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Decía la semana pasada que Oscar Wilde, poeta, escritor, dramaturgo, una de las personalidades más brillantes de la época victoriana, se había dejado arrastrar por una amistad que nunca fue la más adecuada para sus intereses y de la que nunca pudo liberarse.
Escribía que pocas personas habían sentido en sus carnes tanta humillación y tanta vergüenza, y pocos terminaron viviendo en la calle con una identidad falsa, olvidado por todos. Él, que fue uno de los genios más brillantes e influyentes de su tiempo.
Mientras leía “De profundis”, una larga epístola que dirigió a su amante amigo, no podía yo, después de pasado dos siglos, dejar de lamentar profundamente todo el escarnio, los sinsabores, los disgustos, la condena que le llevó a prisión, y una rabia se iba apoderando de mí y la proyectaba contra aquel que había sido el causante de tanta desgracia.
Pues bien, hoy, algo mucho más tranquilo, sin dejarme arrastrar por mis emociones, quisiera seguir compartiendo con ustedes algunos aspectos más sobre la vida de este insigne escritor.
Para empezar diré que a nadie achacó más que a sí mismo todo el sufrimiento que pasó y toda la afrenta que vivió. Su amor desmesurado hacia Lord Alfred Douglas, le llevó a la miseria más absoluta, no solo económica: “Me culpo por dejar que una amistad no intelectual, una amistad cuyo objetivo primario no era la creación y contemplación de las cosas bellas, dominara enteramente mi vida”. “Lo que tú me hiciste fue terrible, pero lo que yo me hice fue mucho más terrible aún” Se queja de que interrumpía su trabajo y que solo hablaba, comía y bebía sin abandonarlo hasta que fuera media noche.
“Mientras estuviste conmigo fuiste la ruina absoluta de mi arte.., me culpo sin paliativos de mi debilidad, la cual es un crimen que paraliza la imaginación en un artista…Me debería haber sacudido tu persona como se sacude uno de la ropa una cosa que le ha pinchado”…
Y continúa: “tenía genialidad, un apellido distinguido, posición social elevada, brillantez, osadía intelectual…Todo lo que tocaba lo hacía hermoso, aunque me dejaba arrastrar a largas rachas de indolencia sensual y sin sentido”.
“De profundis” es una larga epístola que le escribió a su amigo dos meses antes de cumplir la sentencia que le fue impuesta por el delito de sodomía, por prácticas homosexuales. La extensa carta fue escrita con la esperanza de recibir una respuesta, que nunca llegó, del principal responsable de su condena que le supuso dos años de trabajos forzados en prisión. Condena que tuvo mucha repercusión, pues propició un recrudecimiento de la intolerancia sexual en Europa.
Llegados a este punto es importante mencionar algunas cosas respecto al escenario y a la época donde se desarrollaron los hechos, porque fueron estos los que condicionaron enormemente la suerte de nuestro protagonista.
Hay que recordar que la época victoriana se caracterizó por un período de gran desarrollo industrial, una profunda transformación social y política y un florecimiento de las artes y las letras. A pesar de ello, Oscar Wilde sufrió no solo el influjo de una amistad tóxica, sino el rígido código de conducta de la sociedad de aquel tiempo, que estaba enfocado en el decoro, el orden, la contención de las emociones y el respeto a la familia. Demasiado moralismo y demasiada disciplina, rígidos prejuicios y mucho puritanismo. Esto fue realmente lo que llevó a la cárcel a Oscar Wilde. Su condena se convirtió en uno de los mayores escándalos de la sociedad del momento.
Ni siquiera después de haber sufrido cárcel, fue capaz de librarse de su amante, pues nada más salir de prisión, se fue a vivir a Nápoles con él durante tres meses. Y es que la muralla que levanta el amor mal entendido es muy difícil de derribar.
Se me ha ocurrido pensar que puede establecerse una relación profunda entre Oscar Wilde y Federico García Lorca, a pesar de haber pertenecido a momentos y países distintos, pues ambos destacaron de forma sobresaliente en la creación teatral; vivieron y expresaron sus afectos al margen de la rígida moral de su tiempo, y ambos sufrieron persecución y muerte debido a la intolerancia social y política de sus respectivas épocas. Recordemos que Oscar Wilde fue encarcelado por su homosexualidad, lo que destruyó su salud y precipitó su muerte. Lorca fue fusilado al inicio de la Guerra Civil por los falangistas, marcado por el odio político y su condición personal. Ambos murieron muy jóvenes. Oscar Wilde a los 46 años; Federico García Lorca con tan solo 36. Los dos en lo más alto de su creación.
“¡Qué luto para la España (y la pérfida Albión) y qué vergüenza en el planeta de haber matado a unos poetas nacidos de sus entrañas. Así el mundo quedó en duelo, y está llorando porfía por Federico García y (añado) Oscar Wilde. Un río de sangre corre por los contornos del mundo…” como cantaba Violeta Parra allá por los años 60.
Y todo debido a la intolerancia social y política de cada época. Y es que tanta intolerancia y tanto odio pueden traer aparejadas muchísimas desgracias. Pero no aprendemos.
Juan Ramón Hernández Valerón.
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