Gentes e Historia

«El cielo retratado en el tríptico de Las Nieves [Agaete]»

El artículo profundiza en la iconografía y los debates sobre la autoría del tríptico flamenco de Las Nieves, destacando el análisis del paisaje celeste y su relevancia simbólica dentro de la obra.

Antonio J. Cruz y Saavedra 2 Miércoles, 05 de Agosto de 2026 Tiempo de lectura:

Aún convaleciente en el hospital, llegó a mi ámbito de lectura especializada un libro titulado «Los cielos retratados. Viaje a través del tiempo y el clima en la pintura» de José Miguel Viñas, publicado por la Editorial Planeta, s.a., 2024, segunda edición. Lo cierto fue que resultó un libro asequible, ameno de leer, fácil de comprender y asimilar. De su fructífera lectura surge esta comunicación, que pronto será un artículo más riguroso con referencia al cielo retratado o pintado del Tríptico flamenco de Las Nieves: «El cielo retratado en el tríptico de Las Nieves [Agaete]».

 

Para una referencia, recordar al lector que ya en 1984 hicimos un estudio iconográfico del tríptico de Antón Cerezo Rebrejo y de Sancha Díaz de Zorita, que hasta la fecha no se ha mejorado y no se ha puesto en duda, y que luego presentamos como tesis de licenciatura en la Universidad de La Laguna [Tenerife]; incluso dedicamos especial antención a la flora pintada en los espacios de interior y su simbología cristiana. Acreditando que la flor es el símbolo de Jesús del Cantar de los Cantares: «Yo soy la flor del campo y el lirio de los valles». Identificada como una planta crucífera de flores blancas; por la disposición de los pétalos en forma de cruz puede tener una clara vinculación con Cristo. Ella, la señora del hacendado genovés, es la que elige el tema de la predela. Pero no nos habíamos fijado o dedicado en gran medida al cielo retratado.

 

También desde 1984 dudábamos sobre la autoría del tríptico a Josse van Cleve o Josse van der Beken, y así se lo hicimos saber al Dr. Jesús Hernández Perera. Las recientes investigaciones concluyen que de este autor es solo el San Francisco Estigmatizado, el resto es obra del taller. Pero es que ni siquiera irrumpen los cielos con nubes que aparecen pintados en la mayoría de su producción artística, así como en la obra atribuida. Todo fue por el empeño puesto por el cura regidor de la parroquia de Nuestra Señora de La Concepción, por ese entonces, apoyadísimo por las autoridades municipales en aquel momento. Hasta tal punto que se organizaron unas jornadas triunfales en torno a este gran pintor, pero que al carecer de cimientos sólidos no tuvo continuidad en el tiempo. Pero sí tuvieron la desfachates de no aceptar mi propuesta de organizar una magna exposición sobre pintura flamenca en Agaete, alegándose motivos del seguro de las obras y de las medidas de seguridad. Exposición que luego se realizó en la isla de La Palma, La Laguna [Tenerife] y en el Museo Canario [Las Palmas de Gran Canaria], ¡qué pena!

 

Remordimiento o no, lo cierto es que el párroco recién ha cambiado su discurso. Dónde antes decía Francisco Palomar, ahora admite el antropónimo Francisco Palomares; y que el tríptico de Las Nieves debe volver a su ermita y no en el tanatorio, cuando en reuniones organizadas al respecto alegaba la falta de seguridad y por lo tanto la conveniencia de su traslado a la parroquia. Sobre ese tema, Francisco Palomares es nombrado y confundido con el antropónimo vinculado a su tío carnal y que su padre, en su honor, lo bautiza con su nombre.

 

De cualquier manera este mismo proceder ha tenido muchos defensores, incluso hoy día en las «redes sociales». Unos por seguir la tradición y los otros por no leer su biografía [que está en inglés y compleja de dirigir] publicada en 1972 con un brillante estudio sobre la vida y la obra del pintor Josse Van Cleve por el investigador Max Friedländer. De gran importancia para emitir y recabar información sobre el asunto. Además de las investigaciónes surgidas en 1984 y de los trabajos más recientes como indicábamos [publicaciones, conferencias y pregón de las fiestas de la Virgen de Las Nieves en 2022]. Al respecto, se dice que «no hay más ciego que el que no quiere ver». No ha sido, al parecer, suficientes para despertar las conciencias a aquellos que se pasan el día pregonando la autoría de Josse van Cleve, ni siquiera aquello de «atribuido a», cuando en el resto del territorio peninsular [San Jerónimo del Museo Diocesano de la Catedral de Burgos] y en parroquias y museos en Europa, aparecen también con esta consideración sin que nadie se asombre ni le cause risa como al Dr. Matías Díaz Padrón; eso nos dice de nuestro grado de conocimiento sobre el asunto y el respeto a las opiniones contrarias a la oficialista.

