, 1982.





























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