Gáldar ante el reto de vivir con más calor

Abraham Ramos Viera

[Img #42597]Estos días de agosto hay algo que hacemos casi sin pensarlo cuando caminamos por la calle: buscar la sombra. Cambiamos de acera, buscamos dónde sentarnos o apuramos el paso hasta encontrar un lugar donde el sol nos dé un poco de tregua.
 
Puede parecer una anécdota, pero creo que detrás hay una reflexión que tenemos que empezar a hacer.
 
Los veranos son cada vez más calurosos y los episodios de temperaturas extremas son una realidad con la que tendremos que convivir. Los datos llevan tiempo confirmándolo. Ante eso podemos esperar a que los problemas lleguen o empezar a prepararnos. Y desde lo local tenemos mucho que hacer.
 
Durante años ha ido cambiando la forma de diseñar nuestros espacios públicos. Se han impuesto espacios más duros, con más pavimento y, en ocasiones, menos zonas ajardinadas o arboladas.
 
Hay una cuestión estética, pero también otra mucho más práctica: los jardines y los árboles necesitan mantenimiento. Hay que regar, podar y cuidar. Una superficie pavimentada, generalmente, necesita menos.
 
Gáldar tampoco ha sido ajena a esa tendencia. En algunas actuaciones de los últimos años encontramos espacios con poca sombra y también hemos visto cómo algunas zonas ajardinadas o arboladas se han reducido o eliminado.
 
No digo esto para hacer una crítica a todo lo realizado. Creo que se trata de algo bastante más útil: aprender y empezar a mirar de otra manera lo que hagamos a partir de ahora. Porque quizás tenemos que cambiar algunas prioridades.
 
El espacio que menos mantenimiento necesita no tiene por qué ser siempre el mejor espacio para vivir. Y cuidar una zona verde no debería verse únicamente como un gasto. También es invertir en calidad de vida.
 
Tampoco estoy hablando de llenar Gáldar de césped o de especies que necesiten enormes cantidades de agua. Tenemos que ser responsables con un recurso tan escaso. Hablo de elegir bien la vegetación, conservar los árboles adultos siempre que sea posible, plantar pensando en el futuro y buscar otras soluciones de sombra allí donde el arbolado no sea viable.
 
Y tampoco basta con poner un techo. Podemos estar protegidos directamente del sol y, sin embargo, seguir pasando muchísimo calor. No se trata solo de crear sombra, sino de conseguir espacios realmente más frescos y agradables.
 
Por eso hay un concepto que me parece especialmente interesante y que cada vez utilizan más ciudades: los refugios climáticos.
 
La idea es bastante sencilla. Puede ser una plaza con árboles, agua y lugares donde sentarse. Un parque acondicionado. Pero también una biblioteca, un centro cultural, un local social o una instalación municipal que ofrezca unas condiciones más agradables y seguras durante los días de mayor calor.
 
¿Por qué no empezar a pensar en una red de pequeños refugios climáticos en Gáldar? Y cuando digo Gáldar, digo todo Gáldar.
 
Porque esta mirada tiene que llegar también a nuestros barrios. No necesita lo mismo Sardina que Juncalillo, ni San Isidro que Caideros, Barrial o el casco. Nuestra costa, las medianías y las zonas más urbanas tienen realidades diferentes.
 
No tenemos que hacer lo mismo en todos los sitios. Lo que tenemos que hacer es pensar en todos los sitios.
Y podemos empezar incorporando una pregunta muy sencilla cada vez que vayamos a construir o reformar una plaza, un parque, una calle o una cancha:
 
¿Cómo se va a vivir aquí un día de mucho calor? ¿Habrá sombra suficiente? ¿Estamos conservando los árboles que ya tenemos? ¿Dónde podrá sentarse una persona mayor? ¿Los niños podrán jugar protegidos del sol? ¿Los materiales que estamos utilizando ayudarán a reducir el calor o harán que sintamos todavía más?
 
Son preguntas sencillas, pero cada vez van a ser más importantes.
 
Porque, además, el calor no afecta a todo el mundo de la misma manera. Las personas mayores, los niños, quienes trabajan en la calle o quienes viven en viviendas que acumulan mucho calor son especialmente vulnerables.
 
En esos momentos, un árbol, una fuente o un banco a la sombra dejan de ser simplemente elementos de un espacio público. También son bienestar y salud.
 
No sabemos exactamente cómo será Gáldar dentro de quince o veinte años. Pero hay cambios que ya podemos ver.
 
Y creo que pensar nuestro municipio también consiste en eso: no esperar siempre a que los problemas estén encima para empezar a buscar soluciones.
 
Porque los árboles bajo cuya sombra queremos sentarnos dentro de veinte años son, seguramente, los árboles que tenemos que plantar y cuidar hoy.
 
Abraham Ramos Viera
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