 

Aparte del estudio iconográfico de los paneles realizados en 1984 que conformaron el tríptico flamenco, hay un estudio del paisaje y sus conexiones con el pintor Patinir, de los personajes, del hábitat y su tipología, la ciudad portuaria y sus barcos, así como el número de sus embarcaciones, 25 en total. Como de las aves diminutas que surcan los cielos. Aves migratorias que se identifican en el cielo formando la clásica distribución en delta, unas para favorecer los desplazamientos encabezando la formación en unas y en otras de gregarios para beneficiarse del flujo de aire generado por las aves que conducen la formación. Estas aves migratorias nos dan una idea de cuándo pudo realizarse los paneles [en qué estación]; aves que podrían tratarse probablemente de grullas.

 

Todo insertado en un paisaje fruto de la amistad que unía al pintor en cuestión con Joaquín Patinir, colaborando éste, según Van Mander, con un bonito fondo de paisajes en unos temas devocionales dedicados a la Virgen. Los paisajes de Patinir llaman la atención por su coloración azul y verdosa, que atrapa la atención de forma fascinante. Elevando la línea del cielo en sus cuadros dejando un horizonte elevado y una estrecha franja de cielo pintado de blanco, con llamativos peñascos y la minuciosidad con la que dibujaba los elementos atmosféricos y la luz.

 

[Img #42337]

San Jerónimo en su estudio, taller de Josse van Cleve, primera mitad del siglo xvi.

Por la ventana izquierda se sugiere un paisaje con todos su elementos

Museo Sacro de la catedral de Burgos [España]

 

De cualquier manera, nadie se había detenido en estos detalles, a la sazón más fáciles que buscar su «parentesco», identificar un posible autorretrato del pintor, y tantas otras cosas, más cómodos de comentar que investigar; aunque más viables de copiar [copy] y seguir atribuyendo todos los paneles a este pintor. Qué fácil es escribir sobre la Virgen de Las Nieves y repetir y repetir lo ya dicho y escrito, cuando lo que procede es investigar y descubrir nuevos horizontes y líneas de investigación.

 

Asimismo, se realizó un estudio de las escenas secundarias y una medición al detalle de todos los objetos y de las imágenes retratadas en los paneles. Para una pequeña referencia, el espacio dedicado al cielo en el panel de San Antonio Abad es de 30 cms y en San Francisco Estigmatizado de 24 cms. Ocupando la ciudad portuaria un espacio de 10,5 cm., y el mar 30,4 cms.

 

En la ensenada se emplaza una escena secundaria muy usual en la pintura flamenca. Aquí San Cristóbal es un tema secundario, por claras razones y también por ir remitiendo su culto en el siglo XVI, y es una buena razón para que el pintor idee un paisaje de ribera. Ribera donde emplaza dos personajes en agradable conversación, en pleno descanso en su marcha hacia la ciudad. A través del hueco dejado en el difícil e inaccesible roquedo se capta un paseo vial hacia el exterior, que unido a los personajes emplazados en el relieve, ambientan el marco físico del panel. A ellos se les unen la frondosidad del bosque, salpicado en las zonas de montaña de casas y fortalezas rodeadas de serpenteantes caminos, tan usuales en la pintura flamenca. Personajes diminutos, sobre la base de diminutas pinceladas, ocupan y armonizan un sendero siniestro. En la bahía se levanta una ciudad de gran actividad comercial y en sus aledaños relucen bellos edificios de arquitecturas nobles. Artísticamente refleja una fiel y deliciosa pincelada horizontal de gran soltura.

