Ceuta, tiempo de Estado, tiempo de unidad, tiempo de futuro

Juan Reyes González

[Img #5587]Lo que ha ocurrido esta semana en Ceuta no puede despacharse como "un pico migratorio más". Lo que hemos visto son decenas de miles de personas cruzando a nado en pocas horas; al menos 57 vidas perdidas en el intento, un CETI desbordado y una ciudad de 85.000 habitantes puesta al límite de su capacidad.

 

Esto es, ante todo, un desafío humanitario; pero también es, sin duda alguna, y no podemos obviarlo bajo ningún concepto, un desafío a la gestión de nuestras fronteras, a la cohesión de nuestro Estado y a la credibilidad de España ante Europa y ante el mundo.

 

En estos momentos, España necesita menos ruido y más Estado; necesita menos titulares y más soluciones; necesita unidad.

 

Está claro que hay un hecho, que se llama crisis humanitaria y de gestión. Los datos son tozudos. En la última semana se ha producido la entrada de muchas decenas de personas en un solo episodio, en el marco de una cifra global que algunas estimaciones sitúan por encima de las 50.000 entradas irregulares.

 

Detrás de cada número hay una historia. Hay jóvenes marroquíes y subsaharianos engañados por mafias. Hay familias, y también personas que no llegaron; y miles de ceutíes, funcionarios, sanitarios y voluntarios de Cruz Roja que están respondiendo con una dignidad ejemplar.

 

El Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes, diseñado para 512 personas, alberga ya a 550. Y a sus puertas esperan unos cientos más. La carretera de acceso se ha convertido en un campamento. Esto ya no es sostenible, ni para las personas que llegan, ni para los vecinos de Ceuta, ni para el Estado que debe garantizar sus derechos.

 

Ni que decir tiene, que ante la emergencia, el gobierno ha reaccionado. El desplazamiento del presidente a Ceuta era necesario. El mensaje de apoyo a la ciudad y a sus instituciones también. Se han activado los mecanismos de coordinación entre Delegación del Gobierno, Guardia Civil, Policía Nacional y Ejército. Se ha anunciado el refuerzo de la vigilancia marítima con boyas y medios. Y lo más importante: se ha puesto en marcha, con la cooperación de Marruecos, un proceso de repatriación que ya ha permitido el retorno de unas 48.300 personas. Nadie discute que estas medidas son urgentes. Pero lo urgente no puede sustituir a lo importante. Lo importante es la planificación. Ceuta necesita que el CETI deje de ser un centro rígido, pensado para otra época. Necesita un sistema de acogida escalable, con protocolos claros de identificación, asilo y reubicación en la península, que sean rápidos y humanos. Necesita que la tramitación administrativa no colapse por la falta de medios materiales y humanos.

 

Llegados a este punto, es obligatorio hablar del papel de todos los partidos.

 

En una democracia la discrepancia es sana y necesaria. El control al Gobierno es una función constitucional. Pero hay momentos que trascienden la legítima dialéctica parlamentaria. Hay momentos de Estado. Una crisis en la frontera exterior de la Unión Europea, con vidas humanas en juego y con la integridad territorial en cuestión, creo que es uno de esos momentos.

 

Por eso se echa de menos un gesto de colaboración leal. Se echa de menos que, junto a la crítica, que es legítima, se reconozca el esfuerzo de los servidores públicos que están trabajando 24 horas. Se echa de menos una propuesta constructiva que no sea solo la negación de lo que hace el otro. Hasta la fecha, a mí, no me ha parecido oír que desde la oposición se haya valorado positivamente ninguna de las actuaciones puestas en marcha. Y eso, en una situación como la actual, debilita al país.

 

Lo que España necesita ahora es un Pacto de Estado por la Frontera Sur. Un acuerdo de mínimos entre Gobierno, PP, PSOE, y el resto de fuerzas con representación, que blinde tres cosas: La defensa de la integridad territorial; una política migratoria humana y ordenada y un fondo de financiación estable para Ceuta y Melilla que no dependa de cada crisis. Ese pacto enviaría un mensaje claro dentro y fuera: en lo esencial, España va a una.

 

Nos jugamos mucho: Lo primero es la soberanía y la seguridad; en tanto que, una frontera que puede ser cruzada masivamente deja de cumplir su función. Defender Ceuta es defender la ley. Eso exige medios técnicos, agentes suficientes y, sobre todo, una política exterior con Marruecos basada en el respeto mutuo y la cooperación, no en la dependencia. La sentencia del Tribunal Supremo del 8 de julio debe, a mi juicio, analizarse para ver cómo encaja en un sistema de protección integral de la frontera, o cambiar la Ley.

 

Lo que sigue es la Dimensión Humanitaria y Europea. España no puede, ni debe, dar la espalda a quien huye. Pero la acogida digna exige orden. El sistema de asilo está colapsado. La reubicación de solicitantes desde Ceuta al resto de España y a otros países de la UE es lentísima. Bruselas tiene que entender que Ceuta y Melilla son su frontera. Y como tal, debe cofinanciarla. Más Frontex, más fondos y más solidaridad real; después está el Impacto en Ceuta y su sociedad. Ceuta lleva años soportando una presión desproporcionada. Cada crisis migratoria es un golpe a su economía, a su comercio y a su convivencia. El Estado tiene la obligación de compensar ese sobreesfuerzo. Con inversión, con empleo y con infraestructuras. No podemos pedirle a Ceuta que sea la muralla de Europa y luego olvidarnos de ella 11 meses al año. Y por último, la Lucha contra las mafias. Detrás de cada patera y de cada salto hay una red criminal que trafica con personas. La respuesta no puede ser solo policial. Tiene que ser judicial, internacional y de cooperación al desarrollo. Hay que cortar el negocio de raíz.

 

Y concluyo con el legado que queremos dejar. Ceuta lleva siglos siendo puente entre continentes y culturas. Ha resistido asedios y ha demostrado una capacidad de integración ejemplar. No vamos a permitir que ahora se convierta en el símbolo de la desunión de España. Los ceutíes no nos piden que nos peleemos en Madrid. Nos piden que trabajemos por ellos. Este es el momento de la altura de miras. De aparcar la estrategia del "todo vale" y de pensar en el país. Porque cuando la frontera tiembla, tiembla España entera. Y cuando España se une, la frontera se hace más fuerte. Defender Ceuta es defender la Constitución. Defender Ceuta es defender Europa. Defender Ceuta, es, sin duda alguna, defendernos a nosotros mismos.

 

Juan Reyes González

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