El Instituto Rey Fernando Guanarteme: más de cuatro décadas defendiendo la memoria de Canarias

Vidal Bolaños Betancort

[Img #38239]La institución dedicada al estudio de la historia, la genealogía y la heráldica afronta el desafío de acercar su patrimonio documental a una sociedad que necesita conocer mejor sus orígenes para comprender su presente

 

En una época dominada por la rapidez, la información fragmentada y las afirmaciones que se comparten sin comprobar su procedencia, dedicar tiempo a investigar un documento antiguo puede parecer un gesto perteneciente a otro mundo. Sin embargo, pocas tareas resultan hoy tan necesarias como detenerse, acudir a las fuentes y reconstruir con rigor aquello que fuimos.

 

Esa es la labor que, desde hace más de cuatro décadas, desarrolla el Instituto Canario de Estudios Históricos “Rey Fernando Guanarteme”.

 

Mi reciente nombramiento como miembro de número me ha permitido acercarme todavía más a una institución que no debería observarse únicamente desde la solemnidad de sus ceremonias. Detrás de cada acto, publicación, investigación o ingreso existe un propósito de mayor alcance: impedir que una parte de la memoria histórica de Canarias desaparezca, se distorsione o quede reducida a una sucesión de nombres y fechas sin conexión con la ciudadanía.

 

Una institución creada para cubrir una ausencia

 

El origen del Instituto se encuentra en la Asociación Canaria de Estudios Históricos Rey Fernando Guanarteme, inscrita en abril de 1981. Entre sus primeros responsables figuraron Ignacio Díaz de Aguilar y Elízaga, Miguel Rodríguez Díaz de Quintana y el profesor universitario y arqueólogo Celso Martín de Guzmán.

 

La nueva entidad nació con el objetivo declarado de cubrir una carencia en los estudios históricos del archipiélago. Para ello se propuso conservar e investigar las tradiciones históricas, culturales y genealógicas de los antiguos habitantes de Canarias, promoviendo el análisis crítico de las fuentes, la investigación minuciosa, el rigor metodológico y una exposición clara de los resultados. En 1988 adoptó la denominación de Instituto Canario de Estudios Históricos Rey Fernando Guanarteme. 

 

No se trata de una declaración menor.

 

Investigar la historia exige algo más que recopilar datos. Supone comprobar documentos, contrastar versiones, reconocer los vacíos existentes y aceptar que muchas afirmaciones repetidas durante generaciones pueden necesitar una revisión.

 

La historia no es una pieza inmóvil. Tampoco es un relato que deba adaptarse a las necesidades políticas, emocionales o identitarias de cada momento. Es una construcción permanente basada en pruebas, preguntas y nuevas interpretaciones.

 

El Instituto nació precisamente para trabajar en ese territorio: el situado entre la memoria heredada y la historia documentada.

 

La genealogía como historia social

 

Aunque su campo de actuación comprende la historia, la heráldica y las tradiciones culturales, una parte especialmente importante de su trabajo se ha concentrado en la investigación genealógica. Entre 1986 y 1989 publicó seis números de su revista, dirigida por Celso Martín de Guzmán, en cuyo consejo de redacción participó también el profesor e historiador Juan Sebastián López García.

 

Muchos de aquellos estudios estuvieron dedicados a seguir documentalmente la descendencia de miembros de la familia Guanarteme a través de distintas generaciones. 

 

La genealogía puede parecer, a primera vista, una disciplina centrada exclusivamente en apellidos, linajes y árboles familiares. Sin embargo, cuando se investiga con profundidad, ofrece una radiografía de la sociedad.

 

Un testamento puede revelar cómo se distribuían las propiedades. Una partida de matrimonio permite conocer alianzas familiares, migraciones o relaciones entre territorios. Un expediente judicial muestra conflictos, desigualdades y formas de convivencia. Un registro parroquial puede devolver el nombre a una persona que había desaparecido de cualquier otro relato.