 

Detrás del franciscano, adormecido y ausente por completo de la escena principal, se estructura un paisaje de roquedo fantástico e irreal que llega a los límites físicos del panel. Una jungla de árboles y plantas silvestres cubren la superficie de un intenso cromatismo de diferentes tonalidades de verdes. Salpican el espesor casas con pórticos columnados, así como asnos, ganado bovino y un número considerable de aves migratorias en disposición. Personajes en plenas faenas agrícolas y con sus aperos de labranza se encaminan a sus trabajos; eso sí, todos ausentes por completo de lo que ocurría en primer plano.

 

*****

 

Pero faltaba por lo tanto el estudio de los cielos retratados, los cielos retratados característicos de Flandes [Bélgica] y que el pintor/pintores intentaron plasmar en esta magnífica obra, pero que gracias a José Miguel Viñas, en su excelente libro hace un recorrido por los cielos y los tipos de nubes que plasmaron los artistas en sus obras y por los cielos de artistas como Patinir, Velázquez, Howard, John Constable, Friedrich, Turne, Monet, Manet, Pizarro, Alberto Durero, Francisco Goya, Rogier van der Weyden, Pieter Brueghel el Viejo y Pieter Brueghel el Joven, entre otros.

 

En la parte superior del tríptico se desarrolla un cielo claro en un espacio reducido, debido a la preferencia que se le da a la superficie terrestre, al introducirse la perspectiva caballera, o a «vista de pájaro», en la cual las figuras se ven por capas, dejando mayor espacio a lo terrenal y poco a lo celestial. A la izquierda, un paisaje rocoso adopta formas visibles y caprichosas que rozan con lo fantasmagórico, distanciándose a veces de lo real. En él se aprecian fracturas rocosas que dejan entrever el paisaje posterior. Este paisaje cargado de agresividad se suaviza al decrecer en el horizonte, en la que se da cita, en la parte derecha del panel, una ensenada de aguas tranquilas.

 

El cielo retratado en el tríptico ocupa una pequeña franja no significativa del paisaje circundante, irrumpiendo una parte propia del último tercio de los dos paneles laterales: el de «San Antonio Abad y San Cristóbal y de San Francisco de Asís recibiendo los estigmas». Ni siquiera el cura, los curiosos, los que acostumbran a copiers y algunos investigadores, pasamos por alto este aspecto trascendental. Interesándose más, o haciendo mayor hincapié, en reafirmar la atribución al pintor Josse van Cleve. Decía Nicola Tesla: «no me importa que roben mi idea, sino que no tengan nada propio».

 

Y aunque durante nuestra etapa de formación en la Universidad lagunera, con asignaturas como geomorfología y climatología, es con José Miguel Viñas cuando nos interesamos por las nubes y su lectura. Según este escritor, en las pinturas estudiadas hay dos tipos de cielos, los que mantiene una atmosfera de estabilidad y los que brotan una marcada inestabilidad. Resultando de los primeros un tiempo de anticiclón, seco y soleado y en los segundos anuncian una borrasca, las tormentas y el mal tiempo. Los cielos del tríptico de la Virgen de Las Nieves se corresponde con el primer tipo de tiempo, no aparece una nube por todo el cielo representado.

 

José Miguel Viñas identifica cuatro formas nubosas principales: cirrus [nubes separadas y filamentosas de color blanco], cirrostratus [velo nuboso blanquecino, casi transparente, que puede cubrir el cielo], cirrocumulus [capa alargada de nubes blancas que no generan sombras], altostratus [sábana nubosa de gran extensión], altocumulus [banco o capa delgada de color blanco o gris] nimbostratus [capa espesa de color gris], stratocumulus [nubes de formas globulares], stratus [nube baja por excelencia de color gris y base uniforme], cumulus [nube aislada, redondeadas en forma de coliflor en la parte superior] y cumulonimbus [nube de tormenta]. En el Tríptico de Agaete, como se dijo, no hay nubes; los cielos recuerdan más bien a los «Cirrostratus», que refiere a un cielo con un velo nuboso blanquecino, con aspecto lechoso, casi transparente que puede cubrir el cielo total o parcialmente. Que según este autor la apariencia de esta nube puede ser lisa y bastante uniforme y fibrosa; y que en su presencia se forman a veces el fenómeno óptico del halo luminoso del sol o de la luna, anticipando la lluvia a corto plazo.

