Reportajes

La imagen de Nuestra Señora de Las Nieves y su centenaria ermita

La escultura, datada entre 1510 y 1520, ha sido objeto de restauraciones tras siglos de culto, vestimenta y procesiones que deterioraron su estructura original.

José Luis Yánez Rodríguez Lunes, 03 de Agosto de 2026 Tiempo de lectura:
Ermita de Nuestra Señora de Las Nieves en La Peña de El Palmar de Teror (1970)Ermita de Nuestra Señora de Las Nieves en La Peña de El Palmar de Teror (1970)

La imagen de Nuestra Señora de las Nieves de El Palmar de Teror es una escultura en madera policromada, de variada filiación artística.

 

Al carecer la advocación de las Nieves de una iconografía específica, desconocemos si la Imagen de La Peña fue venerada como tal desde un primer momento.

 

Pese a lo afirmado en variadas investigaciones la adscriben, al igual que la anteriormente descrita de la villa de Agüimes, a la producción de talleres flamencos de la ciudad de Malinas. Constanza Negrín adelanta asimismo su hechura a principios del XVI, en concreto hacia la década de 1510-1520, con lo que es la imagen de las Nieves más antigua de la isla y una de las más antiguas de toda Canarias. La parte trasera de la imagen está fragmentada desconociéndose si se realizó para desprenderla de un retablo y permitir su introducción en algún nicho de pequeño tamaño como el de la cueva que la acogió hasta el siglo XVII o para, según Negrín, ocultar la frecuente oquedad trasera de estas imágenes. Sea cual sea la explicación, ello determinó el que tanto la espalda como la parte posterior del cabello no existan.

 

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Los pliegues del vestido caen de forma holgada y suelta, formando “uves” de tradición bajorenacentista en su caída central, lo que ha observado Graciela Santana como un dato más de similitud con el estilo de la imagen sevillana del escultor Fernández, aunque Negrín aclara que este tipo de plegados es de tradición gótica con raíz eyckiana y que en la imagen del Palmar se presentan en el manto.

 

La imagen procesionaba sobre una peana realizada en el siglo XVIII, que alzaba la talla para dar más prestancia y lucimiento a las vestiduras, en unas andas de factura muy simple y rodeada por una ráfaga de rayos plateados que resaltaban la glorificación de la Madre de Dios.

 

En la actualidad lo hace en un trono con palio, realizado con estructura de madera en la carpintería de los hermanos García de Teror y chapado en estaño por los artesanos terorenses Francisco Herrera y Juan Carrasco en 1982, quienes también trabajaron en otras labores de gran valor artístico para la patrona de la Diócesis y otras muchas imágenes de la Diócesis.

 

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La imagen de Nuestra Señora de las Nieves al igual que la de Nuestra Señora del Pino y otras, pese a la belleza de su talla estuvo vestida desde sus primeros tiempos, por lo que, también al igual que a ésta, deben colocársele unas manos postizas ya que las suyas quedan ocultas bajo las vestiduras. En el inventario de 1715 con que comienza el Libro de su Mayordomía ya se menciona un manto de raso listado y una corona. En 1730 la Imagen tiene un vestido con túnica blanca y manto azul, otro con túnica azul y manto verde y dos varas de damasco para hacerle otros dos vestidos.

 

Además, se compraron por esas mismas fechas una vara de raso blanco y vara y media de damasco azul para vestido y manto, con una varilla y un punzón para fijar la corona a la Virgen. A fines de la década de 1730, culminando el período de mayordomía del presbítero don Bernardo Sánchez del Toro, la Virgen tenía una nueva corona de plata, una caja para guardar los vestidos y telas, un nuevo manto de tafetán pardo y un pendón de “tafetán de españa” blanco con guarnición de borlas y flecos de seda para preceder a la Imagen en sus procesiones. En 1766 ya tiene corona de plata también el Niño, una cruz de oro en una mano y un relicario y cascabelero de plata.

 

Ya en el siglo XX se realizaron varios mantos y sayas para la Virgen de las Nieves. Uno de singular importancia por estrechar la relación que la une con la Virgen del Pino fue el elaborado por Francisco Herrera y Juan Carrasco en 1982 en los talleres terorenses con los trozos de tela llamada de fallera con la que ambos artesanos realizaron un traje para la Patrona de la Diócesis el mismo año.

 

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El deterioro de la imagen ha sido muy grande durante todos estos siglos debido al maltrato que recibía para prepararla en su colocación en la peana, las coronas y la vestimenta añadida, además de los daños añadidos que ocasionaban las procesiones con motivo de sus fiestas, o más tarde su anual traslado al templo parroquial de Las Huertas. Por ello, fue encargada su restauración a Amparo Caballero Casassa y Mila Gómez Pablo. La situación de la imagen era ya alarmante y aconsejaba la urgencia de la intervención.

