La Guancha, 50 años después

Relato. La semilla de La Guancha

Una celebración ancestral enseña a una niña el valor de la memoria y el vínculo con la tierra en La Guancha.

Vidal Bolaños Betancort Martes, 11 de Agosto de 2026 Tiempo de lectura:
Foto: Excmo. Ayuntamiento de Gáldar.Foto: Excmo. Ayuntamiento de Gáldar.

La niña llegó al Beñesmer pensando que iba a una fiesta.

 

Llevaba una gorra amarilla, una botella de agua y esa impaciencia de los niños cuando los adultos dicen que algo será “muy interesante”. Para ella, interesante casi siempre significaba largo.

 

Pero al entrar en el entorno de La Guancha, algo cambió.

 

No había atracciones, ni música fuerte, ni luces de colores. Había tierra, mar cercano, piedras antiguas y personas hablando bajo el sol con una seriedad tranquila. Una mujer explicaba que aquella celebración recordaba la antigua Fiesta de la Cosecha. Un hombre mostraba granos entre sus manos. Un grupo de niños escuchaba cómo los antiguos canarios miraban la tierra no como un decorado, sino como una madre exigente.

 

La niña tiró de la camisa de su padre.

 

—¿Aquí qué se hace?

—Se recuerda —respondió él.

—¿Y recordar es una fiesta?

 

El padre miró alrededor.

 

—A veces sí.

 

La niña no quedó convencida.

 

Se acercaron a una mesa donde había semillas. La mujer que explicaba la actividad le dio una.

 

Era pequeña, marrón, casi insignificante.

 

—Guárdala bien —le dijo—. Parece poca cosa, pero dentro lleva futuro.

 

La niña la miró con desconfianza.

 

—Esto no parece futuro.

 

La mujer sonrió.

 

—Casi nunca lo parece al principio.

 

Después les hablaron de la cosecha, del alimento, del agua, de los ciclos del sol, de la comunidad y de los antiguos pobladores de Gran Canaria. Les hablaron de personas que vivieron antes de que existieran las carreteras, los supermercados y las prisas. Personas que dependían de la tierra, del cielo y de las manos de todos.

 

La niña empezó a escuchar de otra manera.

 

Miró las piedras.

Miró la tierra.

Miró el mar.

 

Por primera vez pensó que el pasado no estaba muerto. Solo estaba callado.

 

—Papá —susurró—, ¿ellos estuvieron aquí?

—Sí.

—¿Y sabían que nosotros vendríamos?

 

El padre no supo qué decir.

 

Un anciano que estaba cerca escuchó la pregunta y se acercó despacio.

 

—Tal vez no sabían nuestros nombres —dijo—, pero sabían que alguien vendría después. Por eso dejaron señales.

 

La niña abrió la mano. La semilla seguía allí.

 

—¿Como esta?

—Como esa. Como las piedras. Como los caminos. Como las palabras que todavía usamos sin saber de dónde vienen.

 

Al terminar la actividad, muchas personas se fueron hablando de lo bonita que había estado la jornada. Algunos sacaron fotos. Otros comentaron el calor. La niña, en cambio, se quedó mirando el suelo.

 

—¿Qué haces? —preguntó su padre.

—Estoy escuchando.

—¿La tierra?

 

Ella asintió.

 

—Creo que quiere que no la olvidemos.

 

Esa noche, al llegar a casa, no tiró la semilla ni la dejó perdida en un bolsillo. Buscó una maceta vieja, puso tierra con cuidado y la enterró con los dedos.

 

—No sé si crecerá —dijo su padre.

—Da igual —respondió ella—. Ya me enseñó algo.

—¿Qué te enseñó?

 

La niña se limpió las manos en el pantalón.

 

—Que una fiesta no sirve solo para pasarlo bien. También sirve para saber de quién venimos.

 

El padre la abrazó sin decir nada.

 

Días después, la semilla aún no había brotado.

 

La niña la regaba cada mañana.

 

No sabía si de aquella tierra saldría una planta, una pregunta o una memoria.

 

Pero cada vez que la miraba, recordaba La Guancha, el Beñesmer y aquella frase del anciano:

 

“Dejaron señales.”

 

Y entonces entendía que los pueblos no pierden su historia de golpe.

 

La pierden cuando dejan de explicarla.

 

Por eso siguió regando.

 

No solo la semilla.

 

También la memoria.

 

Vidal Bolaños Betancort

Comentar esta noticia

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.217.128

Todavía no hay comentarios

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.