 

Por eso, la genealogía no debería reducirse a la búsqueda de antepasados ilustres. Su verdadera capacidad está en reconstruir comunidades enteras.

 

También puede ayudarnos a detectar las ausencias: las mujeres citadas únicamente como esposas o madres, los trabajadores sin propiedades, las familias humildes que apenas dejaron documentación y aquellas personas que sostuvieron la vida de los pueblos sin ocupar cargos ni recibir reconocimientos.

 

El gran reto consiste en transformar el árbol genealógico en historia social.

 

No basta con saber quién fue hijo de quién. Es necesario preguntarse cómo vivió, qué lugar ocupó en su comunidad, qué dificultades afrontó y qué nos dice su experiencia sobre la sociedad de su tiempo.

 

Una biblioteca que necesita ser conocida

 

La sede del Instituto se encuentra en la plaza de Santo Domingo de Las Palmas de Gran Canaria. Fue inaugurada en junio de 2014 y alberga una biblioteca especializada en cuestiones históricas, con una presencia destacada de publicaciones genealógicas de España y América. 

 

La existencia de ese fondo constituye una oportunidad cultural que trasciende a los propios integrantes de la institución.

 

Cada libro, revista, expediente o investigación conservada representa una puerta de entrada a nuestro pasado. Pero los archivos y las bibliotecas solamente cumplen plenamente su función cuando pueden ser consultados, conocidos y utilizados por investigadores, estudiantes y ciudadanos.

 

Ahí aparece uno de los principales desafíos de las instituciones históricas contemporáneas: abrirse sin perder el rigor.

 

Abrirse significa digitalizar fondos, facilitar consultas, organizar actividades formativas, colaborar con universidades y centros educativos y explicar los resultados de las investigaciones mediante un lenguaje comprensible.

 

No se trata de sustituir el trabajo académico por contenidos superficiales. Se trata de crear caminos para que el conocimiento llegue más lejos.

 

Una institución histórica no pierde prestigio cuando se acerca a la ciudadanía. Lo fortalece.

 

Gáldar, escenario de una tradición

 

La relación del Instituto con Gáldar ocupa un lugar central en su trayectoria. Su Capítulo Extraordinario se celebra tradicionalmente en la ciudad durante las Fiestas Mayores de Santiago, salvo algunas excepciones.

 

La ceremonia combina tres elementos: una lección histórica pronunciada por una personalidad relacionada con la cultura o la investigación; la recepción de nuevos integrantes; y el posterior recorrido hasta la plaza de los Heredamientos, donde se realiza una ofrenda ante el monumento dedicado a Fernando Guanarteme.

 

Esta continuidad ha convertido el Capítulo en algo más que un acto protocolario.

 

Año tras año, su tribuna ha abordado episodios, documentos y personajes de la historia de Canarias: la conquista de la isla, los viajes de Tenesor Semidán, las testamentarías indígenas, la propiedad en el norte de Gran Canaria, la presencia femenina en los primeros tiempos de Gáldar y la construcción literaria de la ciudad, entre otros asuntos. 

 

Cada una de esas intervenciones demuestra que el pasado aborigen y colonial de Canarias continúa planteando preguntas.

 

¿Cómo debemos interpretar las decisiones de quienes vivieron durante la conquista? ¿Qué parte de nuestra visión procede de los documentos y cuál ha sido construida posteriormente? ¿Qué voces quedaron silenciadas?

¿Cómo influyeron los intereses políticos, religiosos y económicos en la manera de narrar aquellos acontecimientos?

 

La función de un instituto histórico no debería ser cerrar estas preguntas, sino formularlas mejor.

 

Fernando Guanarteme: un nombre que obliga a investigar

 

La propia denominación de la institución coloca en el centro a una figura compleja y discutida: Tenesor Semidán, bautizado como Fernando Guanarteme.

 

Su papel durante la conquista de Gran Canaria ha generado interpretaciones enfrentadas. Ha sido presentado como negociador, mediador, superviviente, colaborador e incluso traidor, dependiendo de la época, la fuente y el posicionamiento desde el que se observe.