 

Se realizó un primer estudio organoléptico que descubrió detalles interesantes sobre su estado y otros de singular importancia como que se habían realizado varias actuaciones antiguamente que iban desde el repintado de todos los ropajes ocultando el pan de oro que la cubría anteriormente, excepto en la falda; el descubrimiento de pequeños trozos de tela adheridas sobre la escultura del Niño con el fin de embellecerla; el corte de parte de la falda a la altura de la cintura para facilitar la colocación de los vestidos; o el hecho no documentado hasta ahora de que por razón desconocida la cabeza de la Virgen se desprendió en algún momento del resto del cuerpo, accidente que fue subsanado con la introducción en el interior de la misma de un clavo de gran tamaño, descubierto con el estudio de rayos X (efectuado previamente a la restauración) y el repintado de la escultura en la zona más oculta de las mejillas y el cuello.

 

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La primera ermita

 

La primera ermita de Nuestra Señora de las Nieves en la Peña del Palmar de Teror se construyó por disposición de Nicolás de Tolentino de Herrera-Leyva y Medrano en testamento abierto en 1666 -hace 360 años- ante el escribano Diego Álvarez de Silva.

 

En la Ciudad Real de Canaria, a 30 de marzo de 1666, ante Diego Álvarez de Silva, estando don Nicolás de Herrera Leyva en su casa acostado en una cama y al parecer en su entendimiento natural, entregó el testamento, sellado y cerrado”

 

Nicolás de Herrera-Leyva fue Abogado de los Reales Consejos, Fiscal de la Real Audiencia de Canarias, Síndico Personero General de Gran Canaria y Teniente Corregidor de la isla. Casó el 14 de octubre de 1634 con Ana Díaz del Río, hija del terorense Pedro Díaz del Río y de Sebastiana Martín Pérez.

 

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En su testamento ordenaba que se construyera una ermita junto al risco de La Peña Horadada.

 

Item por que soy Patrono de la hermita de Nta. Sra. de las Niebes en la Peña en el Palmar, y está en una cueba. Mando y es mi voluntad se haga hermita en pte. cómoda en dicho pago y se le ponga campana para que en ella se diga missa y la hayan los de aquel pago empor sus indisposiciones y ocupaciones no pueden asistir en el pueblo”

 

Dada la constante necesidad de reparaciones y el pequeño tamaño de esta primera ermita y llegada la década de 1780, los vecinos del barrio comenzaron a reunir madera de mejor calidad para, olvidado por supuesto el patronazgo que la familia Herrera-Leiva tenía, proceder ellos mismos a construir una mejor edificación.

 

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El obispo Antonio Martínez de la Plaza, en su visita a La Peña del 14 de diciembre de 1786, ordenó al mayordomo Diego Ramírez que se procediese a vender esta madera que los vecinos habían ido acumulando junto a la primera ermita y en una casa cercana preparando la ampliación, ya que existía el peligro de que se estropease y se perdiese todo el trabajo invertido, teniendo en cuenta que en aquel momento no había fondos para la “costosa empresa” que se pretendía.

 

Se comenzó inmediatamente la venta de la madera, pero al advertir la predisposición de los palmarenses de entonces, el mayordomo obtuvo la preceptiva autorización y comenzó a movilizarlos y, poniendo parte de su fortuna al servicio de la obra, en corto plazo de tiempo demolieron la anterior ermita y fabricaron desde los cimientos la singular obra que ha llegado a la actualidad.

 

El 23 de octubre de 1787, transcurridos poco más de diez meses de la visita del obispo, la nueva ermita estaba concluida y Diego Ramírez informaba de la finalización de la construcción.

 

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Teniendo en cuenta que, como ha sido siempre costumbre en este tipo de edificios, las juntas de vecinos realizarían gran parte de los trabajos necesarios, los gastos principales de la construcción de la ermita fueron los siguientes:

 

- Las esquinas de cantería y las dos puertas. 295 reales.

- El sueldo del oficial de pedrero. 625 reales.

- Los sueldos de los oficiales de carpintero. 900 reales.

- Los sueldos de los peones. 427 reales y 4 cuartos.

- Los sueldos de los que aserraron la madera. 175 reales.

- La cal. 195 reales.

- Las tejas. 255 reales

- Las losetas del piso, y el sueldo del oficial que las sentó. 420 reales.

- Los clavos de la fábrica. 37 reales.

- El retablo “acabado”. 715 reales.

 

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Más de cuatro mil reales de la época, aportados por el vecindario palmarense.

 

La ermita de Nuestra Señora de las Nieves fabricada, es una sencilla construcción de una sola nave, con portada recercada de cantería y puerta principal de tea tachonada. Dispone también en la pared lateral izquierda de una puerta sobreelevada que ha quedado así al bajar la cota del camino que pasaba junto a la ermita cuando se ejecutó la carretera del Barranco del Pino.

 

En este mismo lado una pequeña ventana sirve de lucernario del altar. Estos dos huecos están sin recercar. Francisco González Díaz en su libro “Teror”, nos describe la entrada de las primeras luces del día por esa pequeña ventana en su capítulo sobre la fiesta de las Espigas.

