Sobre foto de Paco Rivero, dibujo de Joao LeivinhaLa calidad de quienes me precedieron en infonortedigital.com y donde volcaron recuerdos, anécdotas, estudios... en torno a La Guancha de Gáldar y el impacto de concienciación social que significó 1976 me eximen, estimado lector, de entrar en reiteraciones sobre tal acontecimiento.
Por tanto, puedo volcar sentimientos, experiencias personales y adelantar alguna que otra consideración lingüística (aún en fase de sospecha, conjetura, suposición) pendiente del riguroso estudio que la Ciencia exige. Porque las aportaciones de la Academia Canaria de la Lengua -a través de documentadas investigaciones de varios miembros muy cualificados- pone al alcance de la mano una selecta fuente bibliográfica para el análisis sin olvidar, por supuesto, otras publicaciones ajenas a la institución canaria.
Y debo comenzar felicitando al digital arriba citado, totalmente comprometido con la divulgación de tales trabajos científicos y emotivos recuerdos de personas vinculadas por la permanencia de La Guancha y la rememoración de una fecha revolucionaria: 15 de julio, 1976. Algunas de aquellas, iniciadoras desde tal año (mis paisanos Javier Quesada, Antonio Rodríguez, Celso Martín...), fueron conciencias y corazones: movilizaron a decenas de canarios para dar cuerpo a la pacífica manifestación cincuenta años atrás. Reivindicaban la recuperación física y simbólica del Monumento, labor que merece mi admiración, respeto y AGALDAcimiento.
Así, permítame un salto desde mis edades actuales (¡uno triple sería más acertado, créame!). Son siete decenios y pico, edades al alcance de algunos humanos tal como lo apunta nuestro poeta, el aruquense Domingo Rivero: “[…] ¿Por qué no te he de amar, cuerpo en que vivo, / si en ti fui niño, y joven, y en ti arribo / viejo, a las tristes playas de la muerte?”. (“Niño--> joven--> viejo”, toda una vida con sus etapas, comienzo y final de la misma en solo dos versos: ¿por qué?)
Consecuentemente, retorno a los tiempos de solitarias caminatas por mi pueblo para recrearme aún más entre caminos, barrancos, acequias... y volver a sentir los mismos impactos emocionales de cuando fui descifrando lugar de nacimiento, orgullo cebollero... Y es que, estimado lector, a mediados del siglo XX nos nacieron ya algo pollillos y cargados de fogalera como los saltapericos que vendía Isidrito Medina, calle Audiencia, donde casi a diario saludaba a mi vecino seminarista Manuel Reyes.
Así, por ejemplo, con once añitos emprendía a la manera machadiana (“Mi soliloquio es plática con este buen amigo”) la ruta de El Agujero a partir del matadero, Coruña, Lomo V... (Por tal pendiente deambuló algunos veranos la guagua de Vicentito Román, maestro de la lucha canaria y a quien recuerdo como mandador -si las edades no me puñetean- con dos grandes equipos: Ajódar y Krúger.)
Las bajadas las hacía a pie hasta llegar a los túmulos, próximos a instalaciones de Míster Leacock [Mihterlíco], la peligrosa playa de Bocabarranco o la loma algo distanciada del charcón natural (hoy, piscina) donde se localizan los túmulos más impactantes. Alguna subida fue motorizada, pues el final de las horas de libertad absoluta llegaba con las campanadas de las ánimas, siete de la tarde, límite temporal de regreso a casa. (Por cierto: ¿“El Agujero” será por aquel gran boquete abierto al natural, quizás acción de las mareas norteñas durante siglos…?)
Aún sigue interesándome el porqué de tales denominaciones, de ahí que adelante alguna suposición, alguna teoría en torno a La Guancha… aún sin rigurosidad científica. Así, Tenerife tiene un municipio que responde a la misma denominación (¿homenaje a una joven guancha que prefirió suicidarse antes que caer en manos de españoles?) De ahí una sospecha: acaso quienes dieron el nombre a las construcciones sepulcrales galdenses lo hicieron influenciados por la voz “guanche”, la única manejada. Porque fue palabra reservada para la población prehispánica tinerfeña (la última sometida), tal como dictan el Diccionario de la Academia Canaria de la Lengua, primera acepción, y la monumental obra de Francisco Navarro Artiles (Teberite, diccionario de la lengua aborigen canaria). (Por cierto: ¿por qué Fernando Guanarteme murió en Nivaria?)
