Machado. Foto: Juan FERRERA GILCuando la mirada del caminante parece perdida y recluida en el fondo de los océanos de los tenebrosos y misteriosos mares del Sur: otro contratiempo en la vida del peregrino.
Cuando la mirada se adivina ausente donde se mira sin contemplar: una vez vivió en el mismo borde del abismo.
Cuando se cruza entre las líneas escritas de un libro: todo se desvanece.
Y, así, poco a poco, paso a paso, desea avanzar. Para ello la compañía de una mascota resulta fundamental. ¿Quién saca a quién?, es la pregunta del millón.
Al cruzarse con el que avanza en sentido contrario y ni siquiera mira, comprendió el valor de la invisibilidad. Nunca la había notado tan cerca. Y sin capa de Harry Potter que echarse sobre las espaldas. Sin embargo, se ha hecho presente ante los ojos de quien no se percata de su presencia. No todos estamos en la misma situación ni vivimos los mismos asuntos. Es lo que tiene la vida. Que, a veces, se decanta por caminos distintos y opuestos. Sí, debe ser que todo o casi todo depende del camino que estemos dispuestos a emprender. Pensó.
Por eso Antonio Machado escribió lo que escribió. Y tuvo muy en cuenta los naturales paseos a los que nunca renunció. Ni siquiera cuando España empezaba a vivir otro tiempo.
Juan FERRERA GIL






























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