 

Los adoradores nocturnos han velado al Santísimo Sacramento; el día les sorprende sobre sus reclinatorios luchando con el sueño que les persigue é invade; la palidez del alba penetra por la lumbrera de la diminuta ermita del Palmar, donde se ha realizado el acto de la adoración”

 

La cubierta exterior es de teja árabe, y la interior es de tipo puente, con tres tirantes, acabando en un semiochavo en la zona del altar. Se remata a la pared con un cordón funicular. Los pares de la armadura están acanalados, con tirillas tapando las juntas.

 

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Cuenta asimismo con dos elementos artísticos de singular importancia: el retablo y el púlpito realizados en los años siguientes a la finalización del edificio.

 

En la década de 1790 se siguieron ejecutando obras de mejora; destacando, con aportaciones vecinales, el dorado del retablo y otras pinturas en la iglesia para las que los vecinos reunieron 800 reales y que costaron 1.300 reales; y la fabricación de una nueva lámpara de plata, para la que contribuyeron con 550 reales y que tuvo de costo 1.188 reales y 15 cuartos.

 

Como se puede comprobar el inventario con el que la ermita entró en el siglo XIX resultaba bastante completo si consideramos que su estado y todo lo que ella contenía se debía casi exclusivamente al esfuerzo de los habitantes del Palmar; todos con mayor o menor fortuna, labradores a fin de cuentas. Se observa la desaparición de imágenes de la primitiva ermita, como la de San Nicolás que seguramente sería un donativo del fundador de la ermita, Nicolás de Herrera Leiva y Medrano, o de su familia en recuerdo de su onomástica y que aparecía todavía en 1730; así como la desaparición de los seis cuadros que se inventariaban en 1766 y eran los de Nuestra Señora del Rosario, San Miguel, San Juan, San José, San Ignacio de Loyola y Santa Bárbara.

 

El siglo XIX no aumentó prácticamente en nada este inventario de bienes. La carencia de datos sobre este período es casi absoluta.

 

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En el Libro de Fábrica se dejaron de relacionar las cuentas y asuntos de la misma en 1804 y los dos mayordomos conocidos en estos años lo son gracias o documentos sueltos o a menciones en sus testamentos. Y ya en el último tercio de siglo aparece Judas Dávila, párroco de Nuestra Señora del Pino, llevando las cuentas de la ermita hasta principios del XX. Don Judas era natural de la Villa de Agüimes por lo que la devoción de las Nieves no le era extraña. Curiosamente, es en estas cuentas donde comienza a aparecer el medio día del Heredamiento de la Pila que los vecinos habían donado a la Virgen y que se subastaba cada año, hasta que en el siglo XX la Heredad dejó de manar.

 

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Como dato importante de este devenir histórico, destacar que el 22 de agosto de 1941, el párroco de Teror Antonio Socorro Lantigua, comunicaba, a petición del obispo, su opinión favorable a la creación de la parroquia de Nuestra Señora de las Nieves y los límites que proponía para la misma; y posteriormente, el 18 de marzo de 1943, Antonio Pildain Zapian decretaba la erección de la nueva parroquia; decisión que fue publicada en el Boletín Oficial de la Diócesis al día siguiente, conjuntamente con el de otras nuevas parroquias de la diócesis, en los términos siguientes:

 

Nos el Doctor Don Antonio de Pildain y Zapiain, por la Gracia de Dios y de la Santa Iglesia Apostólica, Obispo de CanariaS, venimos en decretar y decretamos:

 

Primero: Se desmiembra de la Parroquia de Nuestra Señora del Pino de la Villa de Teror, la parte comprendida dentro de la siguiente circunscripción: “Una línea que, partiendo de Cueva Gabeta, en el límite de Firgas y Teror, sigue por Escobonar (sic), Barranco de Pinillo, la Zerpa, en la confluencia de los Barrancos del Pinillo y de Teror, siguiendo luego por éste, subiendo luego por el límite de la finca de las Caldereras, en línea recta a la terminación del lomo de los Silos, continuando por éstos, carretera de Arucas a Teror, hasta Paredes, subiendo luego por camino del Rayo hasta Cueva Gabeta”

 

Segundo: En el territorio desmembrado de la Parroquia antes citada, erigimos la nueva de Entrada del Palmar, y que llevará por título “Parroquia de Nuestra Señora de las Nieves” y que tendrá por sede, mientras no se haga el nuevo templo de el Palmar, la ermita de Nuestra Señora de las Nieves de aquel barrio.

 

Dado en Nuestro Palacio Episcopal de Las Palmas de Gran Canaria a diez y ocho de Marzo de mil novecientos cuarenta y tres.

Antonio, Obispo de Canarias”

 

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Con este decreto episcopal comenzaba un nuevo capítulo en la historia de la advocación mariana de las Nieves en Teror y en la del propio barrio de El Palmar; cuya antigua ermita -patrimonio y valor máximo del lugar- se va acercando ya a la efeméride de sus 240 años.

 

José Luis Yánez Rodríguez

Cronista Oficial de Teror

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