El ayer Sájara español (visto desde Smara)… y hoy

Nicolás Guerra Aguiar

 

Los nombres sajarianos de localidades (Smara) o posiciones militares fronterizas allá por 1975 (Majbes, Hausa, Tifariti, Echera -¿Eschedería?-) son voces familiares (e incluso lugares conocidos por mí) para quienes desde una nocturnidad hasta casi las albas africanas fuimos trasladados al Sájara durante el servicio militar, marzo del mismo año. Todos figurábamos en la Plana Mayor del Primer Batallón, ubicado en el ya inexistente cuartel que albergaba al Regimiento de Infantería Canarias 50 (La Isleta). Nuestra africana misión era sustituir a las tropas españolas de la misma unidad desplazadas seis meses atrás debido a los movimientos independentistas del Frente Polisario, organización nacionalista creada en 1973.

 

Desde varios meses antes de nuestro vuelo a Smara había sido destinado a la oficina (septiembre/74). Por tanto, estaba casi al día de la situación en la ex colonia española (informaciones llegadas de allá, noticias a través de conductos no oficiales, “Radio Macuto”...). Y como eran datos fiables, muchos de ellos los aproveché para el aula, pues por las tardes impartía clases en un centro capitalino. Los alumnos se interesaron bastante, a fin de cuentas estudiábamos acontecimientos históricos del momento y, quien más quien menos, tenía algún pariente o conocido de la familia en el Canarias 50.

 

Así pues, recurriendo a páginas muy cercanas de la Historia, a hechos del mismo siglo e incluso de inmediatos años anteriores, supimos que en 1959 España se había retirado de la provincia o colonia de Ifni y de su capital, Sidi Ifni, tras un año de conflicto armado (1957 – 58) frente a Marruecos. (Este país había conseguido su independencia de Francia en 1956, nación también colonizadora desde 1912: “Protectorado Francés”).

 

Ya ubicados en territorio sajarahui desde marzo/75, cercados por el desierto, casi a trescientos kilómetros de El Aaiún, capital costera, el tema “Polisario” y sus incursiones eran comentarios de cada día. Y como la oficina seguía siendo mi rigurosa fuente de información a pesar de conversaciones en clave de algunos mandos, comencé a sospechar ya desde agosto del mismo año que algo muy gordo se estaba fraguando en algún lugar lejano. Y confluía, cronológicamente, con la gravísima enfermedad del dictador. En efecto: llegaban informes de que cambiábamos de enemigo, pues Marruecos empezó a mover hilos para la anexión del Sájara.

 

No entro en detalles, claro: rigurosos trabajos de investigación histórica sobre tan concretos hechos`pueden encontrarse en bibliotecas. Pero, definitivamente, unos meses después trescientos cincuenta mil paisanos marroquíes (sin uniformes militares a la vista) iniciaron la Marcha Verde (6 de noviembre) para la “pacífica” invasión de las tierras españolas.

 

Y por más que la Legión, fuerzas de Infantería, Artillería, carros de combate… habían marcado la línea roja, la gradual retirada de nuestras fuerzas militares se iba produciendo al paso de los días. Y así, también durante el mismo mes, los Acuerdos Tripartitos de Madrid se imponen y España entrega el Sájara a Marruecos y Mauritania: la invasión extranjera del territorio español había triunfado tras el repliegue definitivo del Ejército. Es decir, un trozo de España fue ocupado por ciudadanos de un país forastero... a pesar de la demostración de fuerza militar del Ejército español y su amplia preparación táctica desde un tiempo atrás.

 

(Por cierto: el poder real de España estaba en manos de los ministros, almirantes y generales seleccionados por Franco para su último Gobierno. Pero no, tal como acabo de oír en la guagua, por un presidente democráticamente elegido por las Cortes tras elecciones libres a través de las urnas: aquellas se celebraron dos años después. Bulos, no.)

 

La semana pasada, con distintos protagonistas y diferente cronología, sesenta mil africanos (casi todos jóvenes marroquís, incluso menores) invaden Ceuta, una de las dos ciudades españolas geográficamente africanas reclamadas por Marruecos. Sesenta mil jóvenes que, a la manera de sus abuelos, violaron la frontera natural de un país, España, también a pie, pacíficamente, sin armamento, pero guiados por las nuevas tecnologías, las redes sociales... y alguna inteligencia externa. (Pero aun así, a pesar de tal acometida, estoy convencido de que ningún ejército europeo hubiera impedido con metralletas, misiles, carros de combate, morteros o aviación la entrada de tal inmensa marea humana compuesta por personas sin uniforme militar ni visibles pertrechos. (El antecedente de 1975, la Marcha Verde, fue estrategia magistral. Y eso que, tal como apunté más arriba, el Ejército español los esperaba y había tomado posiciones.)

 

¿Es legítima, entonces, la reclamación de Marruecos sobre Ceuta y Melilla? Sabios magistrados hay, tribunales europeos, doctores en Derecho Internacional… que podrán responder a tan compleja pregunta. No obstante, surge algo suelto por ahí que permite una segunda pregunta: ¿ambas ciudades formaron parte de un hipotético reino de Marruecos cuando el entendimiento europeo (iniciado en 1884) entre Reino Unido, Francia, España, Bélgica, Portugal... repartió el continente africano? Me parece que no.

 

Pero tampoco la pretendida República Árabe Saharahui Democrática (RASD) formaba parte de su territorio y, a pesar de las contradicciones, hoy ondea la bandera marroquí en Smara. Y todo, opuesto a una sentencia del Tribunal Internacional de Justicia, 1975: “Ni los actos internos ni los internacionales en que se basa Marruecos indican, en el período pertinente, la existencia o el reconocimiento internacional de vínculos jurídicos de soberanía territorial entre el Sáhara Occidental y el Estado marroquí. Incluso teniendo en cuenta la estructura específica de ese Estado, no muestran que Marruecos ejerciera ninguna actividad estatal efectiva y exclusiva en el Sahara Occidental” (dipublico.org). Pero ya ve: es la contraposición humana.

 

Otra cosa bien distinta, incluso opuesta, es el empeño (¿torpe o rigurosamente necesario según ciertas circunstancias?) de sectores políticos gubernamentales (entre ellos el señor presidente y algún que otro ministro) empeñados en responsabilizar a las mafias internacionales de la invasión, asalto u ocupación (sería muy esclarecedor darles nombres y apellidos a estas). Si los sesenta mil jóvenes no eran inmediatos vecinos de la frontera, y si quizás miles de ellos jamás habían oído hablar de Castillejos, municipio marroquí cercano a Ceuta, ¿cómo se desplazaron desde las lejanías? Torpeza, otra más, del Gobierno español. Y de paso, me siento ofendido como ciudadano. Y para tal empute argumento algo así como la cervantina “Razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo…”. [¡Caraájo!]

 

De todas maneras, estimado lector, y como adelantada conclusión meditativa, conoceremos la reacción de un gobierno PP-VOX cuando ellos, en vez del PSOE, ocupen la Presidencia, el Ministerio de la Gobernación y otros aledaños en el próximo intento marroquí (inmediato o no, pero muy probable): ¿darán órdenes de reprimir por la fuerza la invasión de miles de jóvenes?

 

Nicolás Guerra Aguiar

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