Manolo AcostaHay personas que escriben la historia con palabras, otras la interpretan con la música y algunas la preservan con el silencioso trabajo de sus manos. Manolo Acosta perteneció a este último grupo. Con una aguja, un dedal y un profundo respeto por la tradición consiguió algo que muy pocos artesanos alcanzan: convertir un oficio en un legado y una pasión en un servicio permanente a la cultura de Canarias.
El pasado 26 de julio de 2026, Tenerife despedía a Manolo Acosta a los 91 años. Con su marcha desaparecía uno de los mayores especialistas en indumentaria tradicional canaria, pero permanecía intacta la obra de una vida dedicada a investigar, confeccionar y divulgar una parte esencial del patrimonio cultural del Archipiélago.
Cuando nació, el 31 de enero de 1935, difícilmente podía imaginarse que terminaría convirtiéndose en una referencia para generaciones de artesanos, investigadores y agrupaciones folclóricas. Su vocación comenzó siendo muy joven, cuando aprendió el oficio de sastre en Güímar, de la mano de Elena Chacón, quien le transmitió mucho más que las técnicas de corte y confección. Le enseñó la paciencia, el rigor, la observación y el respeto por un trabajo artesanal que acabaría marcando toda su trayectoria.
Con el paso del tiempo comprendió que la sastrería tradicional no consistía únicamente en confeccionar prendas. Detrás de cada puntada había una historia; detrás de cada tejido, una costumbre; detrás de cada bordado, una forma de entender la vida. Aquella visión convirtió su profesión en una auténtica labor de investigación y lo llevó a dedicar décadas al estudio de la evolución de la vestimenta tradicional de Canarias.
Su relación con el folclore fue igualmente intensa. En su juventud formó parte de Los Sabandeños, una experiencia que reforzó su compromiso con la música tradicional y con la identidad cultural de las Islas. Años después volvería a colaborar estrechamente con la emblemática agrupación confeccionando parte de la indumentaria que durante décadas identificó al grupo dentro y fuera del Archipiélago.
Sin embargo, su legado fue mucho más allá del trabajo desarrollado en su taller. Manolo Acosta comprendió que el conocimiento solo tiene sentido cuando se comparte. Por ello publicó diversos libros dedicados a la indumentaria tradicional canaria, convertidos hoy en obras de consulta para investigadores, estudiantes, artesanos y colectivos folclóricos que buscan conocer con rigor la evolución del traje tradicional.
Ese mismo compromiso con la divulgación quedó reflejado en "El Sastre de Tenerife", un blog que trascendió el concepto de página personal para convertirse en uno de los mayores archivos digitales sobre indumentaria tradicional canaria. En sus páginas reunió documentos históricos, fotografías, investigaciones y artículos que continúan siendo una fuente imprescindible para quienes desean profundizar en el patrimonio textil de las Islas.
Su conocimiento encontró también una magnífica plataforma de difusión en Parranda Canaria, el emblemático programa de Televisión Canaria. Allí no solo fue el responsable del vestuario de numerosos artistas e invitados. Para miles de espectadores se convirtió en una referencia por la claridad con la que explicaba el origen, la evolución y el significado de las diferentes prendas tradicionales. Cada una de sus intervenciones era una auténtica lección de historia popular.
Tuve la fortuna de coincidir con él durante una grabación del programa. Guardo un recuerdo muy especial de una de sus intervenciones dedicada a el mozo y la moza, denominación con la que hacía referencia a las personas que lucían las distintas vestimentas tradicionales que habían pasado por Parranda Canaria. Escucharlo era comprender que un jubón, una saya, una manta o un sombrero podían explicar tanto sobre la historia de Canarias como cualquier libro de historia. No hablaba únicamente de tejidos o costuras; hablaba de nuestros antepasados, de las costumbres de cada isla y del profundo significado que encerraba cada prenda.
Conservo, además, uno de los recuerdos que más valoro de aquel encuentro: uno de sus libros sobre indumentaria tradicional canaria. Me lo regaló personalmente y tuvo la generosidad de dedicármelo con su firma. Hoy ese ejemplar ocupa un lugar privilegiado en mi biblioteca. Cada vez que vuelvo a abrir sus páginas no solo encuentro un magnífico trabajo de investigación; también encuentro el recuerdo de una persona que entendía que el conocimiento solo adquiere valor cuando se transmite con humildad y generosidad.
En un tiempo en el que la inmediatez parece imponerse sobre el conocimiento, la figura de Manolo Acosta recuerda que el patrimonio necesita estudio, paciencia y compromiso. Las tradiciones no se conservan por casualidad; permanecen vivas gracias a personas que dedican su vida a investigarlas, comprenderlas y transmitirlas. Gracias a ese trabajo silencioso hoy conocemos mejor cómo vestían nuestros antepasados y qué significado tenía cada una de aquellas prendas que todavía desfilan por nuestras romerías, fiestas y escenarios.
Su legado permanecerá vivo mucho más allá de los miles de trajes que salieron de sus manos. Permanecerá en sus libros, en su blog, en las agrupaciones a las que asesoró, en los artesanos que aprendieron de él y en todas aquellas personas que comprendieron, gracias a sus enseñanzas, que la indumentaria tradicional no es un disfraz, sino una de las expresiones más valiosas de la identidad cultural de Canarias.
Dicen que el tiempo termina desgastándolo todo. Sin embargo, hay hilos que nunca se rompen. Son los que unen a un pueblo con su memoria. Manolo Acosta dedicó noventa y un años de su vida a reforzar esos hilos con conocimiento, paciencia y una pasión inquebrantable por la cultura popular. Gracias a él, hoy sabemos un poco más quiénes fuimos y, sobre todo, quiénes seguimos siendo. Ese será, probablemente, el traje más valioso que jamás confeccionó.





























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