 

Una institución que lleva su nombre tiene, por tanto, una responsabilidad especial: evitar tanto la idealización como la condena simplista.

 

La historia exige contextualizar.

 

Quienes vivieron durante la conquista no tomaron decisiones desde la tranquilidad de nuestro presente. Lo hicieron en un escenario marcado por la guerra, la violencia, la pérdida territorial, las alianzas, las conversiones, la supervivencia de sus familias y el derrumbe de una organización política y cultural.

 

Comprender esos condicionantes no significa justificar todas las decisiones. Significa reconocer que el pasado fue protagonizado por seres humanos y no por personajes construidos para representar únicamente el bien o el mal.

 

La investigación histórica debe proteger la complejidad frente a los eslóganes.

 

El reconocimiento de una ciudad

 

En 2018, el Ayuntamiento de Gáldar concedió al Instituto la Medalla de Oro de la Ciudad. La distinción reconoció su trabajo en la conservación y el estudio de las tradiciones históricas, genealógicas y culturales de Canarias, así como su contribución al conocimiento de Fernando Guanarteme. 

 

Ese reconocimiento público también expresa una relación de reciprocidad.

 

El Instituto ha encontrado en Gáldar un escenario fundamental para sus actos y reflexiones. Gáldar, por su parte, ha contado con una institución que ha mantenido abiertos el estudio y el debate sobre una etapa decisiva de su historia.

 

Pero ningún reconocimiento garantiza por sí solo el futuro de una entidad.

 

Las medallas distinguen el trabajo realizado. La continuidad depende del trabajo que todavía queda por hacer.

 

Los desafíos del presente

 

El Instituto afronta hoy desafíos comunes a muchas entidades culturales y académicas.

 

El primero es el relevo generacional. Sin jóvenes investigadores, estudiantes y ciudadanos interesados, cualquier institución corre el riesgo de conservar magníficos fondos, pero perder su capacidad de intervenir en la sociedad.

 

El segundo es la digitalización. El patrimonio documental debe protegerse físicamente, pero también necesita herramientas que permitan su consulta y difusión más allá de una sede concreta.

 

El tercero es la comunicación. Los resultados de una investigación deben poder convertirse en publicaciones académicas, pero también en conferencias, programas de radio, documentales, exposiciones, pódcast, contenidos educativos y proyectos dirigidos a los barrios.

 

El cuarto es ampliar la mirada. La historia de Canarias necesita continuar estudiando a sus dirigentes, familias y personalidades relevantes, pero también debe recuperar las experiencias de mujeres, campesinos, marineros, artesanos, migrantes, trabajadores y comunidades que permanecieron en los márgenes de los relatos tradicionales.

 

No se trata de borrar la historia conocida, sino de completarla.

 

Una institución al servicio de la sociedad

 

Mi ingreso como miembro de número supone un honor personal, pero sería un error interpretar el nombramiento únicamente como un reconocimiento individual.

 

Entrar en una institución histórica significa incorporarse a una tarea colectiva iniciada mucho antes y que deberá continuar cuando nosotros ya no estemos.

 

Significa consultar antes de afirmar.

 

Contrastar antes de publicar.

 

Escuchar antes de juzgar.

 

Y comprender que la historia pertenece a toda la sociedad, aunque su investigación requiera formación, método y especialización.

 

El Instituto Canario de Estudios Históricos “Rey Fernando Guanarteme” ha dedicado más de cuatro décadas a conservar, estudiar y difundir una parte esencial de la memoria de Canarias. Su futuro dependerá de su capacidad para mantener ese rigor y, al mismo tiempo, abrir nuevas puertas.

 

Porque los archivos no fueron creados para guardar silencio.

 

Las genealogías no existen únicamente para recordar apellidos.

 

Y las instituciones históricas no deben limitarse a custodiar el pasado.

 

También deben ayudarnos a comprender el presente y a decidir, con mayor conciencia, qué futuro queremos construir.

 

Vidal Bolaños Betancort

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