Ceuta: entre la crítica legítima y el interés partidista
La crisis de Ceuta ha abierto de nuevo el debate sobre nuestra frontera sur. Y con él, han llegado las críticas. Muchas, muy duras. Se habla de "cobardía", de "chantaje" y de un Marruecos "envalentonado".
Ante un escenario tan grave, con 88 personas fallecidas oficialmente y una ciudad colapsada, la pregunta que debemos hacernos, a mi juicio, es la siguiente: ¿Estas críticas responden a la realidad del problema o responden, sobre todo, a intereses partidistas?
La respuesta, como casi siempre en política de Estado, aunque tengo mis dudas en este caso, estará más o menos en el medio.
Hay tres hechos objetivos que sostienen parte de la crítica:
Primero, se critica la falta de previsión, en base a que se sabía que el verano suele ser y ha sido en los últimos tiempos, época de mayor presión; y que la sentencia del Tribunal Supremo del 8 de julio cambiaba las reglas sobre la devolución en caliente; y que por todo ello, el dispositivo de acogida y seguridad debía estar preparado para un escenario de tensión, y que según los críticos, no lo estaba; en tanto en cuanto, El CETI, con 512 plazas, tiene 550 personas dentro y cientos fuera; por lo que, acaban dándole el calificativo de fallo de planificación.
Segundo, sobre la dependencia estratégica. Durante años se ha gestionado la frontera en función de la coyuntura con Marruecos; es decir, cuando la relación es buena, la frontera se contiene y cuando se tensa, se abre. Y que por tanto, esa dependencia es una debilidad para la soberanía de España, debiendo por ello, corregirse con más medios propios y menos improvisación.
Tercero, el colapso de Ceuta. Comentan que la ciudad ha asumido sola, una vez más, el peso de ser frontera de Europa. Sus servicios sociales, sanitarios y policiales están al límite; y que eso exige una respuesta y una compensación del Estado que vaya más allá de la emergencia. Ni que decir tiene, que la crítica sobre estos tres puntos, y sobre cualesquier otros puntos, si es constructiva es legítima y necesaria.
Pero junto a la crítica fundada, aparece el ruido. Y el ruido no ayuda a Ceuta. Calificar la actuación del Gobierno de "cobardía", como he leído en un medio de comunicación, no aporta ninguna solución; en tanto que, ningún gobierno responsable puede responder a una crisis migratoria con una ruptura diplomática. La relación con Marruecos es compleja: compartimos 14 km de frontera, comercio por valor de miles de millones, lucha contra el terrorismo y gestión de flujos migratorios. Reducirla a un insulto es, a mi juicio, hacer política de pancarta, no de Estado.
Vincularlo todo al "apoyo de Trump y Netanyahu" a Marruecos en el Sáhara, es igualmente reduccionista. La política exterior no se hace a base de tuits. Se hace con negociación, con firmeza y con paciencia. Simplificarla para el titular del día es hacer un flaco favor a los intereses de España.
Y sobre todo, en democracia el Gobierno debe ser fiscalizado; pero cuando la oposición no es capaz de reconocer ni una sola de las medidas que se están tomando; tales como: las repatriaciones de más del 80% de personas en tan poco tiempo, el despliegue de seguridad y la ayuda humanitaria entre otras acciones, la crítica deja de ser control y se convierte en desgaste. Y en una crisis de Estado, el desgaste debilita al país entero.
Por otra parte, creo que no estaría de más hacernos estas preguntas que considero claves: ¿Le interesa a Marruecos esta imagen? Aquí está el fondo del asunto. ¿Busca Marruecos imponer sus tesis con una avalancha de jóvenes y niños, con víctimas incluidas?
Hagamos entonces un análisis de intereses, no titulares. ¿Qué gana Marruecos? Presión. Cada crisis de este tipo obliga a España y a la UE a sentarse a negociar. Es su forma de recordar que controla una parte clave del flujo migratorio hacia Europa. Y, a nivel interno, reafirma su discurso sobre el Sáhara.
¿Qué pierde Marruecos? Muchísimo más. Pierde imagen. Las fotos de menores a nado y de 88 muertos dañan gravemente la marca "Marruecos" que llevan años construyendo para el turismo y la inversión. Pierde control, porque las mafias que organizan esto, se les van de las manos. Y pierde a su principal socio: España. Por eso, después de la avalancha, vinieron las repatriaciones masivas. Más del 80% de personas retornadas en pocos días. No es casualidad. A Marruecos no le interesa el caos permanente. Le interesa el efecto del caos: que le llamen para negociar.
Conclusión: a Marruecos le interesa presionar, no incendiar. Pero creo que está jugando con fuego. Y lo peor de lo peor, a mi juicio, es que ese fuego quema vidas humanas.
¿Y QUÉ ES LO QUE ESPAÑA NECESITA AHORA? ESTADO. Ceuta no necesita que nos peleemos(ya lo dije en el artículo anterior). Necesita que trabajemos, y un Pacto de Estado entre Gobierno y oposición con tres compromisos:
Más medios: Reformar el CETI, hacerlo escalable y financiar a Ceuta de forma estable, no solo en crisis.
Más Europa: Exigir que Bruselas entienda que Ceuta es frontera de todos y la cofinancie como tal.
Más estrategia: Una política con Marruecos basada en el respeto mutuo, con líneas rojas claras y sin dependencias. Criticar al Gobierno es sano. Pero hacerlo solo para desgastar, en una situación como ésta, es anteponer el partido al país.
Y a Marruecos le interesa negociar desde la fuerza. No le interesa la imagen de un desastre humanitario. Pero si nosotros respondemos con división interna, le estamos dando justo lo que busca. Ceuta merece altura de miras. España merece unidad. Y los fallecidos merecen que de esta crisis saquemos, al menos, un compromiso de Estado para que no se repita. Porque defender Ceuta no es de izquierdas ni de derechas. Es de españoles.
Juan Reyes González
























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