El camello. Foto: Cisco Molina GonzálezA petición de la Asociación de Vecinos de La Enconada, con motivo de la celebración de la Fiesta del Camello 2026 (del 17 de julio al 15 de agosto), hemos redactado este breve texto. Nuestro objetivo es seguir difundiento el valor de la estrecha relación entre la naturaleza y el ser humano, un vínculo fundamental que define la esencia del Amagro histórico.
Amagro comenzó a surgir de las profundidades hace algo más de 14 millones de años, formaba parte de la ladera norte del gran volcán en escudo primitivo que fue la isla.
De entonces son las fonolitas que conforman sus crestas y espigones más notables: El Roque, Filo Cuchillo, El Camello, Montaña Alta, El Campanario, Montaña Pelada...
Cesaron las erupciones y comenzó el desmantelamiento y la erosión. Amagro se convirtió quizás en un islote separado de la isla madre. Hasta que volvieron a esta parte los volcanes que aumentaron la isla; los últimos, la montaña de Gáldar y otros conos en torno y dentro del macizo.
En estas lomas habitó una flora variada y rica de la que aún queda una muestra de primera importancia, con especies raras como la siempreviva de Amagro o la colderrisco de Tamadaba, y otras exclusivas como la salviablanca de Amagro o la yerba de plata arminda. Y junto a ella lisas, lagartos y peringueles, una inmensidad de insectos de todos los órdenes y aves de variados cantos y plumajes.
![[Img #42260]](https://infonortedigital.com/upload/images/08_2026/9120_fiesta-del-camello-2026-la-enconada-1.jpg)
A la llegada del hombre estas montañas se hicieron sagradas, en ellas se refugiaban a salvo los perseguidos, desde sus cumbres se invocaba a Magec, a Acorán, se pedían lluvias y se bajaba hasta el mar, en primitiva Rama...
Con la llegada de los europeos, Amagro perdió su sacralidad y sus tierras pobres sirvieron para mitigar las penurias de los más pobres: leña de tabaibas y cardones para los hogares, pastos escasos para los ganados, secanos para cereales de subsistencia, aguas esporádicas, cal, picón y piedra...
En las últimas décadas este territorio comenzó a sufrir transformaciones intensas. Hoy, canteras, construcciones y vertederos siguen dejando cicatrices visibles sobre un paisaje milenario, las plantas foráneas asfixian a las naturales y la culebra de california acaba con nuestros reptiles y aves.
Son indudables los valores natural y antrópico que contiene este espacio protegido, pero también se observa algo en lo que Amagro se hermana con otros lugares de Canarias: el desconocimiento de esos valores por una buena parte de nuestra ciudadanía y los ataques que recibe en nombre de un mal llamado progreso.
Nuestra esperanza y nuestra lucha debe ser que las nuevas generaciones sepan situarse con los pies en su tierra, valorar su medio natural y su pasado, remoto y reciente, conocer por qué somos lo que somos y qué queremos o deseamos ser en el futuro.
Asociación Cultural Atis Amagro.































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