Museos vivos

La Gañanía se queda en La Aldea

La Fundación Canaria Proyecto Comunitario de La Aldea firmará el próximo jueves, 20 de agosto, la compra del Museo de La Gañanía, gracias a una aportación de 200 000 euros del Gobierno de Canarias

Redacción Miércoles, 19 de Agosto de 2026 Tiempo de lectura:

El próximo jueves, 20 de agosto de 2026, será un día importante para la Fundación Canaria Proyecto Comunitario de La Aldea. Después de muchos años utilizando, cuidando y manteniendo este espacio, se firmará la compra del Museo de La Gañanía, garantizando así que uno de los lugares más importantes de Museos Vivos La Aldea se quede definitivamente en el pueblo.

 

La compra ha sido posible gracias a una aportación de 200.000 euros del Gobierno de Canarias, a través de la Dirección General de Cultura y Patrimonio Cultural de la Consejería de Universidades, Ciencia e Innovación y Cultura.

 

Para la Fundación no se trata simplemente de comprar una propiedad. La Gañanía ha sido durante muchos años uno de los lugares donde mejor hemos podido enseñar cómo era la vida en La Aldea, especialmente a los más jóvenes. Allí no solo hay objetos antiguos. Hay una casa, una finca, animales, un estanque, una gañanía y muchos elementos que ayudan a entender cómo se vivía y cómo las familias sacaban adelante su economía.

 

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Una finca con mucha historia

 

La historia de este lugar está relacionada también con el Pleito de La Aldea. Después de que los aldeanos recuperaran sus tierras y pertenencias, las propiedades fueron pasando de padres a hijos y dividiéndose con el paso de las generaciones.

 

Por suerte, una parte de aquel conjunto se conservó. Sus propietarios y posteriormente sus herederos, residentes en Las Palmas de Gran Canaria, permitieron de manera altruista que estos espacios fueran utilizados durante años por el Proyecto Comunitario para enseñarlos y compartirlos con todo el pueblo.

 

La Fundación quiere reconocer también esa generosidad. Sin aquella cesión durante tantos años, difícilmente La Gañanía habría podido convertirse en lo que es hoy. Poco a poco, y gracias principalmente al trabajo voluntario, se fue recuperando el espacio. Allí se conservaron el estanque, la gañanía y las zonas destinadas a los animales. Vacas, cabras, gallinas, burros, ovejas o camellos han permitido explicar a miles de visitantes una forma de vida que no queda tan lejos en el tiempo.

 

Y seguramente ahí está una de las cosas más bonitas de este museo: muchos de quienes explican cómo se vivía no lo conocen por haberlo estudiado, sino porque lo vivieron.

 

Lidia Sánchez: «Para mí es el museo estrella»

 

Para Lidia Sánchez González, docente fundadora y presidenta honorífica de la Fundación, La Gañanía ocupa un lugar especial:

 

«Para mí es el museo estrella, donde quienes lo visitan entienden de primera mano cómo era la vida y la economía de subsistencia en un pasado no muy lejano. También es una suerte poder conservar las casas tradicionales, de las que tan pocas quedan en La Aldea, y 1que lo poco que queda de nuestro patrimonio pueda conservarse».

 

Lidia recuerda también algo que muchas veces no ve quien visita el museo: todo el trabajo que hay detrás.

 

«En esa finca hay mucho trabajo voluntario de tantas personas que están y de otras que ya no están. Siempre intentando tenerlo todo a punto y los animales atendidos con una única finalidad: que la gente venga y pueda conocerlo».

 

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José Pedro Suárez: «Podremos seguir viviendo y envejeciendo en este espacio»

 

También lo vive con especial emoción José Pedro Suárez Espino, docente fundador y presidente honorífico de la Fundación, ligado al Proyecto Comunitario desde sus comienzos.

 

«Para mí se convierte en uno de los grandes retos conseguidos. Me emociono al saber que podremos seguir viviendo y envejeciendo en este espacio. Porque es un espacio que hace comunidad, donde confluimos y compartimos todos y todas».

 

Sus palabras explican otra parte de La Gañanía que quizás sea más difícil de enseñar en una visita. Durante todos estos años no ha sido solamente un museo. Allí se han encontrado generaciones diferentes, se ha trabajado, se ha comido, se ha hablado, se han cuidado animales y se han compartido muchos momentos.

 

Antonio Álamo «el Rubio»: «Miro el terreno y veo a mi padre y a mi hermano arando»

 

Para Antonio Álamo, «el Rubio», la noticia tiene un significado todavía más personal. Él conoció aquel lugar mucho antes de que existiera el museo.

 

«La finca que está en el Museo de La Gañanía tiene un significado especial para mí. Ese entorno me trae lindos recuerdos de mi niñez. Recuerdo traer las vacas a beber agua en la pileta y las muchas veces que nos bañábamos allí».

 

Hay una imagen que Antonio sigue teniendo muy presente:

 

«Recuerdo ver a mi padre subir al molino a darle vueltas a las aspas para sacar agua cuando no había viento. Y cuando miro el terreno veo a mi padre y a mi hermano Nicolás arando con la yunta».

 

Por eso reconoce que durante este tiempo le preocupaba especialmente pensar que la finca pudiera acabar en otras manos.

 

«Si alguien particular compraba esa finca, para mí habría sido un gran disgusto por todo lo vivido allí y porque como se encuentra actualmente ha sido fruto de mucho trabajo. Ahí hemos trabajado José Pedro, Carmelo y yo durante muchos años».

 

Ese testimonio explica probablemente mejor que cualquier definición qué significa eso de Museos Vivos. Antonio puede contar su infancia mientras está en el mismo terreno donde ocurrieron esos recuerdos.

