El reciente homenaje institucional a José Santana Florido, el ‘Pollo Florido’, celebrado en el Terrero de Lomo Cementerio, ha reavivado una exigencia social que el Ayuntamiento de Telde no puede seguir ignorando. Lo que debió ser un acto de estricta justicia y reparación democrática integral se ha quedado, a ojos de quienes defendemos la dignidad de las víctimas del franquismo, en una humilde luchada que sabe a "peor es nada". Existe la firme convicción de que el consistorio ha incurrido en un paripé político, limitándose a cumplir de forma parcial y superficial lo acordado por mayoría absoluta en el pleno municipal.
La moción plenaria aprobada no era un brindis al sol ni un mero trámite para cubrir el expediente. El acuerdo exigía compromisos de calado que permanecen flagrantemente incumplidos. Entre ellos, destaca de forma prioritaria la designación oficial de una instalación deportiva local —un terrero de lucha— con su nombre, una medida indispensable para que el legado del puntal permanezca vivo en el día a día del municipio. Asimismo, se ha dejado en el olvido la financiación municipal para la producción de un documental biográfico, una herramienta pedagógica y audiovisual crucial para rescatar del olvido institucional su figura histórica y los crímenes de la represión en el municipio.
La memoria de Santana Florido trasciende la arena deportiva; encarna el heroísmo y la resistencia frente a la barbarie fascista. Quien fuera arrojado vivo a la Sima de Jinámar no marchó como un cordero al matadero: la crónica popular recuerda con orgullo cómo, haciendo uso de la fuerza descomunal de unos brazos curtidos en mil agarradas, logró zafarse de sus ligaduras y arrastró consigo a uno de sus verdugos falangistas hacia el abismo. Un ejemplo de valentía de tal magnitud merece los máximos honores, no un acto efímero que se disuelve al apagarse los focos del terrero.
Resulta especialmente doloroso e injusto el agravio comparativo cuando, a nivel estatal, se cuenta con un Ministerio de Memoria Democrática bajo las siglas del PSOE, y con la mayoría de asociaciones de memoria en Canarias presididas e integradas por miembros del mismo partido en el que militó el propio Florido. Con estos resortes de poder e influencia, resulta incomprensible la tibieza institucional. Ante la vulneración de los derechos de las víctimas de la dictadura, no cabe el conformismo. Con el 'Pollo Florido', al igual que con cada represaliado por el franquismo, la sociedad civil y las instituciones democráticas tienen la obligación moral de ir a por todas, exigiendo que el Ayuntamiento de Telde cumpla de manera íntegra y sin rebajas la palabra dada en sesión plenaria.
El ejemplo del 'Pollo Florido' sigue resonando con fuerza en la memoria colectiva canaria, no solo como el gran puntal que fue en los terreros, sino como el símbolo de un pueblo que se resistió a ser doblegado por el terror fascista. Sus poderosos brazos, los mismos que levantaron pasiones en la arena, se convirtieron en su último aliento en la herramienta de un acto heroico de dignidad y justicia ante las puertas del propio abismo. Su figura gigante no cabe en un homenaje a medias. El Ayuntamiento de Telde debe entender que la reparación de nuestra historia es una tarea sagrada y que aún está a tiempo de rectificar. Nunca es tarde para dotar de presupuesto a ese documental y poner su nombre con letras de oro en un terrero municipal, brindando por fin a José Santana Florido el reconocimiento histórico y con mayúsculas que se ganó con creces para la eternidad.
Francisco González Tejera
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