Apasionantes días de verano

Juan Ramón Hernández Valerón.

[Img #32956]No cabe duda de que los días de verano que hemos pasado han sido apasionantes y novedosos: hemos recibido la visita del Papa y disfrutado de uno de los acontecimientos deportivos más importantes del mundo, como es el Mundial del Fútbol celebrado en tres países del continente americano. De uno y otro trato en este artículo. Dejaré para otro día los acontecimientos inherentes a la estación: altas temperaturas, incendios forestales, fuertes vientos y ausencia de ruido político en todo el territorio nacional por encontrarse nuestros Padres de la Patria disfrutando de su merecido descanso, cosa esta última que agradecemos infinito.

 

El verano es para disfrutarlo en el campo y en la playa, y como últimamente visitar el campo se nos antoja una empresa de alto riesgo, solo nos queda desplazarnos a nuestras maravillosas playas para disfrutar del suave sonido de las olas del mar.

 

Los españoles llevamos cerca de dos meses viviendo en una especie de realidad virtual. Al menos eso es lo que me ha parecido a mí después de los maravillosos momentos vividos.

 

Desde los primeros días de junio llegamos casi a tocar el cielo con las manos con la llegada a España del Papa León XIV. La Iglesia Católica, Apostólica y Romana había ideado una campaña de Evangelización encaminada a poner freno a la falta de fe y al ateísmo galopante que se estaba viviendo en toda la “piel de toro” peninsular e islas adyacentes. La Santa Sede no podía consentir bajo ningún concepto que una región tan creyente en épocas pasadas estuviera pasando una de las mayores crisis religiosas de todos los tiempos. Para remediarlo, enviaron al nuevo Pontífice para que, bajo su intervención divina, se volviera a recuperar la fe verdadera de los ciudadanos españoles.

 

La llegada del nuevo Papa produjo escenas de auténtica fe religiosa entre los que habían permanecido fieles al cristianismo, haciendo temblar los cimientos de los que se sentían verdaderos ateos antes de escuchar las palabras del Santo Pontífice. Y fueron muchos los que caían de rodillas dando gracias a Dios y alabando sus excelencias. Fue un acto tan solemne y extraordinario que hasta los más incrédulos tuvieron que aceptar la evidencia del gran poder de la Iglesia. Desde el momento de su llegada hasta hoy la sociedad española parece mucho más cristiana y, sin duda, el número de creyentes habrá crecido una barbaridad. La Santa Sede, que ha visto superadas sus expectativas, está encantada y sorprendida de su campaña evangélica por lo que no descarta repetir la experiencia en breve.

 

Estas auténticas manifestaciones de fe religiosa no se vivieron solo en las calles de las ciudades visitadas por León XIV, sino que llegó hasta el interior del Congreso de los Diputados en el que, por primera vez en la historia de nuestro país, un Papa se dirigía a los Padres de la Patria y les lanzaba una diatriba en forma de arenga política y principios religiosos. Una mezcla explosiva eso de juntar en un mismo saco ideas religiosa y políticas. Lo nunca visto en el Congreso. Los diputados, de uno y otro signo, salvo Podemos y el Bloque Nacionalista Galego (BNG), cuyos diputados aprovecharon para irse de excursión, aguantaron el chaparrón como pudieron y no dijeron ni mu. “Cosas veredes, amigo Sancho, que te espantare”.

 

Tal fue la convulsión que produjeron sus palabras que durante un período el Parlamento Español se transformó radicalmente, pues se vivieron escenas memorables que quedarán para siempre en los anales de la Historia. Nunca antes los señores diputados se trataron con tanto amor, respeto y consideración. Y nunca antes El señor Presidente, Pedro Sánchez, y el líder de la Oposición, el señor Alberto Núñez Feijóo, se trataron tan bien y con tanto cariño. Todo gracias al Papa, que les habló de amor, de paz y de reconciliación entre hermanos; afeándoles a uno el comportamiento con los inmigrantes y a otro sus devaneos con el aborto. Ambos siguieron fielmente sus enseñanzas, pues el trato entre los dos ha sido exquisito hasta el día de hoy, cosa que los españoles valoramos mucho. Y si no me creen, consulten las hemerotecas

 

Si la santa visita del Papa fue uno de los mayores acontecimientos que ha marcado nuestras vidas tan profundamente, no lo ha sido menos el recién finalizado campeonato mundial de fútbol celebrado en Canadá, Estados Unidos y México, pues desayunábamos, almorzábamos y cenábamos fútbol todos los días hasta casi terminar ahítos de tanto partido y de tanta pelota. Nos aficionamos a estar pegados a las pantallas de nuestro televisor durante horas, y el día que, por casualidad, no había encuentros permanecíamos como las gallinas sin nidal, sin saber qué hacer ni en qué ocupar nuestro tiempo de jubilados.

 

Mereció la pena las horas que pasé viendo jugar a nuestra selección. Sin llegar a ser un forofo del fútbol tengo que reconocer que me encantó su juego, su manera de entenderlo, su alegría al practicarlo. Llevarse el preciado trofeo fue un acto de justicia, un premio merecido. Millones de españoles hemos vibrado con la Selección. Ojalá podamos seguir disfrutando de su fútbol y de su filosofía de juego durante muchos años, pues es la única que nos da tantas alegrías.

 

No merece la pena dedicar ni un solo párrafo al baboso presidente de la Fifa ni a un Trump infantil y megalómano; ni tan siquiera nos vamos a detener en las lecciones políticas que ha dejado este mundial. Y sobre la manera de practicar el fútbol los argentinos, ni la más mínima mención. Lo que se me ocurre hacer ahora es celebrar el fútbol de nuestra Selección y resaltar la alegría que ha llevado a millones de españoles a sentirse orgullosos de su país.

 

Lo único que lamento es que el santo Papa no permaneciera algo más de tiempo en nuestras islas, porque, si lo hubiera hecho, la Unión Deportiva Las Palmas estaría hoy celebrando el tan ansiado ascenso gracias a su intervención divina, pero las cosas no siempre suceden como quisiéramos. ¡Qué le vamos a hacer!

 

Juan Ramón Hernández Valerón.

 

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