La Escuela Pública y las reivindicaciones del profesorado

Juan Ramón Hernández Valerón.

[Img #32956]Han pasado trece años desde que me jubilé y sigo pensando, desde la distancia que da la jubilación, que la Escuela continúa arrastrando los mismos problemas de siempre, pues los profesores, tanto los de Primaria como los de Secundaria, se siguen quejando de lo mismo: excesiva burocracia que hace que no haya tiempo para abordar los problemas reales que tiene la educación hoy día; diferencias de sueldo en función de la Comunidad en donde trabaje, pues dependiendo del lugar los emolumentos serán mejores o peores a pesar de que desempeñan la misma función, cosa que no se termina de entender y eso es una causa más del enfado generalizado; muchas horas lectivas semanales y demasiados alumnos por clase; una excesiva burocracia, que arrastran desde hace años, para evaluar a los alumnos; que su labor apenas tiene reconocimiento social; que la Escuela es un cajón de sastre en el que cabe de todo…
 
Todo ello provoca una permanente ansiedad en el profesorado, que trata de aguantar con verdadero estoicismo durante el curso, pero que muchos sucumben y no les queda otra opción que acogerse a la baja médica para recuperarse de las heridas producidas por un sistema que ignora sus reivindicaciones y que les ningunea. 
 
Ante la desidia de la Administración, el Profesorado de Primaria, Secundaria y Universidad ha tenido que echarse a la calle, una vez más, para hacer oír sus quejas, sabedores de que es el último recurso que les queda para que sean oídos, a sabiendas de que tendrán también que aguantar las críticas por parte de muchos padres y madres por los problemas que les generarán. Desde el curso pasado vienen manteniendo su lucha, con tesón y a base de dejarse parte de su sueldo, pues los días que han permanecido en huelga, como es lógico, se les descuenta, esperando que se vaya sumando más efectivos a su justa lucha. Por razones obvias han tenido que hacer una pausa en verano, pero esperan continuar con sus reivindicaciones en el presente curso. Así que, con toda probabilidad, tendremos un otoño caliente.
 
Hace dos meses que  terminaron  las clases en los colegios de Primaria y en los de Secundaria. Alumnado y Profesorado descansan ahora como si se hubieran batido en una batalla de desgaste continuo, como guerreros que han participado en una lucha incruenta y se restablecen de sus heridas psicológicas, mientras tratan de olvidar los peores momentos pasados durante la contienda. Ahora, a escasos quince días de comenzar de nuevo el curso, velan sus armas y se encomiendan a sus respectivas Dulcineas para que les conceda la gracia de salir victoriosos en la lucha desigual que tendrán que mantener con los desaforados gigantes que se les presente cada día.
 
Septiembre está a la vuelta de la esquina y tendrán que volver al campo de batalla en las mejores condiciones posibles. Saben que luchan contra un sistema que se ha vuelto intratable y tienen que aprovechar este tiempo de asueto para restañar las heridas y presentarse a la contienda bien pertrechados, porque el enemigo a batir es muy astuto y las armas que utiliza son muy poderosas.
 
Vienen este curso con aires renovados, por lo que su voluntad de continuar el conflicto está asegurada. Solo esperan que se vayan sumando más efectivos a lo que considera una lucha justa y necesaria, porque sus reivindicaciones siguen sin resolverse.
 
Los que observamos ahora los toros desde la barrera, nos damos cuenta de que la Escuela quiere caminar hacia el futuro, pero sigue anclada en el pasado, luchando contra los mismos desaforados gigantes que no hacen sino entorpecerles su marcha, sin atender sus viejas reivindicaciones más elementales, causando un grave deterioro en la ya maltrecha Enseñanza Pública. Por eso, los que seguimos apostando por una Escuela Pública y de calidad para todos, y no solo para aquellos que se la pueda permitir en función de su renta, tenemos que ser comprensivos ante las reivindicaciones del profesorado y apoyarlos sin ambages, pues el éxito de su lucha será el éxito de uno de los pilares básicos de nuestros servicios públicos.
 
Lo que está claro es que, como decía al principio de este escrito, tendremos un otoño caliente que, con toda probabilidad, se prolongará hasta el invierno y continuará su marcha imparable hasta la primavera. 
 
Sé, con absoluta seguridad, que los distintos partidos la introducirán en sus cansinos discursos en las “calentitas” elecciones que se celebrarán en primavera. Espero que el ruido que hagan estos últimos en su afán por conseguir el Gobierno de la Nación, no acalle las justas reivindicaciones de este colectivo. 
 
A los que defendemos Una Enseñanza Pública y Gratuita para Todos, nos va mucho en ello, no lo olvidemos.  Así que “a desalambrar, que la Escuela Pública, es tuya, mía y de aquel, de Pedro, María, Juan y José”, aunque con algunas palabras cambiadas, cantaba, Víctor Jara allá por la década de los setenta del siglo pasado.
 
Juan Ramón Hernández Valerón.
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