La realidad del Centro de Recuperación de Tafira

Pascual Calabuig Miranda

[Img #3694]El pasado día 9 de julio de 2026, fui convocado a una reunión con mi jefa de Servicio, doña Marta Moreno García, y mi Directora Insular, doña Elisa Monzón Ramos. A la misma asistió también el señor Consejero de Medio Ambiente , don Raúl García Brink.
 

Asistí muy puntualmente, con la esperanza de que íbamos a tratar de solucionar los gravísimos problemas que venimos padeciendo en el Centro de Recuperación de Fauna Silvestre de Tafira (CR) y que llevamos largo tiempo comunicando por todas las vías posibles. En la cabeza y en un folio, para no olvidarme, llevaba los asuntos más perentorios como son, a mi entender:
 

  • Que se cumpla la Sentencia de 2016 que me repuso al frente de las tareas de conservación del pinzón azul de Gran Canaria. Dicha Sentencia se incumple sistemáticamente desde entonces y ya va para diez años de esa situación delictiva. Y digo delictiva porque “el incumplimiento de Sentencia Judicial”, es un delito.

 

De lo que se hace con nuestra más amenazada especie insular me entero por la prensa. Mi criterio como especialista no se tiene en cuenta para nada. Mientras, la conservación del pinzón azul cae en el más completo abandono sin que se combata la proliferación de gatos asilvestrados que campan a sus anchas por Inagua y Llanos de La Pes, no se trabaja en el arreglo y reposición de bebederos fundamentales, y ya, por último, ni siquiera se ha realizado el seguimiento de la nueva población cumbrera que era, supuestamente, la excusa para impedir al Cabildo continuar con el programa de cría en cautividad y liberaciones de los juveniles producidos. Y que, por cierto, ha sido la herramienta que ha permitido la conquista de la cumbre para el pinzón azul.
 

  • Que se cree de una vez la lista de reserva, o bolsa de trabajo, de la categoría de veterinario. Lista de la que adolecemos en la actualidad y que permitiría reforzar al CR con alguien que pudiera darme algún relevo, aunque solo fuera en contratos de seis meses, ampliables a nueve. En la actualidad solo contamos con becarios, recién graduados, cuyos contratos finalizarán el próximo octubre. Para entonces el CR contará solo conmigo como veterinario, en plena campaña de recogida de pollos de pardela cenicienta y, muy previsiblemente, con el hospital repleto de ejemplares convalecientes y las piscinas de Taliarte a tope de tortugas.

 

  • Solución a la situación de ruina total de nuestras instalaciones para recuperar tortugas marinas en Taliarte. Su estado ruinoso las hacen inviables para trabajar allí. Ha ocurrido la paralización de las mejoras previstas, por problemas administrativos y de previsión sobre la parcela a ocupar. Aquel lugar, si estuviera en manos privadas, ya se habría mandado a cerrar por las autoridades por peligro de derrumbe inminente.

 

  • Dotar al CR de los necesarios jaulones de vuelo que llevamos décadas reclamando, intentando buscar alguna solución pero, hasta la fecha y ante la pasividad de nuestro servicio, no hemos conseguido tan elemental herramienta de rehabilitación.

 

  • Conocer algo referente al inminente Proyecto LIFE para los lagartos de Gran Canaria del cual nos hemos enterado por la prensa y, a pesar de llevar varias décadas trabajando denodadamente en su conservación, rescatando más de 15.000 ejemplares de zonas a urbanizar y creando concienciación ambiental para su necesaria protección, hemos sido totalmente excluidos dejando todo en manos de GESPLAN y el CSIC. Por la prensa nos enteramos de que se trata de 8,2 millones de euros para ese programa.

 

Cuál no sería mi sorpresa cuando, iniciada la reunión, en lugar fuera del propio Servicio de Medio Ambiente, lo cual me extrañó sobremanera, me dicen que el motivo de la reunión era el de entregarme, para su firma y recibí, un documento por el que se me prohíbe acudir a las Oficinas de Medio Ambiente. Ese documento firmado por Marta Moreno y Elisa Monzón, como mis jefas directas, se basa, según parece, en la queja de dos personas del Servicio Administrativo. A esas oficinas acudo, muy de cuando en cuando, para hablar con mi jefa, Marta Moreno, dado que me ha prohibido que la llame a su móvil, o que, incluso, le pueda mandar whatasaps, por tratarse de su “móvil privado”. No tengo suerte con las llamadas al fijo y es por lo que no me queda más remedio que salir de Tafira y acudir, a último remedio, a las oficinas para resolver cuestiones imperiosas. En esas escasas visitas jamás he tenido problema alguno con cualquier compañero o compañera del Servicio Administrativo, con quienes me llevo estupendamente. Todos me conocen y saben de mi actitud, razón por la que no puedo ni imaginar a qué puede obedecer esta situación tan desagradable para mí, como persona y, como creo que soy, trabajador ejemplar.
 

El no comunicarme en ese escrito con quien ha sido el posible problema, que no es ni una resolución a un Expediente Disciplinario, ni viene dimanada de una Sentencia Judicial, sino una comunicación de índole preventiva de conflictos, me causa tremenda indefensión. Que yo sepa y por las preguntas realizadas a todos los niveles a compañeros y profesionales del ámbito laboral y sindical, nunca habían visto que se vetara a un trabajador el acceso a oficinas públicas.

 

Al desconocer quienes son las personas que han presentado esa queja supone que pueda coincidir fuera de las oficinas, en cualquier lugar. No se me da derecho a réplica ni capacidad para ejercer el mínimo derecho que pueda atenderme. Entiendo que no son formas ni maneras. Todo esto me huele a cloacas y fontanería. Imagino sabrán a qué me refiero.

 

Creo que, a estas alturas de mi vida, no me merezco este trato tan indignante y lucharé por defenderme ante semejante abuso que, lejos de prevenir un conflicto, lo está originando. Cuánta torpeza!

 

A nivel interno, visto lo visto en cuestiones anteriores de la fontanería a la que me refiero, no espero nada de mis jefes que atienda mi derecho como trabajador. Como le dije al propio señor Consejero, me defenderé ante la opinión pública y que cada palo aguante su vela.

 

Pascual Calabuig Miranda

Biólogo-Veterinario del Cabildo de Gran Canaria

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