 

Diversos son los investigadores que han dado sus opiniones sobre el tríptico y su paternidad. Destaca en 1944 un curioso trabajo mecanografiado para la Universidad de San Fernando de La Laguna, obra del agaetense Fernando de Armas Medina. En él adscribe los paneles a la escuela flamenca de principios del siglo XVI, afirmando que son de autor anónimo, por el gran número de artistas de obras de pincel desconocido.

 

Estos son algunos de los elementos coincidentes en la pintura flamenca. Que unido a las formas tradicionales, toma prestado muchos aspectos formales de los pintores Jan Van Eyck, Gerad David, Luc Van Valckenborgh, Quentin Metsys y de Patenier; de Durero y Leonardo, toma la brillantez de su estilo y los aspectos nuevos que van a influir de manera sorprendente a su obra. El típico esfumato leonardesco es, según Friedländer, transformado, resultando de corte aristocrático y estúpido de cara al espectador. Otras conexiones con nuestro tríptico son visibles en los peñascos que se elevan oblicuamente en los paneles laterales, con sólidas paredes de follaje tomados de Gerad David, como lo hizo también de los suelos de Patenier.

 

*****

Antonio J. Cruz y Saavedra

Cronista Oficial de Agaete «in pectore»

 

Álbum fotográfico

 

[Img #42338]

Panel derecho del tríptico de Las Nieves: San Francisco estigmatizado

Obsérvese las aves migratorias y el cielo en tonos grisaceos y plateados

No hay nubes como en l obra de Josse Van Der Beke

Parroquia de Agaete [Gran Canaria]

 

[Img #42339]

Panel derecho del tríptico de Las Nieves:: San Francisco estigmatizado

visión del horizonte elevado que ocupa 24 cms del total de la superficie pintada

Parroquia de Agaete [Gran Canaria]

 

[Img #42340]

Panel izquierdo del tríptico de Las Nieves: San Antonio Abad y San

Cristóbal portando a Jesús. Vista del cielo grisaceso, donde

no destaca la formación de nubes. Paisaje rocoso de influencia

de su amigo el pintor Patinir. Bahía y ciudad portuaria con 25 barcos

Parroquia de Agaete [Gran Canaria]

 

[Img #42341]

Panel izquierdo del tríptico de Las Nieves: Retrato de San Antonio Abad

Panorámica del cielo grisaceso, donde no destaca la formación de nubes

Paisaje rocoso de influencia de su amigo el pintor PATINIR

Parroquia de Agaete [Gran Canaria]

 

[Img #42342]

San Antonio Abad y San jerónimo, obra de Velázquez, 1634. Museo del

Prado, Madrid [España]. En el cielo las Nubes Velazqueñas

 

[Img #42343]

Las tentaciones de san Antonio, de Quintin Massys, Museo de Prado [Madrid]

Paisaje con san Jerónimo. Cielos de tormenta y nubes como recurso pictórico a lo Patinir

 

Obras atribuidas a Josse Van Der Beke

 

[Img #42344]

San Francisco recibiendo los estigmas. Escuela flamenca del siglo XVI

Reflexión sobre el paisaje y el cielo con nubes y la atmosfera del momento

 

[Img #42345]

San Francisco recibiendo los estigmas. Joos Van Cleve. Museo del Louvre

Elementos compositivos coincidentes están presentes en la obra del pintor Luc Van Valckenborgh “Paisaje Montañoso”, del Museo de Historia del Arte de Viena [Austria]

 

[Img #42346]

Tríptico de la Crucifixión y los Santos Donantes, del Museo de Capodimonte de Nápoles de Josse Van Cleve. Véase las nubes en un cielo que ocupa más de un tercio de la obra

 

[Img #42347]

La Virgen y el niño con ángeles. Josse Van Cleve. Lulworth, Warcham [Gran Bretaña]

Véase el cielo salpicado de nubes en la parte superior del cielo retratado

 

[Img #42348]

La Sagrada familia, 1530-1540. Obra de Joos Van Cleve [1485-1540]

 

[Img #42349]

Tríptico de la Adoración de los Magos, c.a. 1515. Obra de Joos Van Cleve [1485-1540].

Iglesia de San Donato, Génova [Italia]

 

Antonio J. Cruz y Saavedra

Licenciado en Geografía e Historia, en la especialidad de Historia del Arte por la Universidad de La Laguna [Tenerife], y Catedrático de Enseñanza Secundaria [jubilado].

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