Dibujo original de Eugenio Aguiar cedido por su autor para la publicación de este microrrelato.
Nadie escribió su nombre en los libros. No hizo discursos ni levantó monumentos.
Pero cada surco de su rostro y de sus manos es el sostén de una casa, de unos hijos, de un esposo ausente, de una familia y de un pueblo entero.
Ella se marchó y el silencio ensordecedor heredó su voz, gritando hoy su ausencia.
JAQM





























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