Pero por razones que imagino (hipótesis), se generalizó a posteriori para referirse a los habitantes del conjunto de las Islas. Más: todavía hoy hablamos de “guanchismos” cuando nos referimos al campo de unidades lingüísticas mantenido en nuestra variedad dialectal (baifo, beletén, goro…) o a cientos de nombres geográficos (Bentaiga, Chipude, Amagro, Galeote / Galiote…), según el Diccionario de toponimia de Canarias, doctor Trapero Trapero. (Un detalle: a los largo de diez páginas del Diccionario de Navarro Artiles se registran cientos de voces iniciadas por la sílaba “gua”. Asimismo, decenas de ellas aparecen con el prefijo árabe “guad”, a la manera de los topónimos peninsulares Guadalete, Guadalquivir… Añado la novela Guad del tinerfeño Alfonso García-Ramos. ¿Pura casualidad?)
¿Y por qué conocía a mis angelicales añitos el camino hacia El Agujero? Don José Miguel Alzola tuvo la culpa de mi curiosidad. Este profesional del Derecho fue directivo del Museo Canario desde los años cuarenta. Al margen de su actividad como abogado (por tal razón mantenía cierta relación con mi padre), don José Miguel fue historiador y delegado provincial de Bellas Artes.
Su actividad investigadora la descubrí en Gáldar durante una visita profesional suya relacionada con temas que, obviamente, desconozco. Pero lo cierto es que por relaciones familiares me invitó a acompañarlos a El Agujero en el coche que conducía Pepito Naranjo, hombre relacionado con un organismo público y de quien me comentó don José Miguel: “Este hombre sabe más que muchos historiadores sobre los guanches”. Y como el mismo delegado prestaba atención a sus comentarios ya a pie de los túmulos, me convencí de su sabiduría… y de mi absoluta ignorancia.
En fin: extraordinario reencuentro el del pasado 15 de julio con el inmediato anteayer, 1976. Muestro mi satisfacción por el éxito también ahora con gente nueva, mucho más sabia que nosotros a sus edades sobre los aborígenes canarios. Y loable el Centro de Interpretación (hay un universal responsable de Patrimonio Histórico en el Cabildo grancanario cuyos sentimientos y compromisos con la Ciencia son absoluta garantía).
Pero con mis respetos y admiraciones a todos, permítanme una osada sugerencia: no convirtamos el Conjunto en un simple museo arqueológico. De la misma manera que nuestras aportaciones léxicas, morfológicas, sintácticas, fonéticas… de la variante dialectal están en manos de una sabia institución como es la Academia Canaria de la Lengua, proyectemos la recuperación universal de La Guancha mucho más allá de nuestra geografía… A fin de cuentas toda esa cultura anterior a la conquista y colonización de Canarias llegó de fuera, del continente africano. (Y a él viaja el doctor Morera Pérez, de la ACL, para continuar en el Atlas sus investigaciones sobre el silbo gomero, por ejemplo.)
Ahondemos, desapasionadamente, en las raíces. Ninguna sociedad analfabeta y bárbara es capaz de construir túmulos funerarios simbólicamente organizados... o de policromar una cueva (junto a la que viví). ¿Por qué, si no, La Guancha y la Cueva Pintada, por ejemplo? ¿Sensibilización de un pueblo, casualidad?
(Por cierto: la actual cabra canaria, la “rusia”, la que “siempre jalará pal risco, nunca pa la carretera”, es genéticamente igual a la que trajeron los aborígenes: tal dice la ULPGC y da a conocer CANARIAS7.)
Nicolás Guerra Aguiar































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