Dar la espalda a la Virgen es también darle la espalda al pueblo

Moisés Rodríguez Gutiérrez

[Img #40837]Hay imágenes que duran apenas unos segundos, pero que se quedan en la cabeza mucho más tiempo. Según se ha recogido en la prensa, ayer durante la procesión de la Virgen de Guía el alcalde dio la espalda a la Patrona en un momento determinado del recorrido. No hablo de toda la procesión, ni pretendo hacer de ese instante algo que no fue. Hablo de una imagen concreta que, por las circunstancias que la rodeaban, me hizo pensar y me lleva hoy a escribir estas líneas.

 

Sobre los fuegos ya he dado mi opinión públicamente y todo el mundo que haya seguido lo que he escrito sabe cuál es mi posición. No estoy de acuerdo con determinadas formas de utilizar la pirotecnia y creo que las fiestas tienen que celebrarse pensando también en las personas, en los animales y en quienes sufren las consecuencias del ruido. Esa opinión la mantengo. Pero ayer había un dato que tampoco podemos olvidar: la decisión de retirar todos los fuegos ya estaba tomada. Ya se había decidido que no habría fuegos y, por tanto, no estábamos ante una decisión que todavía estuviera pendiente de tomarse.

 

Un día antes, el propio Ayuntamiento había hecho pública una nota en la que advertía de que la traca prevista para después de la procesión no estaba incluida en el programa oficial, que no era una actividad promovida ni avalada por el Consistorio y que cualquier eventualidad derivada de su lanzamiento sería responsabilidad exclusiva del promotor. Si el alcalde no tenía conocimiento de que finalmente se iba a producir, lo cierto es que la posibilidad ya había sido comunicada públicamente y, además, el Ayuntamiento había dejado perfectamente clara su posición.

 

Por eso me cuesta entender que ese desacuerdo pudiera acabar reflejándose, aunque fuera durante un momento, en la procesión de la Patrona. Una cosa es no estar de acuerdo con los fuegos, otra es criticar una decisión y otra muy diferente es que ese desacuerdo termine teniendo como escenario la procesión de la Virgen. La Virgen no tiene ninguna responsabilidad en los fuegos, no decide cómo se organizan las fiestas ni toma decisiones en el Ayuntamiento. La Virgen estaba allí como Patrona de Guía, acompañada por sus vecinos.

 

Hay otro detalle que para mí tiene mucha importancia. Estamos hablando del alcalde, de la máxima representación institucional del municipio, y estamos hablando de las fiestas patronales. No es una celebración cualquiera. Son las fiestas en honor a la Patrona de Guía. Por eso la imagen adquiere una dimensión diferente. Una cosa es que cualquier vecino pueda estar enfadado, disgustado o en desacuerdo con una decisión y otra que quien ocupa la Alcaldía, en medio de las fiestas patronales, termine protagonizando una imagen en la que aparece de espaldas a la Virgen.

 

Cabe resaltar, que ninguno de los concejales del grupo de gobierno adoptó esa misma actitud en ese momento, tampoco lo hizo su propia compañera de partido. Por eso la imagen del alcalde adquiere todavía más significado, porque no fue una actitud compartida por quienes formaban parte de su propio equipo de gobierno ni siquiera por quien comparte sus mismas siglas. Si todos estaban allí acompañando a la Virgen, también cabe preguntarse qué motivó al alcalde a adoptar en ese momento una posición diferente.

 

Nadie puede obligar al alcalde a creer en la Virgen. Nadie puede decirle cuáles tienen que ser sus creencias o cómo debe vivir la religión. Eso pertenece a cada persona y debe ser respetado. Cuando se ocupa la Alcaldía también se adquiere una responsabilidad de representación. El alcalde representa a todos, a los que están de acuerdo y a los que no lo están, a quienes le votaron y a quienes no lo hicieron, a quienes creen y a quienes no creen, y también a quienes ayer salieron a acompañar a su Patrona.

 

Mi opinión sobre los fuegos ya está dada y seguiré manteniéndola. Se puede estar en contra de los fuegos, pedir que desaparezcan, defender otra manera de celebrar las fiestas y criticar una decisión municipal. Todo eso es legítimo. Lo que no termino de entender es que, estando ya tomada la decisión de retirar los fuegos y habiéndose dejado claro públicamente que aquella traca no formaba parte del programa municipal, ese desacuerdo tuviera que acabar en un gesto durante la procesión.

 

Cuando después del Día Grande de las fiestas patronales lo que termina llamando la atención en la prensa no es cómo transcurrió la jornada, cómo vivió Guía su día grande, la participación de los vecinos o la propia celebración de la Patrona, sino que el titular termine siendo que el alcalde le dio la espalda a la Virgen, creo que algo hemos perdido por el camino. Una celebración que debería dejar como recuerdo la emoción, la tradición, el encuentro de los vecinos y el homenaje a la Patrona termina dejando como principal imagen una polémica.

 

Quizá para algunos aquel momento no tenga ninguna importancia. Quizá fue simplemente un momento de enfado y nada más. También puede ser que no hubiera intención alguna de faltar al respeto. Pero cuando se ocupa un cargo público hay que saber que los gestos también hablan y que determinadas imágenes pueden ser interpretadas por los vecinos de una determinada manera. Ayer la imagen estaba ahí y hoy estamos hablando de ella.

 

Llegados a este punto me hago una pregunta. Si realmente se piensa que los fuegos no tienen cabida en las fiestas de Guía, ¿por qué no llevar esa decisión al Ayuntamiento y plantear una ordenanza que prohíba los fuegos artificiales de cualquier tipo en el municipio? Ese sería el lugar para debatirlo. Que se lleve al Pleno, que cada grupo político diga lo que piensa y que después se vote. Eso sí sería una decisión política clara y transparente.

 

Otra cosa es que salga adelante. Mucho me temo que no sería fácil conseguirlo. Pero al menos estaríamos hablando de una decisión política y no de un gesto durante una procesión.

 

Puedo estar de acuerdo con que se retiren los fuegos y, de hecho, ya he dicho públicamente que lo estoy. También puedo decir que no me parece bien que ese desacuerdo termine afectando a un momento como el de ayer. La Virgen no tiene nada que ver con los fuegos y para muchas personas la Virgen de Guía es mucho más que una imagen religiosa. Es parte de sus recuerdos, de sus familias, de su historia y de la identidad de un pueblo.

 

Por eso, cuando quien representa a ese pueblo aparece durante un momento de la procesión dando la espalda a su Patrona, es normal que algunos vecinos se hagan preguntas y que incluso puedan sentir que esa espalda también se les está dando a ellos.

 

Se puede estar en desacuerdo con los fuegos. Se puede pedir que desaparezcan. Se puede llevar una propuesta al Pleno y defenderla.

 

Pero una cosa es no estar de acuerdo y otra muy diferente es darle la espalda a la Patrona.

 

Cuando quien lo hace es el alcalde, durante las fiestas patronales del municipio que representa, sinceramente, poco más hay que decir.

 

Moisés Rodríguez Gutiérrez

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