 

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200 000 euros para que el patrimonio aldeano se quede en La Aldea

 

Para que todo esto pueda continuar ha sido fundamental la aportación de 200 000 euros del Gobierno de Canarias, a través de la Dirección General de Cultura y Patrimonio Cultural de la Consejería de Universidades, Ciencia e Innovación y Cultura.

 

La Fundación quiere agradecer especialmente la apuesta de su director general, Miguel Ángel Clavijo Redondo, que ha trabajado de una manera firme para hacer posible la compra de este espacio y contribuir a que el patrimonio aldeano se quede en La Aldea.

 

Desde el primer momento se entendió que La Gañanía era mucho más que una propiedad. Allí se conserva una parte importante de la memoria de nuestro pueblo y una manera de explicar nuestra historia que difícilmente tendría el mismo sentido fuera de este lugar.

 

La aportación supone también un respaldo a una Fundación y a un Proyecto Comunitario con más de cuatro décadas de trayectoria, dedicado a recuperar, conservar y transmitir el patrimonio y la memoria colectiva de La Aldea.

 

Para la Fundación hay, además, una cuestión especialmente importante: se destinan fondos públicos a adquirir un patrimonio que seguirá teniendo una finalidad pública y colectiva.

 

La propia naturaleza y configuración fundacional de la entidad garantiza que los bienes adquiridos estén ligados a sus fines y a la conservación del patrimonio del municipio.

 

Dicho de una manera sencilla: se invierte dinero público para conservar algo que es para todos.

 

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Una firma con quienes han hecho posible La Gañanía

 

La firma del próximo jueves, 20 de agosto, tendrá también un importante componente humano. Estará presente el presidente de la Fundación, Víctor Valencia, acompañado por el presidente y la presidenta honoríficos, José Pedro Suárez Espino y Lidia Sánchez González, docentes fundadores de este gran Proyecto Comunitario y dos personas que han dedicado buena parte de sus vidas a conseguir que la memoria y el patrimonio de La Aldea lleguen hasta nuestros días.

 

Junto a ellos estarán Antonio Álamo, «el Rubio», y Carmelo Sánchez, porque hablar de La Gañanía sin hablar de ellos sería dejar fuera una parte fundamental de su historia. Han pasado años trabajando y cuidando este espacio. Han visto cómo una finca que formaba parte de la vida cotidiana del pueblo se convertía en un lugar al que llegan niños, mayores y visitantes para conocer cómo vivíamos.

 

Que todos ellos estén presentes tiene un significado especial. Representan a las generaciones que levantaron, cuidaron y mantuvieron vivo este proyecto cuando apenas había recursos y muchas cosas dependían únicamente del trabajo voluntario y del compromiso con el pueblo.

 

Por eso, la firma del próximo jueves no será solamente un acto administrativo. Será también un momento para acordarnos de quienes hicieron posible que La Gañanía llegara viva hasta nuestros días y de tantas personas que, estando o no ya entre nosotros, dejaron allí parte de su tiempo y de sus vidas.

 

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«No podemos decir todavía que Museos Vivos esté salvado»

 

La compra de La Gañanía es una noticia muy importante, pero desde la Fundación tampoco queremos transmitir una idea que no es cierta. Preguntado sobre si con esta adquisición se puede considerar salvada la experiencia de Museos Vivos La Aldea, el portavoz y vocal de la Fundación, Ancor Suárez Sánchez, señala que todavía no:

 

«La compra de La Gañanía nos permite respirar y supone un paso enorme, pero no podemos decir que Museos Vivos esté salvado. Todavía quedan inmuebles fundamentales cuyo futuro hay que garantizar».

 

Existe otra actuación promovida desde el Cabildo de Gran Canaria, cuya gestión se ha confiado al Ayuntamiento de La Aldea de San Nicolás, relacionada con la Casa de Venturita y la Casa de Dominguito Armas, vinculadas al Museo de la Música y al Museo de la Medicina.

 

«Sabemos que existe esa iniciativa y confiamos en que pueda salir adelante. A día de hoy desconocemos en qué punto se encuentran las gestiones. Para nosotros sería fundamental que esas casas también pudieran salvarse».

 

Porque la intención nunca ha sido guardar los objetos de los museos en cualquier otro edificio. Queremos conservar, siempre que sea posible, los objetos dentro de las casas y los lugares donde esa historia tuvo sentido.

 

Ahí está precisamente una de las características que hacen diferente esta experiencia.

 

La compra de La Gañanía es, por tanto, un paso enorme, pero el trabajo para garantizar el futuro de Museos Vivos La Aldea continúa.

 

El jueves 20 de agosto será un día para recordar

 

La firma del próximo jueves no termina el trabajo, pero sí resuelve una de las grandes preocupaciones que teníamos desde hace tiempo.

 

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La Gañanía se queda.

 

Se queda la pileta donde Antonio llevaba las vacas a beber y donde se bañaba cuando era niño. Se queda el molino que recuerda viendo trabajar a su padre. Se queda el terreno donde todavía lo ve, junto a su hermano Nicolás, arando con la yunta.

 

Se queda también todo el trabajo de José Pedro, Carmelo, Antonio y de tantas personas que durante años han limpiado, sembrado, arreglado, cuidado animales y abierto las puertas para recibir a quienes nos visitan.

 

Y se queda un lugar donde nuestros mayores pueden seguir contando su historia a los más pequeños.

 

Quedan cosas por conseguir.

 

Quedan casas por salvar y mucho trabajo por hacer.

 

Pero el jueves, 20 de agosto de 2026, al menos una parte muy importante de esa preocupación quedará atrás. El Museo de La Gañanía se queda en La Aldea. Y se queda para todos.

 

Fundación Canaria Proyecto Comunitario de La Aldea

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