
En la tarde del miércoles, 17 de junio de 2026, se presentó el libro de José Miguel Perera (profesor, investigador y poeta) en la Biblioteca Municipal de Arucas.
El excelente fotógrafo, David Cabrera, fue el encargado de realizar una breve semblanza vital del escritor, quien vino a decir, entre otras cosas, que “la poesía de José Miguel traspasa los límites del lenguaje y transforma el poema lingüística, visual y emocionalmente. Como no intento buscar la lógica inmediata, la mente siempre permanece abierta.”
Y las palabras del escritor fueron muy claras: “este es un libro que agrupa otros ya publicados. A grandes rasgos viene a recoger lo que he hecho en poesía, donde me siento más identificado. Suelo tener en cuenta las discapacidades humanas de nuestra realidad y me pregunto cómo se puede escribir poesía con esa dificultad: yo no puedo expresarme de otra manera. El hecho de escribir me descarga; de ahí vienen las matraquillas o guineos. Por eso la Literatura tiene mucho de psicológico.” Luego, echó para atrás: “mi infancia ha estado en los márgenes de La Goleta, el Angostillo y la Cuesta de la Arena, y está muy vinculada al mundo que he vivido. Siempre necesito la mirada de los demás, pues me ayudan a interpretar lo que escribo y siento.”
A continuación, la fotografía trataba de interpretar las palabras del autor. Y tanto David Cabrera como Perera aportaron las subjetividades que sobrevuelan la realidad más inmediata y cercana. Así, para afrontar la lectura de los poemas de José Miguel Perera de otra manera peculiar y novedosa, donde “el pererismo” hizo su aparición y, además, ha venido para quedarse, David Cabrera se adentró en una aventura peligrosa, personal y cierta: poner imagen a diez poemas en los que supo captar de manera clara y precisa lo que mostraban los complicados y cerrados textos, donde “la ruptura de la sintaxis origina neologismos; crear otra historia e intentar traducir lo que el autor ha escrito engancha”, dijo el extraordinario captador de secuencias.
Los diversos protagonistas de las distintas imágenes propuestas (el mar, el muro, el espacio, la sed, la sal de las condenadas, las ventanas, la emigración) sirvieron de estímulo para intentar comprender los textos, que no solo se hicieron más visibles, sino que ayudaron a comprender mejor la realidad que se esconde tras las palabras del escritor: una convivencia nueva surgió de repente. Y eso es de agradecer. La presentación se complementó, como no podía ser de otra forma, con una clara exposición de un puñado de imágenes de reconocida factura y mejor disposición: dos creadores, cada uno desde su parcela, contribuyeron a entender mejor el libro propuesto. Y a tener en cuenta su valor. Y a significar que la interpretación es tan personal y única como la vida misma. Ya se sabe: dejar la lógica a un lado.
Solo nos queda felicitar a los dos porque nos brindaron, y nos regalaron, una tarde distinta en que la sugerencia se debatía en absoluta libertad. Y eso siempre es de agradecer. Y mucho. Nunca habíamos disfrutado tanto de la presentación de un libro, que fue tan distinta y original por el empeño de dos personas que tienen algo que decir y que, además, saben hacerlo: no es solo su forma, que también, sino la confirmación de que el valor profesional es un motivo claro de inspiración, cuando no una realidad donde lo heroico fluye y adquiere el tono deseado.
Tarde agradecida y brillante. Sí.
Juan FERRERA GIL




























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